Wicked Part 1 (2024)
Por fin ha llegado a las salas una de las producciones más esperadas del año, rodeada de una cantidad de expectativas pocas veces vistas. Sí, cada año hay un par de producciones rodeadas de estas y de las mismas proporciones, pero esta tenía demasiado que perder y al parecer ha salido airosa del reto.
Si a estas alturas alguien no está enterado sobre de lo que trata El Mago de Oz y su impacto sociocultural, es porque posiblemente ha vivido bajo una roca, pero bueno, contexto. En 1900, Lyman Frank Baum escribió el libro infantil (aunque fue en realidad una crítica a ciertos aspectos económicos de la época) The Wonderful Wizard of Oz (seguido de otros 13 volúmenes debido al éxito), que narraba las aventuras de la pequeña Dorothy, quien fue arrastrada por un tornado desde Kansas hasta el mágico mundo de Oz. Al llegar, su casa mata brutalmente a la Malvada Bruja del Este, por lo que todos la aman con locura al liberarlos de semejante opresión. Entonces la niña tiene que viajar por el sendero amarillo, hasta la ciudad Esmeralda, conociendo a otros personajes en el camino, para tener una audiencia con el máximo regente de ese mundo, el mencionado Mago de Oz. Como nada puede ser tan fácil, Dorothy debe enfrentarse ahora a la Malvada Bruja del Oeste, quien le dificulta sus planes de volver a su hogar.
Entonces, 95 años después de la publicación del libro original, el escritor Gregory Maguire dijo “un momento, no sabemos nada de los demás personajes”. Porque nadie puede ser tan bueno y, en la mayoría de los casos, es muy raro que alguien nazca siendo totalmente malo, escribió la exitosa novela precuela Wicked: The Life and Times of the Wicked Witch of the West, donde la protagonista era precisamente la mencionada Bruja Malvada del Oeste, profundizando en su vida y relaciones, así como temas sociales tales como el racismo, la discriminación y el manejo de la información a favor de los más poderosos. El novelista, que ha hecho lo mismo en otros de sus relatos, tales como Confessions of an Ugly Stepsister (Cinderella) y Mirror Mirror (Snow White), ha logrado que sus narraciones sean tan populares que millones de ejemplares se han vendido en todo el mundo.
Como ya sabemos cómo es esto, un éxito no puede dejarse pasar por alto, por lo que en el 2003 se produjo en Broadway el musical Wicked: The Untold Story of the Witches of Oz, basado en esta novela, con canciones de Stephen Schwartz y libreto de Winnie Holzman. La puesta en escena fue un éxito instantáneo, ganando 3 premios Tony y catapultando a sus dos protagonistas, Idina Menzel y Kristin Chenoweth, a la estratosfera teatral musical; así como volverse uno de los musicales más redituables de la historia y con mayor número de representaciones a la fecha.
Y es por esto por lo que hemos llegado al punto que nos interesa, que es la adaptación cinematográfica de este fenómeno literario y teatral. Con rumores que iniciaron en el ya lejano 2012 sobre la producción del proyecto, donde todavía se mencionaba a las protagonistas de la puesta en escena para repetir sus roles, el tiempo pasó, los nombres de los directores que se barajaron fueron bastos, pero debido a diversas situaciones, como darle prioridad a la producción de la fallida Cats (2019), Wicked se fue posponiendo. Cuando por fin parecía que esta arrancaría en el 2019, con Stephen Daldry como cabeza del proyecto, la pandemia que todos conocemos hizo imposible su realización, postergándola hasta el 2021, pero ya con Jon M. Chu como director, así como Cynthia Erivo y la super estrella pop Ariana Grande como protagonistas, quienes se hicieron con los personajes después de exhaustivos castings.
¿Está la producción al nivel de las expectativas y del material del que toma su base? La respuesta simple y concisa es un rotundo sí. Puede que el género y los relacionados tengan tanto fanáticos como detractores, pero como un producto con vida y espíritu propio, esta película, sin llegar a ser el material cinematográfico que viene a reinventar el cine, es una cinta realizada con mucha calidad y con la capacidad de entretener al público, a pesar de sus casi 3hrs de duración y de tratarse de tan sólo la primera parte, ya que esta termina en el momento justo en que en el teatro baja el telón que divide los dos actos de la obra, con la ya conocida canción Defying Gravity.
