Gunche (Zona Cero, 2026)
Hace 10 años, Yeon Sang-ho se volvió mundialmente conocido por su primer trabajo como director en una película de acción real con la cinta Train to Busan (Busanhaeng). Esta se convirtió en un éxito, tanto de crítica como comercial, por el manejo de su historia y sus acabados técnicos; aunque varios indicaron que había tomado prestado demasiado de World War Z (2013) en lo segundo, superándola en lo primero.
Desde ese momento, el director, aunque tratando de diversificarse en sus trabajos, ha intentado repetir el éxito de la película que lo lanzó al estrellato, cosa que se le ha dificultado, ya que sus últimos cuatro proyectos no han recibido buenos comentarios y apenas han hecho ruido. Por esto, debía repuntar o caer en un caso parecido al de M. Night Shyamalan, quien sigue trabajando gracias al recuerdo de mejores épocas.
Pues este año parece que lo ha intentado regresando a sus raíces, dirigiendo otra historia sobre zombies, o infectados para ser más exactos, con la cinta Gunche, misma que fue presentada por todo lo alto al estrenarse en el pasado Festival de Cannes, dentro de la sección Séances de Minuit (funciones de medianoche), dedicada a películas de género. En dicha proyección, la película fue muy bien recibida, con buenos comentarios y la (ahora depreciada) ovación de pie que se da a las producciones sobresalientes.
La historia es sencilla, como suelen serlo en este tipo de producciones. Un día como cualquier otro, dentro de un edificio se está realizando una conferencia sobre biotecnología, misma que es interrumpida cuando un terrorista biológico, que había avisado a la policía de su plan, infecta al CEO de la compañía a cargo del evento, acusándolo de plagiar su trabajo. Esto provoca que comience a atacar a cuanta persona se topa, contagiándola. Por tal motivo, las autoridades deben aislar el edificio, dejando a los no infectados a su suerte mientras descubren la manera de detener el brote.
Si en esta ocasión no he profundizado más en la trama, es debido a que estamos ante uno de esos casos en que la historia no da para mucho, aunque logra mantener el nivel de tensión necesario para interesar al espectador. El reparto, conformado por Jun Ji-hyun, Koo Kyo-hwan, Ji Chang-wook, Shin Hyun-bin, Kim Shin-rok y Go Soo, entre otros, cumple con los parámetros comunes de este tipo de historias. Todos desempeñan sus personajes de la mejor manera posible, con actuaciones sólidas a pesar de lo estereotípicos que resultan, por lo que llegan a provocar cierto grado de empatía con el público, aunque nunca la suficiente.
Se sabe que este tipo de cine, salvo casos aislados, no destaca por su escritura y actuaciones, por lo que sus puntos fuertes suelen venir del aspecto técnico y de lo que consigue transmitir al espectador. En este sentido, aunque sigue quedando varios escalones por debajo de Busanhaeng, supera por mucho a su segunda parte, misma que se puede considerar entre los puntos más bajos de la cinematografía del director.
Sobre esto, el punto máximo vuelven a ser las coreografías referentes a la movilidad de los infectados, ya que, al tratarse en esta ocasión de una mentalidad de colmena, necesitaban de una sincronización muy precisa y un manejo corporal exacto. Ambos aspectos destacan y lucen; aunque, como ya lo mencioné, lo visto en un espacio cerrado en Busan sigue siendo mucho más logrado. Pero, dejando las comparaciones de lado, cumple su cometido de sobra.
El montaje, sobre todo en su tercer acto, es otro punto a destacar, ya que su frenético ritmo no decae y, sumado a algunas secuencias muy bien fotografiadas, como la que ocurre casi al final cuando se emula a un grupo de hormigas que giran en círculos, hace que no perdamos el interés por saber cómo va a terminar la trama. El maquillaje vendría a ser otro elemento a enfatizar, más por su escala que por su innovación, ya que el grupo que lo utiliza es numeroso.
Hilando esta última palabra para hablar sobre su desarrollo narrativo, si bien la película logra realizar alguna crítica social sobre temas referentes a la vigilancia extrema, así como la dualidad entre el individualismo y lo colectivo, termina quedándose corta al exponer sus ideas. El hecho de que se vuelva un cúmulo de lugares comunes del género, con situaciones sacadas de la manga y comportamientos ilógicos (aunque posiblemente algunos de ellos por demás humanos), disminuye la calidad de su escritura de forma considerable.
Gunche no va a pasar a la historia como una de las grandes películas sobre zombies, ni siquiera está cerca y posiblemente en unos años nadie la recuerde, pero sí representa una mejora sustancial en comparación con los trabajos previos de su director. Es una película efectiva que va a funcionar bien entre los fanáticos de estas historias, pero que de ahí no va a pasar. Esperemos que esto demuestre que Yeon Sang-ho ha vuelto al buen camino, pero siempre habrá la posibilidad de que termine haciendo su propia Lady in the Water. Sólo el tiempo lo dirá.










