Project Hail Mary (2026)
Phil Lord y Christopher Miller son un par de directores que saltaron a la fama cuando realizaron su primer largometraje animado Cloudy with a Chance of Meatballs (2009). A este trabajo le seguirían la adaptación al cine de la serie 21 Jump Street (2012), The Lego Movie (2014) y la secuela de su segunda película, 22 Jump Street (2014). Aunque ese fue su último trabajo como directores, se han mantenido activos como escritores, creando guiones para varias cintas más de la serie Lego, así como desarrollando los de los megaéxitos animados Spider-Man: Into the Spider-Verse (2018) y su secuela Spider-Man: Across the Spider-Verse (2023).
Aunque la mayoría de su trabajo ha sido en el campo de la animación, este año han decidido regresar al cine de acción real, dirigiendo la cinta Project Hail Mary, basada en la novela homónima del escritor Andy Weir. Si les suena este nombre, es porque se trata de la misma mente que escribió The Martian, novela en la que se basa la película del mismo nombre dirigida por Ridley Scott en 2015, que logró siete nominaciones al Oscar ese año.
Tomando como referencia el estilo del escritor, podemos imaginar un poco de qué va la historia en esta ocasión, pero aun así les cuento: Ryland Grace (Ryan Gosling) es un astronauta que despierta en una nave espacial sin recordar quién es o por qué se encuentra ahí. Al poco tiempo descubre que es el único sobreviviente de una muy pequeña tripulación que lo acompañaba, por lo que debe resolver el misterio de lo sucedido en la nave, así como los motivos de su presencia en el espacio. Conforme la trama avanza, los recuerdos comienzan a llegar a su mente, presentados a manera de flashbacks, en los que vemos cómo fue reclutado por Eva Stratt (Sandra Hüller), encargada del proyecto ultrasecreto Hail Mary, cuya misión es investigar la aparición de unas partículas espaciales que parecen estar apagando el Sol, formando una franja entre este astro y Venus.
Una vez identificada la razón del fenómeno y descubierto que el Sol no ha sido la única estrella afectada, así como el hecho de que, de continuar, la existencia de la vida en la Tierra está destinada a la extinción, se desarrolla una misión para llegar hasta Tau Ceti, única estrella que parece haber sido inmune a esta situación. A pesar de su renuencia inicial y debido a una serie de circunstancias, Ryland se verá en la necesidad de viajar al espacio y, una vez que ha comenzado a recordar, continuar la misión que le ha sido encomendada en solitario, hasta el momento en que se topa con lo que parece ser otra nave en su destino, que está ahí por las mismas razones que la suya. Esto lo llevará a conocer a Rocky, un extraterrestre con el que deberá hacer equipo si quieren que ambos planetas logren sobrevivir.
Antes de entrar de lleno a lo que pienso de la cinta como producto cinematográfico, debo mencionar que me gustó mucho más de lo que esperaba, logrando que la disfrutara sin problema durante toda la función, haciéndome reír y conmoviéndome en los momentos adecuados; pero no por esto podemos ignorar que la trama no parece nada del otro mundo, ya que este tipo de historia ha sido contado antes. Ya sea en lo referente a viajes espaciales para evitar la extinción humana, como en Armageddon (1998); o sobre alguien que trata de sobrevivir en el espacio bajo condiciones extremas, como en Gravity (2013) o la ya citada The Martian; tampoco es nuevo el punto de especies distintas colaborando para sobrevivir, pues variantes hay muchas, como Enemy Mine (1985). Pues bien, Project Hail Mary parece contener elementos de todas estas películas, sin que esto afecte su eficacia para convertirse en una de las mejores cintas de ciencia ficción de los últimos años, debido a que logra equilibrar con precisión tanto los aspectos técnicos y serios de su planteamiento, como la carga emocional de sus personajes, sin dejar de lado un acabado visual sorprendente. Si he llegado a tener un problema con ella, es por las similitudes bastante evidentes entre el material en que se basa y otro texto que resulta misteriosamente cercano en su premisa, pero de eso hablaré al final, porque no es un problema directo de la película.
