Backrooms (2026)

Este año el terror psicológico se ha vuelto el género que más ha dado de qué hablar y el que parece habernos brindado los productos con mayor calidad en muchos sentidos. Este es el motivo de que, por tercera semana consecutiva, me encuentre escribiendo sobre una película que pertenece a este tipo de cine, siendo la cinta seleccionada en esta ocasión Backrooms, ópera prima del youtuber vuelto director Kane Parsons, conocido en internet como Kane Pixels.

Para hablar de esta película es necesario hacerlo primero sobre su director, ya que Parsons cuenta con apenas 20 años y sus inicios en el mundo del cine se dieron aproximadamente en 2017, cuando, de manera autodidacta, comenzó su acercamiento a programas de edición de video, produciendo cortos que mostraba en su canal de YouTube. Sería de esta forma y en ese medio que, gracias a su interés en el creepypasta (leyenda urbana creada en internet) de los Backrooms, que venía tomando fama desde 2019, produciría en 2022 el cortometraje de terror llamado Found Footage, mismo que lograría millones de reproducciones en muy poco tiempo, motivo por el que continuó ese proyecto, del que se han producido hasta el momento 24 episodios.

Gracias al fenómeno alrededor del canal, fueron varios los estudios que intentaron hacerse con los derechos de la historia, siendo A24 quienes lograron convencer al joven director de aceptar convertirla en una película, misma que se ha estrenado este fin de semana con un éxito tan grande que ha roto algunos récords en su primer día de exhibición.

Pero ahora, y como siempre, por si están o no relacionados con el contenido de dichos videos, ¿de qué trata la cinta que amplía este universo?

Clark (Chiwetel Ejiofor), arquitecto frustrado, recién divorciado y luchando con su alcoholismo, se encuentra viviendo en la mueblería de la que es propietario debido a que su mujer lo corrió de casa después de que este la golpeara en un arranque de violencia, una noche en la que llegó ebrio. Por su situación sentimental y mental es que acude a citas regulares con una psicóloga de nombre Mary Kline (Renate Reinsve), quien logra que en las sesiones que comparten se evidencien los traumas y frustraciones de su paciente, mientras se nos dejan ver, a manera de flashbacks, los demonios propios de la terapeuta.

Debido a la situación de Clark, este descubre que por las noches se dan fluctuaciones de energía eléctrica en su negocio, mismas que no tienen explicación y no pueden ser reparadas por un técnico que contrata. Por ello, en una de tantas ocasiones en que esto sucede, termina descubriendo una anomalía en una pared, la cual resulta ser la entrada a un backroom que decide explorar. Debido a su decisión, tanto él como sus dos empleados e incluso su terapeuta terminarán inmersos en ese interminable universo laberíntico que acaba de descubrir, con diferentes consecuencias para cada uno de ellos.

Ahora, si bien ya he mencionado el fenómeno en que se basa y la leyenda virtual de la que nació, para quienes no sepan qué es un backroom, se puede explicar como un lugar en otra dimensión o realidad al que se puede entrar gracias a portales que aparecen en lugares aleatorios, mismos que pueden distinguirse como pequeñas anomalías en el mundo real. Estos lugares son una sucesión de habitaciones interminables que parecen ser copias de nuestro mundo, pero con un diseño e iluminación inquietantes, por lo general conformados por espacios liminales vacíos, como complejos de oficinas, pasillos de hoteles, recepciones y todos aquellos que puedan producir la sensación de kenopsia.

Con esto explicado, procedo a decir que la película es uno de esos casos que pueden verse desde dos perspectivas diferentes: como un recién llegado o como parte de un todo. En ambos sentidos funciona, pero es necesario explicar cada uno de ellos debido a comentarios que parte de la audiencia ha hecho notar.