La necesidad de separar su producto en dos partes se debe al hecho de que el director optó por no hacer una simple copia de la obra, enriqueciendo la historia con situaciones que no aparecen en ella, por lo que se decidió hacer uso de partes de la novela que habían quedado fuera, así como referenciar al libro infantil original o agregar cuestiones que no aparecen en ningún otro medio, como lo son algunos familiares o historias de infancia de las protagonistas. De esta manera, los personajes se han nutrido, profundizando más en ellos, junto a la trama general, donde ciertos temas se tocan con mayor fuerza.
A la par de los aspectos narrativos, Jon M. Chu ha logrado que Wicked se separe de los aspectos teatrales en su adaptación, con un lenguaje cinematográfico que te hace olvidar que existe la obra. Claro, los fanáticos (en mi caso nunca la he visto en vivo) podrán encontrar paralelismos o decir que falla por momentos en recrear la magia escénica, pero en el caso de un neófito en la materia, que la ve como un producto aparte, puedo decir que, en efecto, esto es cine. Para lograr el majestuoso resultado, el realizador se ha rodeado de expertos que han elevado el nivel de su cinta, ya que se han curtido en otras del mismo género o calibre que esta.
Tenemos por ejemplo a Frances Hannon en el maquillaje (The Grand Budapest Hotel, 2014) o el vestuarista Paul Tazewell (West Side Story, 2021); el diseñador de producción Nathan Crowley, quien junto al decorador Lee Sandales (ambos encargados de Wonka, 2023) han estado a cargo de la parte más espectacular de la película, es decir, la realización de los enormes sets por los que deambulan los actores. El montador Myron Kerstein (In the Heights, 2021) por su parte, brinda una fluides que hace imperceptible la duración de la cinta y la historia avanza sin tropezar. La música incidental completamente nueva escrita por John Powell, aunque puede pasar inadvertida ante las canciones ya conocidas, ha resultado el complemento perfecto para todas las partes que no son cantadas, terminando de redondear el producto final. Tal vez el aspecto técnico más débil provenga de la fotografía de Alice Brooks, esto no por escases de ímpetu o buen manejo en el set, sino por la tan criticada falta de brillo (últimamente se exige el Technicolor para ciertos productos) y cierta iluminación que no favorece a las escenas, cuestiones que, a pesar de ser ciertas, no son un lastre verdadero para uno de los espectáculos visuales más grandes del año.
En medio de todo este despliegue técnico, la necesidad de que los seleccionados para interpretar a los personajes fueran atinados era vital, por lo que mucho del peso ha recaído en sus dos protagonistas, porque ellas son Wicked. Dejando el foco de atención que ha representado Ariana Grande en todo el tour publicitario de entrada, todo aquel que haya dudado de su talento actoral ha sido callado, puesto que la cantante ha demostrado con éxito que fue la decisión acertada; su Galinda/Glinda derrocha tanto apatía, como encanto, haciendo imposible ver a otra en el papel, haciendo sonar las alarmas del Oscar con tanta fuerza que hay quien ya la ven como nominada segura en la categoría secundaria.
De igual manera, todo aquel que esté al tanto de la carrera y trayectoria de Cynthia Erivo sabía que no se debía dudar de ella, pero si alguien llegó a hacerlo, bastan la escena del baile, como la secuencia de cierre de esta parte para saber las razones de su selección; una actriz que no sólo hace suyas las canciones, sino que de igual manera te hace reír que llorar, mientras llega a niveles de expresión con simples miradas que te llegan a lo más profundo, una rotunda protagonista cuya presencia se siente apenas aparece en pantalla. Una mancuerna actoral que derrocha una química de esas que son muy difíciles de encontrar. Junto a ellas Michelle Yeoh, Jeff Goldblum, Ethan Slater y un Jonathan Bailey que desborda carisma llenan la pantalla, redondeado uno de los mejores castings del año.
Yo no soy fanático de los musicales, pero es imposible negar que Wicked es uno de los productos del año, una superproducción que bien podría ser (con sus diferencias y alcances) la Barbie de este año. Un gran presupuesto que se supo utilizar, con estrellas que brillan como pocas, para el beneficio de una producción que no tiene mayor critica que tal vez no ser asiduo al género. Tal vez no sea la mejor película del año, ni logre la perfección imposible de alcanzar que algunos puedan querer, pero en definitiva es uno de esos fenómenos que enamoran a la audiencia porque tocan las fibras indicadas para hacerlo. Conmovedora y entretenida por igual, Wicked es un logro por donde se vea.