El cuerpo también es tierra

Sobre La piel del vacío. Umbrales del cuerpo y la tierra, de Nadia Contreras

Este libro tiene una idea de fondo y por eso funciona: el cuerpo y la tierra se dañan igual. Se agrietan, se secan, se les acaba el agua. Contreras lo trabaja de manera indirecta, con escenarios que van cambiando —un consultorio médico, un canal de Xochimilco, la selva, el desierto de Coahuila— pero que siempre terminan tocando esa misma idea.

Lo que más me quedó de la lectura fue el poema del axolote. Es un animal que se niega a crecer, que se queda en su forma de larva toda la vida, metido en un canal cada vez más sucio. Contreras lo usa para hablar de algo que aparece después en otras partes del libro: cuerpos que se aferran a lo que fueron porque afuera todo se está echando a perder. Pasa lo mismo con el jaguar acorralado por la deforestación, o con el arrecife de coral que se va deshaciendo «sin testigos, sin testamento». Y pasa también, cambiando de escala, en los poemas sobre la diabetes: un páncreas que ya no da abasto es otra versión del mismo problema, un cuerpo que pierde el equilibrio del que dependía.

Los poemas sobre identidad van por ahí también, aunque de otro modo. «Mis piernas largas» o «Los travestis siempre lloran» hablan de la piel como algo que se transforma y que también puede recibir violencia. Es la misma preocupación ecológica, aplicada ahora al cuerpo social.

Contreras es periodista además de poeta y se nota en cómo mira. En el canal hay plástico entre las plantas. En el desierto, las huellas de los migrantes «se borran demasiado pronto». Todo un tramo del libro está escrito durante la pandemia y se lee más como crónica que como metáfora. La edición es bilingüe, con traducción de Don Cellini, y eso ayuda a que esta poesía, tan pegada al norte de México —sus animales, sus plantas, su desierto específico—, llegue a lectores que no leen español sin perder esa textura local.

Dentro de la poesía mexicana que habla de naturaleza, el nombre obligado es Homero Aridjis, que lleva desde los setenta mezclando defensa ambiental y poesía. En otro idioma, Mary Oliver hacía algo parecido con su atención a los animales y el paisaje, y Forrest Gander tiene ese mismo instinto de mirar la tierra para entender el cuerpo. Contreras se mueve en esa tradición, pero la lleva a un terreno más incómodo: un cuerpo que enferma, que migra, que cambia de forma y que duele.

Nadia Contreras nació en Quesería, Colima, en 1976, y vive desde hace años en Torreón. Tiene más de diez libros de poesía publicados, entre ellos Cuando el cielo se derrumbe, Presencias y Quedará el vacío, y dirige la editorial Bitácora de Vuelos. Su obra está traducida al inglés, portugués e italiano, y ha recibido becas del PECDA Coahuila y varios premios nacionales de poesía. Este libro se hizo con el apoyo del PECDA, en la categoría de trayectoria 2024, y confirma algo que ya se veía venir en su trabajo anterior: la memoria del cuerpo, ahora cruzada con la memoria de la tierra.

Título: La piel del vacío. Umbrales del cuerpo y la tierra
Autora: Nadia Contreras
Traductor: Don Cellini
Editorial: Editorial Raíces, California, EE. UU.
Edición: Bilingüe (español-inglés)
Primera edición: 2026
ISBN: 979-8906007377
Lugar de impresión: Estados Unidos

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*Renata Solís es periodista cultural radicada en Guadalajara. Su trabajo aborda la relación entre escritura y ecología.

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