Clayface (2026)
Esta es una película que no tendría que existir, algo que digo no debido a su calidad, sino al hecho de que se trata de una anomalía. Si se siguiera un esquema de negocios convencional, el DCU semirreiniciado que comanda James Gunn hubiera seleccionado algún personaje con mucho más peso dentro de este universo o la hubiera lanzado directamente al servicio de streaming de su casa productora, en forma de alguna miniserie.
Gunn, que desde el momento en que anunció su calendario y etapas de producción dejó en claro que esto no iba a suceder, llamó la atención con la selección de este personaje para protagonizar la tercera cinta de su universo, sobre todo al tratarse de un villano que pertenece al mundo de un Batman que todavía no encuentra actor que lo interprete y, además, porque no estamos hablando de uno de sus enemigos principales.
En este sentido, que existan cintas independientes como Joker (2019) y miniseries como The Penguin (2024), ambas dentro del DC Elseworlds (es decir, ajenas al universo principal), puede entenderse debido al peso de estos villanos; pero este no es el caso de Clayface, ya que siempre ha permanecido a la sombra de los demás y ha tenido varios reinicios en su historia.
¿Cuál de todas estas versiones es la que vemos en la película? Digamos que una mezcla de varias líneas argumentales. Aquí la trama sigue al segundo Clayface, Matt Hagen (Tom Rhys Harries), pero dejando de lado su primera versión como ladrón para centrarse en la reinterpretación surgida de la serie animada de inicios de los 90, donde su historia es la de un famoso actor que ve cómo su fama se esfuma cuando su bello rostro termina desfigurado.
Aunque las razones de este suceso son diferentes, él pasa por una serie de procedimientos, primero quirúrgicos y sin buenos resultados, hasta que encuentra a una científica, la Dra. Caitlyn Corr (Naomi Ackie), quien prueba en él, por petición propia, una nueva tecnología regenerativa. De la misma manera, el personaje de ella viene a sustituir al inescrupuloso hombre que en la serie le brinda la sustancia que termina volviéndolo un monstruo, ya que en este caso todo se realiza con la intención de ayudarlo y desarrollar un método para curar múltiples enfermedades.
A pesar de estos cambios, el destino del personaje es el mismo, ya que lo vemos transitar por un descenso a la locura, iniciado por una enorme sed de venganza contra los causantes de que haya perdido todo por lo que había trabajado tanto. Pronto se da cuenta de que sus recién adquiridas habilidades le permiten llevarla a cabo, mostrando una deshumanización que se va haciendo más notoria con el paso de los minutos, siendo Caitlyn su único lazo con su lado humano y la bondad que algún día tuvo.
Con esto explicado, es momento de adentrarme en la película como tal, dejando de lado los cómics para verla como una adaptación libre e independiente. En este sentido, y tomando en cuenta el reducido presupuesto con el que contó, para un servidor esta película es un triunfo casi completo, y lo explico por partes.
Primero, siempre le voy a aplaudir a un producto que forma parte de un universo cinematográfico que no te obligue a ver cuatrocientas películas y doscientas series previas para poder entenderlo. Esta es una historia de origen, claro, pero una que tiene inicio y final, que desarrolla a su personaje hasta su funesto destino y cierra de manera conveniente. Si se llega a utilizar para otros fines, no es porque haya dejado cabos sueltos, sino porque se ha definido a su protagonista sin necesitar tres películas más sobre él. A pesar de que algunos diálogos pudieron ser mejores, de los rumores de reescritura y de las limitaciones por ciertas cuestiones con los derechos de autor, se nota la mano de Mike Flanagan en la escritura, la cual es firme y efectiva.
Segundo, cuenta con una gran interpretación de su protagonista, ya que Tom Rhys Harries transita por una serie de estados emocionales y cambios de todo tipo, mismos que nunca se sienten a medias: el actor lo da todo. Pasa de la seguridad y arrogancia de una superestrella al sufrimiento, se embarga de culpa, resiente la traición del mundo, se enamora, va perdiendo la cabeza y termina convertido en el monstruo (física y mentalmente) que cierra su historia. El resto del reparto cumple, pero este es el espectáculo de una sola persona, y esa es su protagonista.
Por último, pero no menos importante, el género de la película. Esta no es otra cinta de superhéroes o villanos, es una película que navega entre el terror corporal y el suspenso, aderezada con varias secuencias de gore puro, algo que no debería ser raro tomando en cuenta que el director es James Watkins, quien se ha curtido en este estilo de producciones.
Esto, por donde se vea, es un avance y se agradece, ya que este universo se ha arriesgado con un producto que se sale de todos los moldes convencionales. Puede que no sea una cinta de terror al estilo convencional, como nos vendieron en la publicidad, pero es la primera en atreverse a mostrar cierto tipo de escenas con este grado de violencia dentro de este universo. Un cine mucho más adulto, oscuro y denso en comparación con lo que nos tienen acostumbrados, que por momentos me hizo pensar que estaba viendo algo perteneciente a la línea argumental de Matt Reeves y no del DCU. Incluso su Gotham (otro punto a destacar es su diseño de arte realista) se acerca a ese estilo menos fantasioso que se manejó en The Batman (2022).
Claro que la cinta no es completamente redonda. Llega a notarse en ciertas secuencias que se vieron forzados a sustituir el derroche económico por la creatividad y los efectos prácticos, sobre todo en un tercer acto que quiso abarcar demasiado y cuyas limitaciones financieras se lo impidieron. La trama misma, dejando de lado el desarrollo del personaje, no es más que otra historia de venganza protagonizada por alguien que está viviendo un infierno personal, posiblemente porque este no es el terreno en el que acostumbran a jugar los guionistas. Incluso en el apartado de dirección, si bien se nota el esfuerzo, Watkins ha sido más brutal en otros de sus trabajos, por lo que supongo que tuvo ciertas limitaciones para desarrollar su película.
Pero, aun con lo negativo que pueda tener y la, ahora conocida, no tan buena recepción económica en sus primeros días de proyección, esta cinta menor dentro del esquema de este universo tiene demasiado a su favor y merece reconocimiento por el simple hecho de haberse atrevido a crear una película que se aleja por completo de lo que hemos visto hasta el momento.
Batman es un personaje interesante, pero siempre han sido sus villanos los que le han brindado mayor profundidad, por lo que acercarse a estos de formas variadas me parece lo más efectivo. Posiblemente para muchos no sea lo que esperan, pero Clayface es una agradable sorpresa. Esperemos que Gunn y el estudio den luz verde a más experimentos como este para presentarnos a sus personajes.










