Shang-Chi and the Legend of the Ten Rings (2021)
El Universo cinematográfico de Marvel no conoce la palabra fracaso; hasta la fecha, no ha realizado una sola producción que no haya generado masivas cantidades de dinero. Aunque fue Paramount Pictures el encargado de inaugurarlo con Iron Man en el 2008, manteniendo el control de los personajes hasta la cuarta película de este fenómeno cinematográfico, Captain America: The First Avenger en el 2011, sería Disney el que se encargaría de consolidar la fórmula que terminó transformando a estas películas en la franquicia más exitosa de la historia.
El estudio conoce el negocio, lo domina, sabe que algo, por más atractivo y bien hecho que sea, tiende a aburrir si continúa mostrando siempre lo mismo. Por tal motivo, después de haber utilizado a los principales rostros de la editorial y de comenzar a recibir comentarios negativos sobre el uso exclusivo de superhéroes masculinos y blancos como protagonistas, había llegado el momento de la diversificación de mercado, buscando entre las filas de personajes algunos para acaparar sectores de la población que buscaban la tan ansiada identificación en los medios.
Con esto como base, se dieron a la tarea de lanzar dos producciones dirigidas a sectores específicos durante la tercera etapa de su plan de negocios: Black Panther (2018) con el primer personaje negro como protagonista, y Captain Marvel (2019) haciendo lo suyo en cuanto a las mujeres se refiere. La primera significó un éxito redondo, brindándole a la saga su primera nominación al Oscar en la categoría principal y posicionándose en segundo lugar de la taquilla mundial ese año, tan solo detrás de Avengers: Infinity War; la segunda, si bien no logró la aceptación entre el público que se esperaba, con críticas dirigidas a la actriz estelar, superó el billón de dólares en recaudación y dejó en claro que un producto estelarizado por una mujer era tan rentable como el resto, pavimentando el camino para otras producciones como Black Widow. Con estos resultados positivos, el momento de buscar otra zona inexplorada para explotar había llegado, y posiblemente debido al sorpresivo funcionamiento en la taquilla de Crazy Rich Asians por las mismas fechas, la comunidad oriental sería en quien se decidió apostar para el siguiente producto, la película Shang-Chi and the Legend of the Ten Rings, encarga de inaugurar oficialmente la cuarta etapa del universo mencionado.
La película nos narra la historia de Shaun/Shang-Chi (Simu Liu), un simpático joven de ascendencia china que pasa su vida en San Francisco, trabajando como valet parking, al lado de su mejor amiga Katy (Awkwafina). Ambos parecen ser un par de jóvenes comunes, sin preocupaciones o mayor aspiración que la de pasar el rato, divertirse y repetir su rutina todos los días. Por lo menos hasta el momento en que, en una mañana en apariencia normal, son atacados por un grupo de desconocidos en el autobús en el que se dirigen a su trabajo, ya que buscan un colgante que él suele portar en su cuello. Debido a esto, se nos revela que Shaun no es tan ordinario como parecía, ya que logra enfrentarse y salir airoso ante el grupo que lo ataca, demostrando un dominio en las artes marciales que deja impresionados al resto de los viajantes, incluyendo a su amiga que no tenía la mínima idea de que fuera capaz de dichas acciones. Para lamento del protagonista, sin importar lo diestro que es para defenderse, descubre que le fue robada la joya, por lo que decide emprender un viaje a China en busca de su hermana Xialing (Meng’er Zhang), misma que, según él, es la siguiente a la que sus atacantes buscarán. Todo esto, mientras revela a su compañera, quien insiste en acompañarlo en su travesía, la existencia de la hermana mencionada y a la que no ha visto en muchos años, su origen y escape a América, y la tensa relación con su padre Wenwu (Tony Leung) quien es el líder del grupo que le quitó el colgante. Todo esto, como el inicio de una historia que nos lleva de California a Macao, donde deben ingresar en un peculiar club de peleas clandestinas, rencontrarse con su hermana con quien no quedó en buenos términos, ser capturados por el grupo de los Diez Anillos, lograr escapar para impedir una catástrofe, adentrarse en un universo de magia y fantasía, encontrarse a sí mismos en el camino, y de paso, salvar al mundo. Todo lo que una historia de este tipo debe tener.
