Spider-Man: Brand New Day (2026)

Hace poco más de diez años se anunció a Tom Holland como el nuevo Spiderman, teniendo su primera aparición como personaje secundario en Capitán América: Civil War (2016). Si bien su interpretación como el superhéroe fue bien recibida, no fueron pocos los que consideraron que no había pasado el tiempo suficiente desde la versión anterior (sólo habían transcurrido 2 años desde la última cinta con Andrew Garfield como protagonista) para que fuera necesario volver a lanzar el personaje a la pantalla grande.

Teniendo en cuenta que una participación especial no se equipara a cargar por completo con una película sobre tus hombros, cuando se hizo público que una nueva cinta del superhéroe se estrenaría tan sólo un año después, el público no sabía que esperar. Entonces llegó a los cines Spider-Man: Homecoming, dirigida por el casi desconocido Jon Watts. La gente enloqueció y la película se convirtió en un éxito económico, posicionándose como la sexta más taquillera del año a escala global y la más redituable para el cine de superhéroes de ese año.

Cada una de las dos secuelas, Far from Home (2019) y No Way Home (2021) consiguieron recaudaciones cada una mayor que la anterior, siendo esta última la más taquillera a escala mundial de su año, aunque ambas lograron un cálido recibimiento de público y crítica, sobre todo la última, la cual es posiblemente el uso del fan service más grande y mejor empleado del que se tenga memoria. Con un cierre de esa magnitud para una trilogía de estudio casi impecable, una cuarta entrega parecía tener muy difícil el lograr equiparar a sus predecesoras.

Quienes vimos las películas de Jon Watts sabemos que estas se centran en un momento en la vida del protagonista en la que es casi una película romántica adolescente, donde vemos el primer amor, las ilusiones de un futuro prometedor, los sueños en conjunto y todo lo que acompaña a la estupidez juvenil (no dicho como algo negativo). Pero luego llegó el final que todos conocemos, los años pasaron, cinco en total, la vida adulta comienza a aparecer y las cosas no pueden ser retratadas como en las cintas anteriores, puesto que la madurez hace su aparición, de la misma forma que lo hacen todas esas cuestiones que comienzan a deslavar nuestro mundo hasta volverlo de un gris que parece imposible de evitar conforme avanzan los años.

Y es donde entra Destin Daniel Cretton, quien ha tomado las riendas de este proyecto (Watts alegó agotamiento por las producciones maquiladas, prefiriendo centrarse en proyectos más personales), uno más maduro y, dentro lo posible, oscuro que los anteriores. Algo que tiene todo el sentido del mundo si vemos la vida en que se ha sumido Peter Parker (Tom Holland en su mejor interpretación del personaje hasta el momento), quien ya no es un adolescente, ha perdido todo y ahora vive recluido en un departamento de azotea como civil; pero que, aferrándose a lo poco que le queda, su alter ego, ha logrado el reconocimiento y amor público por sus actos heroicos, a pesar de que nadie, ni los Avengers, sus amigos o el amor de su vida MJ (una Zendaya cumplidora reducida en peso como personaje, pero no como presencia catalizadora) recuerdan haberlo conocido.  

Y aquí viene el otro cambio en la historia, uno por demás interesante: a diferencia de las otras entregas, en esta el villano a vencer no lo es en realidad (sin más información, porque spoilers). Se trata de otra alma atormentada que busca lo mismo que Peter, encontrar su lugar, mientras trata de realizar sus dudosos actos heroicos, aunque estos no lo parezcan.

Si bien no me ha agradado del todo el uso de ese personaje —mi favorito de todo Marvel—, debo reconocer que está interpretado de manera muy efectiva, por lo que su futuro dentro del MCU debería tener mucho peso. No puedo decir más al respecto. Aunque la película ya superó el billón de dólares y probablemente muchos sepan de quién hablo, prefiero no arruinar la sorpresa para quienes aún no la descubren.

Otro punto que a mi parecer fue muy bien llevado, si seguimos hablando de los villanos, es que, los que vimos el trailer, pudimos sentir una saturación de estos, temiendo se repitiera el error cometido en The Amazing Spider-Man 2 (2014), en la que la cantidad de personajes impidió un desarrollo orgánico de estos, volviendo un caos la trama. Pues aquí, salvo el principal y Scorpion (Michael Mando) quien ya había aparecido en una entrega anterior, el resto son utilizados únicamente en un montaje donde vemos como Spider-Man los ha capturado uno por uno.

El verdadero villano en este caso no es otro más que el gobierno, en la forma de DODC (Departamento de Control de Daños) y su líder William Metzger (Tramell Tillman), quien no se tienta el corazón con tal de que su organización consiga lo que quiera. Esto vuelve la historia menos fantasiosa (sin eliminar esto que es vital para el género), pero embona a la perfección con ese aire de realidad con la que se ha rodeado al personaje principal.

Pero eso no quiere decir que la película no sea espectacular, porque lo es. Esto es cine, enorme, lleno de acción y con grandes escenas que hacen emocionar al público, la película no da respiro, incluso en las que el ritmo trepidante baja y se da espacio para algunas de mayor carga emocional. Las relacionadas con la tía May (Marisa Tomei) y una en específico entre el protagonista y MJ, son las que mejor ejemplifican esto.

Incluso, aceptando que esta cinta es parte de un universo más grande, las adiciones de Yelena Belova (Florence Pugh) y un Frank Castle (Jon Bernthal) con mucho más peso del que se pudo pensar por la publicidad, se dan de una forma mucho más orgánica de la fórmula a la que Marvel nos tiene acostumbrados. En esta historia nada se siente forzado, las interacciones fluyen y la historia avanza sin tropezar. Algo que se vuelve el principal logro de Destin Daniel Cretton, quien demuestra que, en mancuerna con el trio de guionistas que se encargaron de la escritura, su selección fue una sabia decisión por parte del estudio.

No hay mucho más que decir, y sin saber todavía que pasará con Avengers: Doomsday que se estrena en la recta final del año, posiblemente estamos ante la película de superhéroes del 2026 y una de las, si no la más, taquilleras. Excelente ritmo, actuaciones solventes, un gran uso de los efectos visuales y mucha diversión, es lo que le espera a todo aquel que vaya a ver esta película. Una superproducción de estudio bien hecha, efectiva y llena de emoción, que es como este tipo de películas debe realizarse. Spider-Man vuelve a salvar Nueva York. Y, de paso, le recuerda al cine de superhéroes por qué alguna vez conquistó al público.

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