Empezando con la parte visual, y como ya se ha mencionado desde su estreno, Hail Mary es una odisea visual, cuyo mayor logro radica en la forma en que fue realizada. En esta producción se ha presumido no haber utilizado pantalla verde o azul en ninguna de sus tomas, recurriendo en cambio a efectos prácticos y sets recreados, con un uso muy limitado de CGI. Para que esto funcionara, los directores reunieron a un grupo de creativos capaces de materializar su visión: el cinematógrafo Greig Fraser, responsable de la fotografía de las dos primeras partes de Dune; el montajista Joel Negron, encargado de mantener el ritmo (aunque creo que pudo recortar unos quince minutos entre los últimos dos actos); además del enorme trabajo de diseño de producción de Charles Wood y la decoración de John Bush, ambos curtidos en varias cintas de Marvel; sin olvidar la magnífica música de Daniel Pemberton. Si la película resulta tan espectacular en sus apartados visuales y sonoros, es por el gran trabajo colectivo, mismo que, pese a su estreno temprano, sería extraño ver fuera de la conversación en la próxima temporada de premios. Esta producción deja claro de lo que es capaz el cine comercial cuando realmente se busca calidad en estos departamentos.
Pero nada de esto funcionaría sin el gran trabajo de Ryan Gosling, cuyo personaje resulta entrañable desde el inicio, logrando una evolución que conecta en todo momento. Su vena cómica vuelve a lucir, pero aquí la equilibra con vulnerabilidad y sensibilidad en los momentos precisos, dando una de las actuaciones más completas de su carrera. Y aunque esta es una cinta con un solo protagonista absoluto de carne y hueso, hay otros dos personajes dignos de mención: por un lado, Sandra Hüller, quien con pocas escenas cargadas de estoicismo vuelve a demostrar su nivel, confirmando —para quien aún lo dudara— que su momento en el karaoke es uno de los puntos más memorables del año; por otro, Rocky, quien, a pesar de ser una criatura de piedra que no gesticula, resulta tan carismático que se roba varios de los mejores momentos. Tres personajes que sostienen más de dos horas de metraje sin dificultad.
Esto nos deja el apartado narrativo, del que ya dije que no ofrece una historia particularmente original, lo cual aquí no pesa, ya sea por el buen trabajo de la dupla de directores o por el del guionista Drew Goddard, encargado de adaptar también The Martian. Su experiencia en productos de género como Cloverfield (2008), The Cabin in the Woods (2011) y World War Z (2013), así como en series como Angel, Lost o Daredevil, le permite manejar con soltura este tipo de relatos, logrando que todos los elementos encajen donde deben. Esto no es menor cuando el texto presume de ser ciencia ficción dura, pero incluye componentes claramente fantásticos. Tal vez detalles como la musculatura intacta del protagonista tras años en el espacio o su impecable corte de cabello resten algo de verosimilitud, pero no lo suficiente como para afectar la experiencia. Aquí la historia fluye, atrapa, divierte y enternece: cine comercial, sí, pero del bueno, algo que parece escasear últimamente.
Pero, como mencioné antes, hay algo que me acompañó durante toda la proyección, aunque no es culpa directa de los involucrados. Existe otra obra titulada Spaceman of Bohemia, del escritor Jaroslav Kalfař, publicada en 2017 —cuatro años antes de la novela en que se basa esta cinta— y que tuvo una poco destacada adaptación cinematográfica en 2024, protagonizada por Adam Sandler y producida por Netflix. Tal vez por el escaso impacto de ese proyecto, pocos la recuerdan, pero las similitudes son difíciles de ignorar: un científico convertido en astronauta contra su voluntad, un viaje en solitario para investigar partículas en el espacio, la presencia de un alienígena de forma arácnida en la nave, la relación que se construye entre ambos, los intentos de regresar a casa… Si bien el tono de ambas historias es muy distinto —siendo Spaceman mucho más densa—, resulta llamativo que compartan tantos elementos estructurales. Aun así, esto corresponde más a las fuentes literarias que a la película en sí.
Dejando este punto de lado, Project Hail Mary es, en definitiva, una gran película comercial, el primer gran título imprescindible del año y, si la tendencia continúa, también uno de los primeros éxitos de taquilla. Técnicamente impresionante y narrativamente eficaz, este es cine que debe verse en pantalla grande. Si aún no la han visto, háganlo: la van a disfrutar.










