A la hora del café
Entre libros y escenarios
Entre marzo y abril celebramos tres fechas importantes: el Día Mundial del Teatro, el Día Mundial del Libro y el Día Internacional de la Danza. Escribo esta columna un día entre semana, mientras pienso si tendré horas libres para terminar el último capítulo de un libro pendiente (siempre hay uno pendiente) y mientras trato de vender boletos para una obra de teatro musical que se celebra este domingo.
Hay personas para quienes los libros, el teatro y la danza han formado parte de su vida de una manera natural. No me declaro la mujer más lectora, pero no concibo una semana ni un mes sin una lectura nueva de cabecera, con lo caro que se ha vuelto comprar libros fui la más feliz cuando decidí regalarme de cumpleaños una Kindle y empecé a comprar libros electrónicos y a recibir otros de obsequio.
No obstante, abrir un libro nuevo, con sus solapas perfectas, su hoja de dedicatoria, prólogo, contra portada, no se compara con la experiencia de la lectura electrónica. Así que este 23 de abril Día Mundial del Libro, me llena de alegría todo lo relacionado con la lectura, aunque sea una actividad poco fomentada en México, más allá del discurso oficial, siempre demagógico e insuficiente.
Regreso al Día Mundial del Teatro, celebrado el pasado 27 de marzo. Además de actuar en obras durante mi etapa de estudiante en preparatoria y universidad, he sido amiga entrañable de actrices y actores, productores, directores, dramaturgas y debo decir que el teatro fue mi primer acercamiento al arte. Todo cambió cuando mi abuelita me invitó a ver “La Ratonera” de Agatha Christie y “La Danza que sueña la tortuga” de Emilio Carballido. Desde ahí, nada fue igual. Perseguí las mejores obras aquí y en otras ciudades.
La danza también me atrapó. Conocí desde sus orígenes el Centro Regional de Danza Contemporánea (Hoy Escuela Municipal de Danza) impulsada por el maestro Jaime Hinojosa, quien desde finales de los noventa trajo a La Laguna los mejores encuentros de danza contemporánea con compañías nacionales e internacionales.
Tuve la suerte de poder tomar clase de ballet y danza contemporánea a inicios de los 2000 en el anterior Centro de Iniciación Artística Pilar Rioja (Cinart), hoy Instituto de Música de Coahuila, si de disciplina se trata hay que usar mallas, zapatillas y leotardos incluso a 38 grados y aprender técnica hasta que los huesos duelan.
Por la prisa, el trabajo y la rutina me ha faltado tiempo de ser aquella espectadora escénica fiel que fui desde muy joven, por suerte llegué al periodismo cultural y he podido internarme en los procesos creativos y escénicos del teatro, la danza y la literatura.
Siento nostalgia por las obras que disfruté y por los libros leídos. Ojalá que estas fechas nos sigan enseñando que hay mucha literatura y arte por disfrutar.
X @Lavargasadri










