The Brutalist (2024)
Cuesta creer que una película como esta sea apenas el tercer trabajo tras las cámaras del actor vuelto director Brady Corbet. Con una planeación que abarca un periodo de casi 5 años, una vez vista se puede entender el motivo de la lentitud o meticulosidad en su planeación (pandemia de lado), ya que nos encontramos ante lo que posiblemente sea lo más cercano a una obra maestra cinematográfica que este año nos pudo brindar. The Brutalist no es sólo el título de la cinta, puesto que parece prepararnos para lo que vamos a ver, una producción monumental que evoca a las grandes producciones realizadas por cineastas como Francis Ford Coppola, Alan J. Pakula o Martin Scorsese, donde el sueño americano buscado por inmigrantes se transforma en una pesadilla, algo que en estos tiempos pareciera ser más actual que nunca.
Es obvio que comparar a Corbert con los nombres mencionados es arriesgado, sobre todo porque esto puedo generar unas expectativas tan inmensas como la película misma y eso nunca es bueno. La cinta es maravillosa por donde se le vea, pero todavía le falta al realizador para llegar a la brillantez que estos directores han logrado y que, sea verdad o no, parece querer emular. Aun así, sus 10 nominaciones al Oscar (sin importar lo devaluado que esté este premio) son más que merecidas.
Dividida en una obertura, 2 capítulos separados por un nostálgico intermedio y un epilogo, la trama ficticia, pero que parece querer hacer que se trata de un hecho real, se centra en casi 40 años en la vida del arquitecto de corriente brutalista László Tóth (Adrien Brody) iniciando con su llegada a Estados Unidos, después de haber sobrevivido al Holocausto. Con las esperanzas puestas en este nuevo país para rehacer su vida, no tardará mucho en darse cuenta que pasó de estar cautivo debido a las creencias fascistas causantes de la guerra, a terminar presa de un capitalismo salvaje, en la forma del millonario Harrison Lee Van Buren (Guy Pearce), un caprichoso hombre que lo adopta, o compra, al ofrecerle la supuesta oportunidad de su vida, al construir un imponente centro comunitario en honor de su madre recién fallecida, mismo proyecto que termina volviéndose una tortura para el protagonista, quien se ve a merced de quien técnicamente es su nuevo dueño.
A la par de esto, László descubre que su esposa Erzsébet (Felicity Jones) sigue con vida, intentando por todos los medios posibles hacerla llegar hasta América, todavía con ese sueño cegador de una mejor vida, a pesar de estar consciente de que esto no es más que un espejismo. La simple presencia de su mujer, evidenciando las consecuencias devastadoras de su cautiverio, serán un recordatorio constante de todo el sufrimiento que han padecido, mientras esta se vuelve el pilar que le servirá para no desmoronarse ante todo el que están por vivir.
The Brutalist definitivamente no es una película para todos los gustos; en lo personal puedo decir que es maravillosa, pero no me enamoré de ella. Imposible criticarla porque todo está donde se debe, porque el director se arriesga y gana, en momentos más logrados que otros eso sí, pero sus fallos son mínimos. Pausada, lenta para algunos, desgarradora, pero en ningún momento aburrida (aunque esto dependerá de cada persona), a pesar de sus casi 4 horas de duración. Una epopeya como ya no se hacen, que habla sobre personas, a pesar de la magnificencia y espectacularidad de su manufactura. Aquí lo visual sirve para engrandecer la historia, nunca para opacarla u ocultar fallos narrativos, puesto que la claustrofobia en los espacios a pesar de su tamaño, sumado a lo íntimo de su relato, la vuelven una historia humana envuelta en un despliegue técnico que hace difícil de creer que costó tan sólo 26 millones de dólares.
Dentro de estas características podemos contar con la espectacular fotografía de Lol Crawley (colaborador en todas las cintas del director) grabada con cámaras VistaVision, decisión que ayuda a mostrar por completo los imponentes escenarios y edificios creados para la cinta. Estos, diseñados por Judy Becker, quien tiene en su historial el diseño de producción de cintas como Carol (2015), American Hustle (2013) y Brokeback Mountain (2005), vienen a transformarla en la verdadera László Tóth, puesto que fue su mente la encargada de crear el lado artístico del arquitecto; sin su trabajo la cinta no sería lo que es y el talento del personaje no luciría tan enorme. Estas ramas, sumadas a la maravillosa música escrita por Daniel Blumberg, son las categorías donde el filme tendría, si la vida fuera justa, que hacerse con la presea sin problemas, más no las únicas.
Con esto último me refiero a las interpretaciones de los 3 personajes con más peso narrativo, mismos que hoy en día han logrado entrar a la contienda en sus respetivas categorías. Dejando de lado la polémica que se ha desatado al revelarse el uso de AI tanto para lograr algunos detalles en el diseño de arte, como para perfeccionar los acentos de los actores, la primera que merece mención es Felicity Jones en su segunda nominación quien, a pesar de aparecer hasta la segunda mitad de la historia, se vuelve una fuerza y contrapeso al personaje de su esposo, mostrando una enorme fuerza interpretativa que contrasta con la fragilidad de su físico; de los 3 es la que menos opciones tiene de triunfo, pero no por eso se debe demeritar semejante logro histriónico.
Guy Pearce, por mucho mi actuación masculina secundaria favorita de esta temporada y el único de los tres que no se vio afectado por el escándalo tecnológico, ha tardado 27 años en lograr su primera nominación, después de haber sido descubierto por Hollywood gracias a L.A. Confidential (1997) y generar conversación por Memento (2000) en su momento. Su personaje es despreciable, caprichoso, envidioso, pero no se queda en lo unidimensional, ya que el histrión lo borda de una manera impecable, haciéndote odiarlo por completo. Su competencia directa ha ganado la gran mayoría de los predecesores, pero si Pearce se hiciera con el premio, sería un triunfo más que justo.
Por último, el centro y pilar de la historia, un Adrien Brody en estado de gracia que proyecta un universo de emociones mientras cambia su corporalidad a lo largo de la cinta. 22 años le ha constado volver a encontrar un papel del nivel del que le dio su primera nominación y el Oscar mismo, The Pianist (2022), pero, sobre todo, uno que nos recuerda porque fue tan lamentable que una vez ganado su carrera se estancara en productos diseñados para volverlo estrella, sin explotar su gran talento. Su actuación, con apoyo de la AI o no, es tan inmensa como los edificios que su personaje imagina. Si bien es el segundo en mi lista de predilectos, su triunfo, como el de su compañero de reparto, sería merecido ya que su trabajo es digno de cada uno de los premios que ha venido cosechando desde hace meses. Si su primera nominación demostró su talento, con esta lo confirma y supera.
The Brutalist es una de esas cintas que serán recordadas por su calidad y de la que se hablará durante mucho tiempo, porque sea cual sea el veredicto que le dé el público general debido a su duración, resultará imposible atacarla con bases que no sean las del gusto personal. Dirigida con una meticulosa mano que parece más experimentada, brillantemente actuada y visualmente impecable, en esta ocasión no hay queja alguna sobre sus logros y preseas. Enorme por donde se vea y merecedora de todo, esperemos que su existencia sea sólo el principio de más proyectos que se atrevan a hacer esta clase de cine adulto que tanta falta hace.