Leviticus (2026)
Tal vez esta semana tendría que haber escrito sobre Toy Story 5, pero he decidido hacerlo sobre esta pequeña cinta por tres factores: el primero es que se trata de una historia de terror, género que he reiterado es mi favorito; el segundo es que nos encontramos en la última semana de junio, mes relacionado al orgullo LGBT + y esta película lo tiene como eje central; el tercero y último es que estamos ante una de las películas mejor calificadas del año, motivo que debería bastar para tratar de darle más foco del que ha tenido, ya que lo merece.
Hablando un poco de la cinta antes de profundizar en su trama, se trata del debut del director australiano Adrian Chiarella, que fue estrenada en la sección Midnight del pasado Festival de Cine de Sundance, donde despertó tan buenos comentarios que Neon luchó por sus derechos hasta hacerse con ellos. En esta ocasión, ¿los supuestos 5 millones que gastó la distribuidora fueron bien invertidos? En un año donde hemos tenido cintas del género tan alabadas como Undertone, Obsession o Backrooms, sin dudar puedo decir que Leviticus sigue manteniendo la racha de calidad que hasta esta mitad del año nos han regalado a los fanáticos del terror.
Ahora sí, ¿de qué trata? Naim (Joe Bird) es un adolescente que, debido a la muerte de su padre, se ha mudado a una pequeña comunidad semi rural por decisión de su madre Arlen (Mia Wasikowska), quien dice haber decidido residir ahí, porque sentía la necesidad de pertenecer a un lugar como ese. Naim conoce en la escuela a otro adolescente, Ryan (Stacy Clausen), con quien pasa sus tardes perdiendo el tiempo, hasta que un día, al adentrarse en un molino abandonado, ambos jóvenes terminan besándose, demostrando que ambos sienten atracción por el otro. Esto, que no tendría por qué ser un problema, termina volviéndose por dos factores; el primero es que la comunidad en la que viven está dominada por un grupo extremo cristiano ultraconservador; el segundo, porque debido a ciertas situaciones, los padres del segundo terminan descubriendo lo que sucede con su hijo, lo que provoca que busquen ayuda en un pastor de métodos extremos para “curarlo”. Debido a esto, los jóvenes terminan expuestos a una presencia que los perseguirá en la forma que menos podían pensar, poniendo en riesgo sus vidas en caso de no acatar ciertas reglas impuestas por la sociedad en la que viven.
Leviticus es una película que podríamos catalogar como “terror elevado”, por lo que toca diferentes temas y lo hace de manera directa, sin muchos rodeos. Por esto es imposible no darse cuenta de que estamos ante una historia que critica abiertamente a la sociedad conservadora y, sobre todo, las tan polémicas terapias de conversión. Y no es que esto sea nuevo, la Técnica Ludovico que aparece en A Clockwork Orange (1971) está basada en estas terapias de aversión, que es como deberían llamarse, ya que esa es la manera en que trabajan, funcionando bajo el esquema de un condicionamiento clásico que busca generar miedo y aversión para ciertas conductas, provocando malestar extremo en la persona para con cierto estímulo, como es en este caso la atracción física y emocional para con personas del mismo sexo, resultando, en la mayoría de los casos, en casos graves o incluso irreparables, para la mente de quien es expuesto a estas.
Tomando el nada agraciado título en español “Ritual de Sangre”, es que vemos como los protagonistas son sometidos a este tipo de prácticas, todo bajo la protección de una religión que ha enajenado al pueblo entero en que viven. En un momento histórico donde la extrema derecha parece avanzar a pasos agigantados y con un retroceso evidente en los derechos humanos de muchas minorías, un producto como este resulta necesario y por demás realista. Claro que estamos hablando de una historia donde una fuerza o espíritu acecha a los protagonistas, que los hace temer de la persona que aman, pero eso es precisamente lo que hacen este tipo de torturas, hacer que la gente termine viviendo con miedo, privándolos de su libertad emocional al grado de acercarse a la locura.
Pero si he dicho que el tema como tal se ha tratado desde otras perspectivas, ¿Qué hace a esta película especial? La respuesta es el guión escrito por el propio Chiarella, quien logra una mezcla de géneros y variantes para manejar un tema ya visto. Claro, estamos ante una historia de terror, pero también se trata de una coming of age donde los protagonistas son obligados a madurar de golpe en un mundo que los rechaza por lo que son, como también funciona hasta cierto punto como una historia romántica queer. Y aquí es donde se encuentra el punto fuerte de la historia, porque, a pesar de que se hay una atracción entre los protagonistas, no estamos ante una trama romántica como tal, ya que aquí, sobre todo al tratarse de adolescentes, los personajes se encuentran en una búsqueda constante por descubrirse, pero, sobre todo, luchan con lo sentimientos y emociones que los desbordan.
La película inicia de manera romántica, pero no transcurre mucho tiempo antes de que las traiciones y los celos se hagan presentes, los protagonistas no son buenos o malos, son personas con todo lo que eso conlleva, incluso llegando hasta cierto punto de toxicidad en las acciones que realizan. Esto provoca que sean ellos mismos los artífices de su ruina, no por ser lo que son, sino por las decisiones tomadas, ya que los villanos siguen siendo todos aquellos que los rodean.
Y es aquí donde aparecen los verdaderos monstruos, en las figuras de una sociedad donde la misma policía, en lugar de proteger a la persona que llega a gritar que acaba de ver un asesinato, decide acusar a esta persona por algo que consideran moralmente aberrante, dando espacio a que unos padres prefieran el sufrimiento de sus hijos antes que aceptar que estos no son lo que ellos y su pensar habían deseado, y es ahí donde recae el peso argumental, porque puede que una figura espectral los persiga, pero nunca se siente tanto miedo en los protagonistas, como cuando saben que alguno de los adultos o supuestos seres queridos puede descubrirlos y volver sus vidas un infierno.
Esta es una película que, si bien tiene un uso modesto pero logrado de efectos especiales, así como una ejecución técnica más efectiva que llamativa, basa su fuerza en la tensión lograda por el director y, sobre todo, por las actuaciones de todo el reparto, que se sostiene sobre todo por las actuaciones solventes, profundas y dolorosas de Joe Bird y Stacy Clausen, quienes ya se han ganado un lugar como jóvenes promesas; pero también debe hacerse un hueco especial para Mia Wasikowska, como una mujer cegada por el fanatismo, capaz de atrocidades en contra de su propio hijo, en pro de lo que ella considera correcto, por mucho, una de sus mejores actuaciones hasta el momento.
Leviticus es una película casi redonda, que pudo favorecerse de algunos minutos más (tiene una duración de menos de hora y media) para profundizar en cuestiones como la relación entre los protagonistas y algunos motivos para ciertas acciones, así como ahondar en la mitología que nunca llega a explicarse, tal vez porque como he dicho, el mal principal no es sobrenatural, pero nunca llegamos a saber del todo que es lo que persigue a estos jóvenes. Aún así, es una muy buena realización, que logra el balance exacto entre drama y terror, por lo que vale mucho la pena en caso de topársela en cartelera en la que posiblemente sea su última semana de exhibición, en medio de un verano donde unos juguetes animados han regresado y Kara Zor-El ha debutado en solitario con Supergirl.










