Undertone (2025)
Empieza la temporada del año en que a cada cinta de terror que se estrena, respaldada por una casa productora de renombre, así como por una distribuidora ávida de dinero, se le cuelga la etiqueta de “la más aterradora del año” (en este caso, “La película más aterradora que puedas escuchar”). La primera que carga con esta cruz este 2026 —aunque su estreno se realizó en el 29th Fantasia International Film Festival del año pasado— es de la que hablo en esta ocasión: Undertone, ópera prima del director Ian Tuason. La cinta, que ya había generado cierto ruido, comenzó a atraer todavía más interés desde su proyección en el pasado Festival de Sundance, donde fue adquirida por una gran suma por A24, lo que hizo que las expectativas crecieran aún más a su alrededor.
Sabemos que el término acuñado nunca cumple, por lo menos no de la manera que el público común espera, y este caso no es la excepción, ya que no cuenta con jumpscares y su acercamiento al género es más parecido al terror elevado; pero sí tiene varios puntos a favor (y otros tantos en contra) de los que se debe hacer mención. Pero, como siempre, antes de continuar, ¿de qué trata?
La historia tiene como única protagonista en pantalla al personaje de Evy (Nina Kiri), quien ha vuelto a la casa donde pasó su infancia y adolescencia para cuidar a su madre (Michèle Duquet), quien se encuentra agonizando debido a una enfermedad. Como se nos deja ver, la joven no se encuentra en su mejor momento, ya que evidencia signos de agotamiento extremo y, aunque no lo acepte, culpa, debido a que la relación con su madre no era la mejor al momento de abandonar la casa para buscar otra vida. Como única forma de distracción, Evy se conecta a distancia con un amigo de nombre Justin (voz de Adam DiMarco), con quien tiene un podcast de temas paranormales, el Undertone que da nombre a la película, siendo él la parte creyente de los sucesos que tratan y ella la escéptica que intenta encontrar sentido lógico a lo que presentan.
Una noche, su copresentador le indica que ha recibido en un correo enviado por un fanático del podcast diez archivos de audio en los que una pareja conformada por Mike y Jessa (voces de Jeff Yung y Keana Lyn Bastidas) se ha grabado debido a que la segunda no sabe que habla mientras duerme. Como Justin solo ha reproducido el primero, sugiere escuchar el resto en las sesiones de grabación que tendrán próximamente, a lo que Evy accede. Así, una vez que los archivos comienzan a ser escuchados uno a uno, sucesos extraños empiezan a ocurrir en el entorno de la protagonista, poniendo a prueba la incredulidad y lógica que tanto presume, mientras recibe una noticia que cambia todavía más el panorama que tenía para su vida.
Como podemos ver, el centro de esta historia no es nada del otro mundo, ya que estamos ante una producción que técnicamente es la versión sonora de cualquier película found footage que se haya realizado; pero no es ahí donde residen las fortalezas de esta producción, porque las tiene y se deben mencionar.
La primera pieza que eleva esta película es su actriz, única que aparece en pantalla y cuenta con diálogo, ya que la madre, si bien tiene varias escenas, se encuentra recluida y no habla en ningún momento. Nina Kiri navega sin problema entre la frustración, el cansancio, la culpa y el miedo de manera tan natural y sin efectismos, que transmite su sentir en cada una de estas etapas, por lo que su selección es uno de los aciertos más grandes del director.
Otro punto por destacar, posiblemente el más relevante, es el apartado sonoro diseñado por David Gertsman, quien entendió perfectamente la importancia de este para la cinta. Su mezcla de capas de sonido y silencios es, por mucho, lo mejor de este producto, uno donde los ruidos más cotidianos pueden llegar a ser tan perturbadores como el grito más desgarrador. Sumado a esto, la atmósfera opresiva creada por el cinematógrafo Graham Beasley logra que los espacios negativos calen, enmarcando la soledad y pesar de la protagonista, misma que se asfixia en esa casa que tiene a favor el minucioso detalle religioso colocado por la diseñadora de producción Mercedes Coyle, así como por la decoradora Hayley Greenough.
Con lo anterior queda claro que, si bien de manera austera —sobre todo por el presupuesto de medio millón de dólares que costó la cinta—, estamos ante una producción que se rescata por sus aspectos técnicos, pero que adolece donde muchas otras lo han hecho: su guion.
Lo primero que hay que decir es que el director ha externado que esta trama tiene mucho de su historia personal, ya que él mismo tuvo que cuidar en 2020 a sus dos padres, quienes enfermaron de cáncer al mismo tiempo. Esto provocó que su carrera se viera detenida, ya que el cineasta había comenzado a producir cortometrajes y parecía que su futuro pintaba bien, cosa que tuvo que dejar de lado para hacerse cargo de su familia. Con esta experiencia, el director escribió esta historia en formato radiofónico, es decir, todo sería narrado únicamente con sonido, antes de poder trasladar su obra al cine.
Con este antecedente, y habiendo visto la película, resulta notorio cómo han permeado sus vivencias en el proyecto, lo cual no sería malo si no fuera porque ha decidido utilizar elementos y recursos que hemos visto tantas veces que nos hacen sentir ante un déjà vu constante, así como ante una sucesión de clichés. El mismo ha comentado que The Babadook (2014) fue una de sus inspiraciones, cosa que salta en la ejecución, pero no es la única que viene a la mente. Cintas como The Blair Witch Project (1999), que basaba parte de su impacto en lo que se escuchaba más que en lo que se veía, resultan comparaciones inevitables.
Pero dejando de lado las copias u homenajes, como queramos verlos, la estructura narrativa adolece por muchos lados, siendo el principal el hecho de que los archivos se reproduzcan a lo largo de varios días, cosa extraña cuando los conductores del podcast indican que cada semana suben un nuevo episodio; pero en este caso pasan días entre una grabación y otra, siendo todavía más raro que en el último reciban llamadas en vivo. Claro que esto es posible, pero rompe con la estructura que ellos mismos han dicho que tiene su canal/programa. Esta decisión, en lugar de ayudar, hace que por momentos la película se sienta más larga de lo que debería, con secuencias en donde no pasa mucho y la historia tiene que sostenerse con temas como los traumas transgeneracionales, la imposición religiosa, la maternidad o la responsabilidad familiar. Otra cuestión que no sería mala si estos temas no se hubieran utilizado de mucho mejor manera en producciones como la maravillosa Relic (2020), en la que se profundiza mucho más y los conflictos llegan a redondearse, a diferencia de esta, donde todo queda muy por encima.
Por todo lo anterior es que Undertone no termina de funcionar y se queda en una propuesta técnicamente lograda, que pudo darnos mucho más en su trabajo narrativo. Interesante como ejercicio, sí, pero muy lejos de lo que han intentado vendernos. Hay proyectos que funcionan mejor en un formato que en otro y tal vez, en esta ocasión, mantener el formato sonoro hubiera sido una mejor idea que trasladarlo al cinematográfico. Puntos por la creatividad con recursos tan limitados, pero nada más.










