Nouvelle Vague (2025)
Para los que no lo sepan, la Nouvelle Vague o Nueva Ola Francesa fue un movimiento creado por un grupo de cineastas jóvenes durante la década de los 50 en Francia, como su nombre lo indica. Su postura, contraria al cine mainstream que inundaba las pantallas de aquel país, buscaba una mayor libertad en los temas que abordaba, así como en la forma de realizar sus proyectos, siendo estos mucho más cercanos al cine experimental en su realización. Tanto fue su impacto, que todavía en la actualidad muchos directores utilizan como referencia esta corriente como fuente de inspiración.
Dentro de los directores que la conformaron podemos mencionar a André Bazin, Claude Chabrol, Jacques Demy, Louis Malle, Alain Resnais, Jacques Rivette, Éric Rohmer, François Truffaut, Agnès Varda y, principalmente, Jean-Luc Godard.
El primer largometraje de este último lleva por nombre À bout de soufflé (1960), una película que se considera un antes y un después en los procesos de producción y posproducción, al ser grabada sin un guion establecido, ya que el director confió en su ingenio para ir creando su historia en el proceso, teniendo únicamente una vaga idea del rumbo que quería tomar. De igual manera, el proceso de posproducción es uno de los más emblemáticos en la historia del cine debido al tipo de montaje que decidió para ella.
Tomando el detrás de cámaras de esta película mítica, el director estadounidense Richard Linklater decidió que uno de los dos proyectos que estrenó este año (el otro es la semi-biopic Blue Moon) se basara en este momento crucial de la cinematografía mundial, narrando de forma meticulosa todo el proceso de creación de la cinta mencionada.
Así, la trama nos muestra a un frustrado Jean-Luc Godard (Guillaume Marbeck) quien grita a los cuatro vientos estar listo para dirigir su primer largometraje, presionado porque todos a su alrededor lo han logrado ya, mientras él continúa trabajando para la revista Cahiers du Cinéma. Gracias al apoyo de sus amigos y una lucha con los productores para que le dieran luz verde, el cineasta se embarca en una de las filmaciones más caóticas, aunque legendarias, de las que se tenga memoria. Desde convencer al actor Jean-Paul Belmondo (Guillaume Marbeck) y a la actriz Jean Seberg (Zoey Deutch) de protagonizar su proyecto, hasta las constantes luchas por el control creativo de su obra con el productor Georges de Beauregard (Bruno Dreyfürst), pasando por la primera proyección privada que se realizó de la película ya terminada, son algunas de las cosas que nos muestra esta producción.
Este tipo de relato se ha realizado antes, como son los casos de Shadow of the Vampire (2000), una versión ficticia sobre la grabación de la primera Nosferatu; Hitchcock (2012), en la que se habla de la realización de Psicosis; The Disaster Artist (2017), narrando el rodaje de la desastrosa The Room; Mank (2020), que logró 10 nominaciones al Oscar y nos muestra el proceso de filmación de la considerada mejor cinta de la historia, Citizen Kane; y en televisión también se han dado casos, como el de la miniserie Feud: Bette and Joan (2017), donde vemos el proceso de creación de la ahora icónica What Ever Happened to Baby Jane?.
En este caso, una vez vista Nouvelle Vague, resulta evidente que el director intentó ser lo más fiel a la época y a la cinta de la que nos cuenta, por lo que esta es su primera producción hablada casi por completo en francés, grabada en blanco y negro, así como contando con un formato académico (1.375:1). De la misma forma, la recreación de la época, así como la minuciosa investigación que realizó sobre el proceso de filmación, nos habla del amor que siente por el cine, de la manera en que este se producía en ese momento, así como del respeto que le tiene a Godard y su obra.
Esta es una de esas ocasiones en que, por más que se busque algo a lo que aferrarse para encontrar un defecto en su manufactura, no se va a encontrar, porque está cuidada al detalle. Por mencionar algunos de sus puntos altos, podemos hablar del vestuario confeccionado por Pascaline Chavanne, el diseño de producción realizado por Katia Wyszkop y su equipo, o la fotografía que nos ha regalado David Chambille; todo tan perfecto que se siente como un documental. De la misma forma, el director ha logrado sacar muy buenas actuaciones de su reparto, sobre todo en lo referente a Zoey Deutch, que está encantadora, y a Aubry Dullin; Guillaume Marbeck lo hace muy bien también, pero por momentos tira a la sobreactuación, lo que hace parecer que realiza una imitación y no una interpretación como tal, aunque son escasos y logra recuperarse.
Y es precisamente esta perfección medida lo que llega a jugar en contra de la propuesta de Linklater, cosa que explico. A pesar de ser un director con una filmografía irregular, este ha realizado trabajos muy bien logrados tanto en la escritura de sus guiones como en los formatos que ha utilizado para plasmarlos en pantalla. Ejemplos de esto pueden ser Boyhood (2014), cinta que tardó 12 años en ser terminada debido a que utilizó a los mismos actores, grabando una cantidad de metraje al año, para que estos fueran creciendo o envejeciendo sin tener que recurrir al maquillaje o al cambio de intérpretes; otro ejemplo podría ser su aplaudida trilogía Before, donde cada una de sus tres partes está separada de la otra por 9 años para mostrarnos la evolución de una pareja con el paso del tiempo. Incluso Blue Moon, de este mismo año, logra transmitir demasiadas emociones sin salir de un mismo entorno y parecer una obra grabada, debido a las conversaciones sostenidas por los personajes que pululan alrededor del protagonista.
Entonces, si tenemos un director que se ha arriesgado en otras ocasiones, que ha decidido hablar sobre el proceso de filmación de una película que revolucionó la forma en que se hacía el cine, optar por un formato tan común para hablar de ella no parece adecuado. Claro, no se trataba de copiar la manera en que se realizó la cinta original, pero pudo buscar formas mucho más creativas para hacerlo. Este formato, como ya dije, casi documental, vuelve fría a una película que debería tener una forma mucho más atractiva, sobre todo para aquellos que no están al tanto de lo que se les va a mostrar, por lo que termina siendo un producto que puede atraer solo a cinéfilos relacionados con el tema e incluso a los que puede interesarnos, por momentos la lejanía emocional del proyecto logra que desconectemos un poco.
Nouvelle Vague es una muy buena película, no hay duda de ello, todo ha caído donde debe, pero lastimosamente peca de olvidable por no ofrecernos nada que se vaya a quedar mucho tiempo en la memoria. Perfecta realización y oportunidades perdidas en el plano creativo a partes iguales. Para todo aquel que le interesa la historia del cine, esta es una buena opción para este fin de semana que se estrena en nuestro país; para los que no sepan nada del tema, puede servir como cátedra sobre una época que revolucionó el cine; pero posiblemente, para los más exigentes, esta no sea más que otra semi-biopic más, de esas que pudieron ser grandiosas y se quedaron a nada de lograrlo. En lo personal, me agradó el desfile de personalidades que nos presentan y la parte histórica, pero dista mucho de estar entre mi lista de lo más sobresaliente del año o del director.










