The Devil Wears Prada 2 (2026)
Sería muy extraño que alguien no esté al tanto de esta historia: hace 20 años se estrenó la película, ahora icónica de culto entre ciertos sectores, The Devil Wears Prada, basada en la novela homónima escrita por Lauren Weisberger. Esta resultó un enorme éxito de taquilla que terminó por afianzar el estatus de estrella de Anne Hathaway; lograría que toda una nueva generación conociera a Meryl Streep de forma comercial, quien, gracias a este impulso, mantiene una de las carreras más longevas de Hollywood; así como también dio a conocer a una incipiente Emily Blunt, que apenas se iniciaba de este lado del Atlántico.
Después de 2 nominaciones al Oscar, 3 al Golden Globe, 5 al BAFTA, más de 300 millones de dólares en la taquilla mundial y una renuencia de dos décadas por retomar la historia de estos personajes por parte de los involucrados, esta semana ha llegado a las salas de todo el mundo (posiblemente por el pago de enormes salarios) una secuela que, si bien parece que muchos querían, ya se daba casi como un producto que jamás se realizaría. ¿La espera ha valido la pena? Esta pregunta nunca tiene una respuesta fácil.
Para los que no lo sepan, a diferencia de la primera entrega, esta producción no se basa en el segundo libro con Andy Sachs como protagonista, posiblemente porque dicha novela no tuvo el éxito de su antecesora. Razón probable por la que el director David Frankel (quien llevaba años sin un éxito verdadero) volvió a llamar a Aline Brosh McKenna (que, salvo Cruella, se encontraba en la misma situación) para desarrollar un guion completamente original que retomara las historias de los, para muchos, entrañables personajes, con la tarea de crear una trama que se mantuviera fiel a estos, pero adaptándolos al contexto social actual. Una vez vista la cinta, es notorio que se ha logrado la tarea en ciertos aspectos, pero se ha fallado en otros, situación que expongo a continuación. Pero antes, ¿de qué va la historia?
Andy Sachs (Anne Hathaway) parece haber logrado su sueño de ser una respetada periodista, ya que la cinta inicia en el momento justo en que está por ganar un premio especializado en su campo, triunfo que es ensombrecido porque, segundos antes de ser nombrada ganadora, ella y todos sus compañeros de trabajo reciben la terrible noticia de que acaban de ser despedidos por la compra de la revista en la que laboran por parte de un conglomerado empresarial. A la par, se nos muestra a una Miranda Priestly (Meryl Streep) que lucha por mantenerse a flote y relevante en un mundo que ha cambiado, siendo víctima de la cultura de la cancelación por un error cometido con una marca acusada de malas prácticas laborales. Por estos motivos, la primera se verá en la necesidad de aceptar un trabajo en Runway como directora de contenidos, puesto ofrecido para que su credibilidad como periodista ayude a limpiar la imagen tanto de la revista como de su directora. Con esta nueva interacción entre ambas, vuelven a aparecer en escena Nigel Kipling (Stanley Tucci), que sigue fiel a Miranda a pesar de los tratos recibidos por esta, y Emily Charlton (Emily Blunt), quien ahora trabaja para la casa Dior, principal anunciante de la revista, que duda en seguir publicitándose en esta debido al escándalo. Con esto como inicio, la cinta vuelve a explorar la estrecha y complicada relación entre los personajes, mismos que han cambiado cada uno a su manera a lo largo de los veinte años que han transcurrido.
Debo decir que, si bien acepto el encanto de la cinta original y su impacto sociocultural a través de los años, nunca he sido fanático de ella, ya que tengo muchos problemas con su historia y la manera en que esta fue desarrollada y percibida; sé que esto a nadie le importa, pero quise mencionarlo. Por este motivo es que acudí a la sala sin muchas expectativas, sobre todo después de haber visto los terribles tráilers que nos hacían pensar que se trataba de otra secuela innecesaria e insulsa creada únicamente para generar dinero. Aunque algunas de estas cosas sí fueron ciertas al final, debo decir que en varios sentidos la cinta cumple y en otros llegó incluso a tomarme por sorpresa, por lo que esta vez iniciaré hablando de lo positivo que tiene la cinta.