Si no se estaba al tanto de este fenómeno, la cinta sirve como una introducción que, si bien deja más preguntas que respuestas, tampoco tiene una trama tan complicada como para necesitar una disertación profunda sobre el universo, como algunos han indicado, ya que se encarga de explicar por lo menos los aspectos clave de ese mundo onírico e inquietante en el que se ven inmersos los protagonistas. En este sentido, la cinta cumple, ya que logra mantener la atmósfera y tensión que Parsons ha desarrollado para su universo, gracias sobre todo al diseño visual que se ha construido, mismo que contó con un set de 2,800 metros cuadrados, en el que se rumora que incluso el propio staff llegaba a perderse. Si hay un aspecto en el que la cinta destaca es ese, ya que resulta impresionante el acabado y detalle de cada una de las habitaciones por las que transitan los personajes. Sumado a un muy logrado apartado sonoro y musical, la incomodidad y la tensión se respiran en cada detalle. No sería raro ver menciones para estos aspectos durante la temporada de premios de este año.

Algo que también juega a favor, a pesar de formar parte de lo que puede considerarse negativo, son los dos personajes protagonistas y su función dentro de la historia. Chiwetel Ejiofor y Renate Reinsve (quien entró de último momento una vez que Cristin Milioti abandonó el proyecto) logran actuaciones solventes, sosteniendo la película sobre sus hombros, algo que no debería sorprender a nadie, a pesar de que sus personajes pueden llegar a ser lo más endeble de todo el producto. Se entiende la razón de su presencia: es necesario algo que ligue emocionalmente al espectador con la historia; pero resultan tan ajenos al conjunto que podrían ser, sin problema, los participantes de un capítulo semanal de una serie televisiva y no aquellos en los que se centra la trama. Tal vez el personaje de ella tenga un poco más de peso debido a su naturaleza y a lo que sucede con su historia en el tercer acto, por lo que es probable que, en caso de realizarse una segunda entrega —algo más que probable—, volvamos a verla recorriendo esas habitaciones de pesadilla.

Y es aquí donde comienzan los problemas de la película: en su guion, escrito por Will Soodik, una elección extraña tomando en cuenta su limitada carrera. Y no es que su trabajo sea malo, pero no logra ser lo suficientemente profundo o interesante para aportar algo que empate con lo logrado que está el aspecto visual en el que se esmeraron tanto. Por momentos parece que estamos viendo un episodio de una serie, de esos que nos revelan una parte de la historia, pero no lo suficiente para que nos enganchemos y volvamos la próxima semana por más información.

Lo anterior nos lleva a la segunda forma de ver la película: como alguien familiarizado con el material base. En mi caso particular llegué sin saber nada y no tuve problemas, pero acepto que, una vez hecho el maratón obligado de los cortos, muchas cosas embonaron y se puede entender mejor lo que se nos quiso decir.

Muchas de las quejas han llegado en forma de cuestionamientos sobre la poca o nula explicación a la empresa Async y su papel dentro de la trama, algo que quienes vimos los cortos conocemos, pero que sigue siendo un misterio para los recién llegados. El comportamiento del protagonista una vez que ha pasado cierto tiempo en los backrooms es otra cuestión criticada, misma que tiene respuesta para los familiarizados con la historia. A esto se suma que algunas explicaciones sobre lo que representan las presencias en ese lugar, así como la razón de las habitaciones, resultan tan superficiales y rápidas que muchos espectadores terminan más confundidos en lugar de comprender mejor lo que se les presenta. Si a esto le añadimos algunos errores de montaje (una escena en particular relacionada con la vestimenta y peinado de la protagonista no tiene razón de ser) y un manejo temporal que parece haber confundido a más de uno, a pesar de que sí se hacen ligeras menciones al paso del tiempo, son cuestiones que pudieron pulirse más para facilitar el entendimiento de quienes no estaban empapados en el tema.

Pero incluso con todo esto que ha generado comentarios negativos, Backrooms no rompe con la buena racha que tiene el género este año, ya que sin duda estamos ante el inicio de uno de esos fenómenos que aparecen cada determinado tiempo. Uno que viene a demostrar que vale la pena apostar por talentos jóvenes y que los lugares donde pueden encontrarse son tan variados como un canal de YouTube. Una película que, guste o no, hace imposible negar su impacto visual y el efecto que logra en quien la ve, porque no deja a nadie indiferente. Posiblemente sea la primera de varias producciones que veremos sobre el tema y solo nos queda esperar para descubrir qué más hacen con esas habitaciones misteriosas. En lo personal, yo sí quiero perderme en ellas.

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