Para poder hablar de esta película primero hay que diferenciarla del resto de la franquicia. Si bien comparte algunas características con el resto, ya que, para bien o para mal, se trata de una historia de origen para presentarnos un nuevo personaje que se une a las filas de los héroes que representarán a la compañía en esta nueva etapa, logra alejarse lo suficiente del formato establecido para tener una personalidad propia, pero manteniendo las referencias necesarias para que estemos al tanto de su participación en el entramado de la trama global. Entonces, y a diferencia de su comparación obligada Black Panther, este personaje no había sido presentado previamente en ninguna de las producciones anteriores, ni como secundario, ni en ninguna escena post créditos. En este sentido, se acerca más a los casos de Ant Man y Doctor Strange, cuyas primeras apariciones también fueron en solitario, que al antes mencionado.
Para lograrla hacer embonar no hubo necesidad de nada de esto, ya que se utilizaron recursos narrativos como el grupo terrorista de los Diez Anillos, mencionado por primera vez en la trama de Iron Man 3 como una mera fachada para otros fines, con participación de Ben Kingsley incluida en ambas películas, siendo en esta ocasión donde se nos muestra el verdadero origen y líder de dicha organización. Otro punto para hacerlo notorio fue la inclusión de personajes de otras producciones, como el caso de Wong, salido de Doctor Strange, quien al parecer ha tomado un papel omnipresente en esta etapa, debido a la línea argumental basada en el multiverso, y Abomination, uno de los villanos principales de Hulk; ambos apareciendo en la arena de lucha en la que se infiltran los protagonistas. Y hablando del gigante verde, también tiene una pequeña participación, acompañado de Captain Marvel, en una de las dos escenas post créditos con las que cuenta el filme.
Pero es hasta aquí donde llegan las referencias y comparaciones, ya que la cinta que reseño podría ser considerada, por momentos, como un producto ajeno al mundo de Marvel, cosa que se agradece y logra refrescar un formato que, si bien sigue gustando, corre el riesgo de estancarse y cansar al espectador. Desde la primera escena de pelea sobre el autobús, se nos muestra que estamos ante un producto diferente, ya sea por la manera en que fue coreografiada esta, hasta el estilo en el montaje que nos remite al cine asiático del género, situación que se repite en cada uno de los momentos de acción durante la proyección, acercándola más a películas como Kung Fu Hustle en su primer acto, y a Crouching Tiger, Hidden Dragon en la parte final de su arco narrativo. El director Destin Daniel Cretton logra nivelar su proyecto de una manera que nos hace entender que estamos ante la película asiática de Marvel, pero sin que por eso olvidemos que se trata de un producto para el mercado internacional.
Para esto se rodeó de profesionales en los apartados técnicos que dieran apoyo a su visión, comenzando por su compositor de cabecera Joel P West, quien creo una equilibrada banda sonora que fluye entre los ritmos totalmente orientales para las escenas en donde es necesario ese tono místico, espiritual y hasta fantástico, para después lanzarnos algunos temas trepidantes que acompañan a las secuencias de mayor acción.
La fotografía a cargo de Bill Pope, curtido en el cine de género con la primera trilogía de Spider Man, pero sobre toco con la maravilla visual que en su momento significaron las tres películas de The Matrix, resalta de la misma manera las diferencias que existen entre la parte transcurrida en América, la correspondiente a China y la ultima en ese reino mágico al que ingresa el grupo protagonista. El montaje y efectos especiales sirven de apoyo para estas divisiones y evoluciones dentro de la historia, ya que la trama pasa de parecer una comedia de acción en su primera parte, a una historia fantástica rumbo a su cierre, mutando ambos aspectos desde efectos prácticos y una edición más intensa, como en las secuencias ya mencionadas del autobús y una magnifica lucha en la fachada de un rascacielos, a un tono mucho mas relajado y profundo para el segundo acto, volviendo a levantar el nivel para un cierre donde se echa toda la carne al asador en cuanto a efectos CGI se refiere, con dragones, seres mágicos y referencias a Pokemon incluidas (no es broma).