Lo principal, y creo lo más importante, es que el reparto sigue funcionando a la perfección: la química se mantiene y la interacción entre los personajes se puede sentir casi intacta, todos puliendo los personajes que interpretaron hace dos décadas. Si bien Meryl Streep sigue siendo el centro de este universo, la ama y señora de las escenas, el resto sale al quite en los momentos indicados, por lo que este apartado no tiene queja alguna; incluso los cameos que en esta ocasión aparecen no tienen desperdicio, sobre todo uno en el tercer acto que se sabe fan service, pero uno que funciona. De igual manera, al tratarse de una historia que tiene como eje central el mundo de la moda, esta brilla en cada encuadre, siendo mucho más notoria que en su predecesora, con looks más elaborados, definidos y glamorosos; como secuela cumple al ser más grande, más resplandeciente, más espectacular.
Pero si hay algo que se debe mencionar, a pesar de no ser la primera en abordar este tema, es que el guion basa su fuerza en dejar ver cómo el tiempo ha alcanzado a la industria editorial: desde la secuencia inicial, donde vemos cómo un medio de periodismo serio ha dejado de existir debido a las ya tan comunes adquisiciones mercantiles que han dejado a tantos sin trabajo, hasta la misma industria de la moda, que lucha por mantenerse a flote buscando un medio para subsistir, como se nos muestra a través de los ojos del personaje de Emily o el de la misma Miranda, a quien por primera vez vemos siendo humana, con los miedos de un presente donde su papel ya no es tan relevante y la revista a la que le ha entregado su vida amenaza con desaparecer. En este sentido, la película resulta mucho más profunda de lo que podríamos esperar, dentro de los parámetros que se pueden permitir en un producto como este, claro está.
Pero, como dije, la cinta arrastra algunos problemas, algunos que ya existían en la primera película, pero en esta ocasión resaltan más, sobre todo en su arranque, donde se puede llegar a sentir forzada y cansada la manera en que hacen converger a los protagonistas. Y este es el punto que me generó más malestar de todos, por lo que tendré que revelar algunos spoilers, sobre todo en lo referente al personaje de Hathaway. La vemos iniciar como una mujer realizada, una que se nos dice que viajó por el mundo 15 años, que ha ganado premios y es respetada en su campo; entonces llega el despido y su única opción parece ser volver a Runway, no buscar otra opción, no ejercer de forma independiente, cosa que en la actualidad, con los medios digitales, es mucho más sencillo que hace veinte años. Si su personaje se la pasa diciendo que el mundo de la moda representa todo lo que está mal, ¿por qué regresar? Pueden intentar sustentar estas decisiones como una opción momentánea en lo que aparece algo mejor; ella dice querer usarlo como trampolín, cosa que en la cinta original se puede entender, pero en esta ocasión no. De igual manera, su regreso se da en condiciones muy diferentes que en su primera llegada, pero una vez que vuelve a estar ante Miranda, permite que le vuelvan a pasar por encima, que la sobajen y humillen, como si fuera una pasante y no la directora de contenidos. Claro, Miranda sigue siendo su jefa, pero ya no se trata de una asistente: es una periodista respetada que fue contratada por el mismo propietario de la revista, entonces ¿por qué permite este trato? Sobre todo cuando la mujer que la minimiza no está en su mejor momento. Puede que no se encuentren al mismo nivel en carrera y fama, pero ambas son profesionales destacadas en su ramo y eso nunca se explota.
Otro aspecto que no logró convencerme es la forma tan forzada de incluir al personaje de Emily Blunt, a quien le tocó el peor desarrollo, mismo que aparece mucho menos que el resto y, una vez que llega el tercer acto, cuando mayor presencia tiene, las decisiones alrededor de este se sienten todavía más extrañas, para rematar todo con una resolución de conflicto por conveniencia del guion, una que te hace pensar que su trama pudo no aparecer y no hubiera cambiado nada. Claro, esto es cine comercial, fan service para las masas; se espera un final feliz, pero su personaje pudo haberse desarrollado de una mejor manera.
The Devil Wears Prada 2 no es una cinta perfecta, nadie lo esperaba: cumple donde debe y el público promedio posiblemente la acepte sin reparos; pero se siente un poco innecesaria e intrascendente a comparación de la primera. En esta ocasión no hay escenas memorables que vayan a trascender el tiempo, no hay suficiente impacto para que vaya a volverse tan relevante. ¿Terminará siendo un éxito? Claro, las preventas ya lo indican y será uno merecido, ya que este es cine comercial, nostálgico y en extremo entretenido, solo que no está al nivel: no se siente como la secuela que tuvo que existir, en caso de que tuviera que haber existido, cosa que no creo fuera necesaria en realidad. Algunos productos no necesitan una segunda parte y creo que este es uno de ellos.










