The Drama (2026)
¿Qué es lo peor que has hecho en tu vida? Con esta pregunta es que el director noruego Kristoffer Borgli sustenta y desarrolla el guion que escribió para su cuarto trabajo tras las cámaras, nuevamente bajo la producción de Ari Aster y A24. Aunque a estas alturas posiblemente ya muchos sepan cuál es el misterio alrededor de esta película, ya sea porque se los contaron o por las filtraciones y críticas sobre el tema previas a su estreno, lo mejor es llegar a ella con la mínima información posible. Y no es que se trate de una cinta con uno de esos finales que nadie espera, porque aquí la revelación que cambia todo se da al final del primer acto; es la que desencadena todo y la que vuelve a esta historia interesante.
Ahora, hablar de algo sin contar de qué trata puede ser un poco complicado, por lo que trataré de explicar de qué va sin mencionar los puntos importantes. La cinta nos cuenta la historia de una pareja en apariencia perfecta, conformada por Emma (Zendaya) y Charlie (Robert Pattinson); ella estadounidense, él inglés. Vemos su historia a manera de flashbacks desde el momento mismo de su primer encuentro, para ser testigos de su evolución hasta la actualidad, cuando faltan pocos días para casarse. La pareja es una de esas súper enamoradas que parecen ser compatibles en todo, del estilo que nos hacen odiar el patético y nada presumible historial amoroso que llevamos a cuestas o, en su defecto, nuestra perpetua soltería.
Con la boda acercándose y afinando los últimos preparativos, la pareja, en compañía de Rachel (Alana Haim) y Mike (Mamoudou Athie), un matrimonio amigo que al mismo tiempo hará las veces de padrino y dama de honor, después de tomar de más en la degustación de platillos para el evento, en un aparente juego inocente, estos últimos realizan la pregunta que lo cambiará todo, provocando que una de las partes que está por contraer nupcias exponga una situación de su pasado. Esto genera reacciones negativas entre el resto de los presentes y cambia para siempre la percepción que los tres tienen de quien ha revelado su más grande secreto, iniciando una espiral de caos alrededor de los involucrados y su mundo.
Esta es una de esas cintas donde la conversación se ha polarizado, debido al tema que trata y la manera en que ha sido abordado. La razón de esto se debe a que estamos ante una comedia negra que utiliza un tema por demás delicado, pero que, por los motivos que haya decidido el director, fue situada dentro de ese género. Una de esas producciones en las que, al momento de reír, puedes sentir culpa y preguntarte por qué lo haces, si eres consciente de que no deberías.
Si lo vemos como un producto cinematográfico, dejando el pensar personal de lado, que una película logre este tipo de reacción puede ser positivo si es llevado de buena manera, cosa que creo se logra en esta ocasión, ya que, una vez abandonada la sala, las ideas que se plantean permanecen bastante tiempo en la mente, tratando de analizar y comprender lo que acabas de ver, el actuar de todos los personajes y la forma en que enfrentan lo ocurrido.
Y es que esta no es una historia sobre la revelación, sino sobre seres que navegan dentro de una enorme escala de grises, donde todos muestran una gran hipocresía y doble moral en ciertos momentos, como si compitieran por ver quién está peor. Aun así, debido sobre todo a que la historia está contada a través de los ojos del personaje de Pattinson, esta apreciación tiene ciertas limitaciones y nunca llegamos a entender del todo las motivaciones y filtros morales con los que cada uno mide al resto. Esto, que para algunos puede ser un error de escritura, termina cimentando el discurso moral de la película y su crítica a la sociedad actual.
En algunos casos, las razones para realizar ciertas acciones nunca parecen lo suficientemente consistentes para las decisiones que se toman, por lo que tratamos de entenderlas, sobre todo en quien realiza la confesión; pero tenemos tan poco de dónde apoyarnos, y muestra tan poca culpa por lo que casi hizo, así como una explicación tan banal de por qué no ocurrió, que se puede entender a su contraparte: alguien que sigue sintiendo ese amor desbordado, pero que ahora duda si la persona en la que lo depositó realmente existe.
La historia nos plantea muchos cuestionamientos: ¿qué tanto conocemos a nuestras parejas y amigos en realidad? Pensar en hacer algo, aunque no lo hayamos hecho, ¿pesa lo suficiente como para cambiar la forma en que vemos a alguien? ¿Dónde inician y terminan nuestros límites sobre lo que consideramos moral y socialmente correcto o incorrecto? ¿Hemos llegado a banalizar y trivializar problemáticas sociales al punto de dejarlas pasar? ¿Cuántos de nosotros no hemos pensado en actos atroces que se han quedado en meros pensamientos?
La película no responde estas preguntas, ni lo pretende. Hace que los personajes se juzguen entre ellos y que nosotros hagamos lo propio desde nuestra escala de valores y vivencias, algo que se vuelve atractivo al generar múltiples interpretaciones. Estos personajes se convierten en la mayor fortaleza de la historia gracias a los afilados diálogos que aprovechan al máximo unos intérpretes en gran nivel.
Y ese es precisamente el otro aspecto fundamental que eleva este producto: sus actores. Zendaya y Robert Pattinson son, evidentemente, los dueños del show, entregando actuaciones que pueden posicionarse entre las mejores de sus carreras, interpretando personajes difíciles de empatizar, pero logrando transmitir cada emoción dentro del torbellino de situaciones que atraviesan.
Entre los secundarios, Jordyn Curet hace un excelente trabajo como la Emma adolescente, consolidándose como una de las revelaciones del año. Mamoudou Athie también destaca con una interpretación sólida como el amigo atrapado en el conflicto. Pero si hay alguien que merece mención especial (junto con el rechazo que su personaje puede generar) es Alana Haim, quien construye un personaje complejo y profundamente hipócrita; su interpretación ya es de las más comentadas del año, confirmando que Licorice Pizza no fue casualidad.
Resulta evidente que la cinta me ha cautivado; es mi tipo de cine y la disfruté enormemente. Sin embargo, no está exenta de detalles mejorables, como un tercer acto donde el director parece contenerse y optar por resoluciones más convencionales. Aun así, mantiene virtudes claras, como el montaje del propio Borgli, donde tiempos y realidades se entrelazan, algo ya visto en trabajos previos como Sick of Myself y Dream Scenario.
The Drama es una muy buena producción, pero también una que dependerá mucho del gusto personal. Lo que sí es seguro es que difícilmente dejará indiferente a quien se acerque a verla. Si tienen oportunidad de ver una película en estos días, esta es una opción más que recomendable.