Pero como en una película, por lo menos en teoría, no todo son efectos y aspectos técnicos, hablando del guión, escrito por el mismo director, junto con Dave Callaham, recién salido del fiasco que resultó Wonder Woman 1984, y Andrew Lanham, con quien ya había trabajado en sus proyectos previos The Glass Castle y Just Mercy, sucede lo mismo que con el resto de los aspectos de esta producción. La historia, ritmo y profundidad de esta varía y se nivela durante todo el metraje, entendiendo el motivo por el que se contrató a este par extra de escritores con bagajes y nichos narrativos tan dispares en los que se han desarrollado, pero que en pantalla funciona para que la narración navegue entre la comedia de acción simple, tocando aspectos de mayor profundidad como son la perdida, la necesidad de aceptación, el rechazo a cargar con las expectativas paternas, el poder del amor y todos los conflictos de manual necesarios para crear las motivaciones de los personajes, hasta llegar al punto de crecimiento personal que sabemos sucederá desde el principio. Puede que la manera en que se lleva la historia no sea la mas original y que el segundo acto se vuelva un poco lento a comparación de los otros dos, pero en general el conjunto de todo se mantiene e interesa al espectador sin que decaiga la emoción por lo que se observa, cuestión que se ve ayudada por el trabajo de un reparto que cumple con creces dentro de los limites que este tipo de películas les permite.
Ahora que hablamos de los actores, y aunque la película es protagonizada por Simu Liu quien, la verdad sea dicha, logra dotar a su personaje del carisma y simpatía necesarias para que el público empatice con él y quede impresionado por las acrobacias que los años como doble le enseñaron a realizar, así como Tony Leung que interpreta al padre/villano de la historia con la mayor capacidad y dignidad que le permite su personaje antes de ser diluido y reducido ante la verdadera presencia malévola de la película, son las mujeres quienes destacan dentro del reparto. Awkwafina es una roba escenas que aprovecha al máximo cada momento que se le brinda, ya sea de calidad o no, dejando ver que se encuentra en su elemento cuando de comicidad se trata, pero brindando los matices necesarios cuando la seriedad debe ser acatada; Meng’er Zhang con una presencia que destaca cada que aparece en pantalla, como la hermana relegada que se ha abierto camino en solitario, tratando de demostrar su valía y encontrar su lugar en un mundo de hombres por un lado, y como capaz heroína de acción, logrando equiparar a su hermano en cuanto a destreza física se refiere; pero sobre todo, una Michelle Yeoh que, aunque encasillada en el estereotipo, siempre está perfecta, demostrando que no existe papel pequeño para ella, como la tía sabia que guía a sus sobrinos en el camino interno que están transitando. En general, un casting muy atinado, que funciona de maravilla en el conjunto general que significa la película.
Para finalizar, sólo diré que Shang-Chi and the Legend of the Ten Rings es una película familiar, más cercana a las películas fantásticas sobre héroes que no saben que lo son, que a una película de superhéroes promedio, un cambio que se recibe con gusto y que dota al universo de Marvel de un lado mágico que a estas alturas resulta renovador. Una historia sencilla y sin grandes pretensiones, que logra en estos dos aspectos su mayor fortaleza, haciendo que valga la pena lo que se haya pagado por verla, ya que es el tipo de cine que uno disfruta una vez que las luces de la sala se apagan y nos permitimos dejarnos envolver por las imágenes que se proyectan en la pantalla.










