El Pentathlón Deportivo Militarizado Universitario : una asociación civil detrás del uniforme

Hay palabras que, dependiendo del contexto, pueden provocar una idea inmediata. “Militarizado” es una de ellas.

En los últimos días, a raíz de acontecimientos que han puesto bajo discusión a las llamadas escuelas militarizadas, la conversación pública ha vuelto los ojos hacia instituciones que utilizan uniformes, disciplina, formaciones y métodos de instrucción inspirados en la organización militar.

En este contexto también puede surgir una pregunta: ¿qué es el Pentathlón Deportivo Militarizado Universitario?, ¿qué hace?, ¿cuál es su naturaleza?

La pregunta merece una respuesta, particularmente para quienes vivimos en Coahuila y conocemos la presencia que el Pentathlón tiene en Torreón y en distintos municipios del estado.

El Pentathlón Deportivo Militarizado Universitario es una asociación civil sin fines de lucro, con una trayectoria de 88 años dedicada a la formación integral mediante el deporte, la disciplina, el civismo, la cultura y el servicio.

Su historia comenzó en 1938, en las aulas de la Escuela Nacional de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México, cuando un grupo de estudiantes decidió crear una organización orientada a fortalecer la disciplina y la formación de la juventud.

Su denominación contiene una palabra que inevitablemente llama la atención: militarizado. Forma parte de una identidad construida históricamente alrededor de la organización, la disciplina, la uniformidad y métodos de adiestramiento inspirados en estructuras militares. El Pentathlón, sin embargo, tiene una naturaleza propia dentro de la sociedad civil y es independiente de las Fuerzas Armadas.

Quienes participan en sus actividades continúan siendo estudiantes de sus respectivas escuelas. El Pentathlón representa para ellos un espacio complementario de formación, convivencia y desarrollo.

Y quizá aquí comienza la parte de la historia que menos se conoce.

Porque cuando se habla del Pentathlón, muchas veces la primera imagen es la de una formación, una ceremonia o un grupo marchando. Pero el Pentathlón también es servicio.

Está en las jornadas de reforestación, en la limpieza y recuperación de espacios, en las campañas de apoyo a la ciudadanía, en las brigadas, en actividades de protección civil, colectas y otras acciones comunitarias.

Es ahí donde la disciplina adquiere otro significado: aprender que nuestras capacidades también pueden ponerse al servicio de los demás.

Un joven que aprende a trabajar en equipo puede llevar esa experiencia a su escuela. Quien aprende primeros auxilios puede algún día ayudar a otra persona. Quien participa en una reforestación comprende que el cuidado del medio ambiente requiere organización y compromiso. Y quien participa en una jornada comunitaria descubre que servir muchas veces significa simplemente estar dispuesto a ayudar.

Dentro de esta dinámica existe también una enseñanza fundamental de liderazgo: mandar obedeciendo. Primero se aprende a cumplir una responsabilidad, escuchar, trabajar en equipo y reconocer la autoridad; después, desde esa experiencia, se adquieren las herramientas para dirigir.

Así surge el liderazgo, no como una posición de privilegio, más bien como una responsabilidad frente a los demás.

En Torreón y en Coahuila, estas actividades forman parte de una presencia que busca mantenerse cercana a la comunidad.

Y existe otra faceta que merece ser contada, la deportiva.

El Pentathlón tiene una importante participación en competencias estatales y nacionales. En Coahuila, año con año, sus integrantes trabajan para representar al estado en los Juegos Nacionales Pentathlónicos, donde convergen diferentes disciplinas y pruebas que ponen a prueba las capacidades físicas, la preparación, la disciplina, los conocimientos y el trabajo colectivo.

Este año, Coahuila obtuvo el tercer lugar nacional, con resultados destacados en distintas competencias y pruebas de las áreas deportivas, militares e ideológicas.

Detrás de ese tercer lugar nacional existen meses de entrenamiento, sacrificios personales, viajes, preparación y trabajo de equipo. Hay jóvenes que entrenan antes o después de sus actividades escolares, familias que acompañan estos procesos e instructores que dedican horas de manera voluntaria.

El resultado deportivo es solamente una parte de la historia. La otra está en aprender a perder sin abandonar, competir respetando al adversario y comprender que representar a un estado implica responsabilidad.

La trayectoria deportiva del Pentathlón también ha trascendido sus propias competencias. A lo largo de su historia, sus filas han sido semillero de campeones estatales y nacionales, así como de deportistas que han llegado a escenarios panamericanos, mundiales y olímpicos, particularmente en disciplinas como la lucha olímpica.

Un ejemplo inolvidable es Soraya Jiménez, integrante del Pentathlón y posteriormente campeona olímpica de levantamiento de pesas. En los Juegos Olímpicos de Sídney 2000 obtuvo la medalla de oro y escribió una página fundamental en la historia del deporte mexicano.

El reconocimiento institucional también forma parte de esta trayectoria. En 1995, el Pentathlón Deportivo Militarizado Universitario recibió el Premio Nacional del Deporte, en reconocimiento a su labor de fomento y promoción deportiva.

Por eso, hablar del Pentathlón únicamente desde la imagen del uniforme sería reducir una historia mucho más amplia.

Detrás del uniforme hay deporte, cultura, disciplina, compañerismo, formación cívica, liderazgo y servicio comunitario.

Toda organización que trabaja con niñas, niños y jóvenes tiene también la responsabilidad de generar espacios seguros, contar con personas capacitadas y fortalecer permanentemente sus mecanismos de protección y acompañamiento. Las instituciones deben ser capaces de revisarse, escuchar y mejorar.

El contexto actual puede ser una oportunidad para hacerlo, pero también para comunicar mejor quién es el Pentathlón.

Durante mucho tiempo quizá dejamos que el uniforme hablara por nosotros. Hoy es necesario contar nuestras historias: mostrar las jornadas de servicio, las actividades deportivas, las competencias, las acciones comunitarias y el trabajo que realizan sus integrantes en Coahuila.

Porque una institución con 88 años de historia no puede explicarse únicamente a través de una fotografía.

Se explica a través de sus generaciones, de sus atletas, de sus instructores, de sus familias y de las comunidades donde participa.

Y aquí aparece quizá el sentido más profundo de todas estas acciones. Para el Pentathlón, el deporte, la disciplina, el estudio, el liderazgo y el servicio son medios para alcanzar una finalidad mayor: la grandeza de la Patria.

Después de 88 años, el reto también consiste en comunicar mejor esta historia y permitir que la sociedad conozca lo que existe detrás de un uniforme: generaciones de jóvenes, familias, instructores, atletas y ciudadanos que han encontrado en esta institución un espacio para formarse y aportar a su comunidad.

En Coahuila, esa historia continúa. Se escribe en los centros de instrucción, en las competencias, en las jornadas de servicio y en cada municipio donde sus integrantes participan.

Porque una institución no se define únicamente por lo que lleva puesto, sino por aquello que construye con los valores que profesa.

El Pentathlón se explica desde su historia, pero sobre todo desde sus acciones: formarse para servir y servir para contribuir a la grandeza de la Patria.

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