Disclosure Day (2026)

Te guste o no su filmografía, es imposible negar que Steven Spielberg es uno de los grandes maestros del cine, con múltiples películas ya consideradas clásicas, así como un antes y un después en lo que se refiere a avances e innovación en el séptimo arte y la manera en que este es vendido. Por lo anterior es que, cada que se anuncia un proyecto de su autoría, las expectativas se elevan por los cielos.

Ese es el caso de su nueva cinta, Disclosure Day, misma que estuvo rodeada de un gran secretismo y de la que sabíamos poco sobre su trama, ya que los tráilers no daban muchas pistas y el propio director dejó en claro que ninguna escena del tercer acto sería mostrada hasta el momento de su proyección, lo cual se agradece demasiado en la actualidad. Viniendo de encadenar dos proyectos donde volvió a demostrar su maestría en la dirección, como fueron el remake de West Side Story (2021) y la semiautobiográfica The Fabelmans (2022), la vara con la que esta producción sería medida estaba muy alta, sobre todo al tratarse de un producto que pertenece a la ciencia ficción, principal género con el que se relaciona al director.

Ahora que la película ha podido ser vista, ¿está a la altura de las expectativas? En esta ocasión la respuesta no es tan sencilla, ya que la cinta ha resultado divisiva y, tratándose de Spielberg, nunca podemos simplificar tanto las cosas.

Primero hablemos de la trama, que sigue a dos personajes centrales. El primero es Daniel Kellner (Josh O’Connor), un experto en ciberseguridad reclutado por la empresa Wardex, ajena al gobierno, pero que trabaja con él y se dedica tanto a recabar como a esconder todo tipo de información sobre la vida extraterrestre. Desde los primeros minutos sabemos que Daniel está siendo chantajeado, ya que ha robado secretos de la empresa donde labora, por lo que han secuestrado a su novia Jane (Eve Hewson), a quien devolverán si les regresa la información. Gracias a que Daniel se ha hecho con un dispositivo aparentemente peligroso, logra escapar junto a su pareja y, siguiendo las indicaciones de Hugo Wakefield (Colman Domingo), otro exempleado disidente de Wardex, consigue esconderse hasta que la siguiente parte de un supuesto plan mayor entre en acción.

A la par conocemos a Margaret Fairchild (Emily Blunt), una meteoróloga de una pequeña estación televisiva en Kansas City, quien parece no encontrar su lugar en el mundo, ya que se ha mudado varias veces buscando algo que ni ella misma sabe qué es. Vive con su novio Jackson (Wyatt Russell), quien la ama, pero parece estar cansado de los constantes cambios de residencia. Un día, Margaret comienza a experimentar situaciones extrañas, como hablar idiomas que no dominaba y leer la mente de los demás. Esto provoca que termine en el hospital, de donde se fuga al percibir peligro, siendo contactada por el mismo Hugo Wakefield, quien parece estar al tanto de su existencia y de su importancia en el ya mencionado plan mayor, por lo que la guía para ayudarla a escapar y encontrar a Daniel.

A partir de este momento, el camino de los dos protagonistas se cruzará mientras son perseguidos por Wardex y su villanesco líder, Noah Scanlon (Colin Firth), quien hará lo que sea necesario con tal de que la información robada no llegue a ser publicada y distribuida entre la humanidad, ya que creen que esto, en lugar de calmar el tenso clima político en que se encuentra el mundo, terminará provocando caos y una posible destrucción del entramado social.

La historia, desarrollada por el propio Spielberg y con guion de David Koepp, suena interesante y la verdad es que lo es. Un par de desconocidos que parecen estar conectados sin entender la razón, que no tienen muchos recuerdos anteriores a los diez años y que por misteriosos motivos son perseguidos por una organización que busca ocultar la verdad que ambos pueden revelar a la humanidad, es algo que por sí solo ya resulta llamativo; la cuestión es que lleva siéndolo desde hace treinta años, cuando este tipo de intrigas saturaban las pantallas de cine en una infinidad de producciones.

Disclosure Day no es una mala película, para nada, porque resulta casi imposible pensar que el director falle por completo en una de sus producciones. Lo que juega en contra es que, en esta ocasión, pareciera que se ha copiado a sí mismo, repitiendo sus obsesiones y temas favoritos, pero sin mostrar nada que no hayamos visto antes. Y venga, esta no sería ni la primera ni la última película que toca lugares y temas comunes, pero aquí el peso de su creador es tan grande que se espera más.

En el plano personal, la verdad es que la disfruté mucho y creo que cuenta con varios puntos a favor, como su mensaje optimista y empático en un momento social en el que esas cualidades parecen haberse perdido. Si nos ponemos críticos, claro, la cinta peca de ingenua y llega a sentirse obsoleta en su mensaje, sobre todo si tomamos como referencia la reciente filtración de los archivos relacionados con Jeffrey Epstein, que están al alcance de todos y en los que se relatan una serie de atrocidades que parece no haberle importado a casi nadie.

Tal vez por esto Spielberg decidió que la filtración debía darse por medio televisivo. A pesar de ya no ser el principal medio de información, todavía goza de un poco más de credibilidad en comparación con internet, donde grandes cantidades de información son mostradas día con día, pero cuya veracidad la mayoría pone en duda o termina polarizando. Aun así, esta decisión es posiblemente la que más juega en contra de la trama, ya que escoger una cadena tan pequeña, en lugar de una de mayor tamaño y poder, vuelve un poco increíble lo que vemos.

Pero venga, este es Spielberg y sabemos que lo suyo es la fantasía; una donde las cosas son blancas o negras, donde hay villanos y héroes, por lo que no esperamos una copia fidedigna de la realidad. En este sentido, posiblemente su guion tampoco esté del todo logrado, ya que, empezando por sus personajes masculinos, la trama hace agua por todas partes. Empezando con su villano, que nunca termina de ser tan temible como nos lo quiere vender, con una trama de fondo vista hasta el cansancio para justificar sus actos, pero uno que, cuando está cerca de lograr su cometido, no hace nada al respecto porque ha sido invadido por un repentino ataque de moralidad y bondad. El personaje de Josh O’Connor es otro que nunca termina por despegar, ya que parece más un acompañamiento que el centro de un todo. Del que se escribió para Wyatt Russell mejor no hablo, porque me provocaba meterme a la pantalla para golpearlo.

Eso nos deja a las mujeres. Primero a Eve Hewson, que está ahí solo para jugar la carta de ciencia vs. religión, hechos vs. fe, pero cuya parte romántica con el protagonista carece de toda química posible. Entonces tiene que llegar Emily Blunt a levantar el evento, ya que parece ser la única que se salva en este sentido. Su vena cómica cuando usa sus poderes es de lo mejor de la película, así como sus escenas dramáticas, sobre todo una dentro de un tren. Nótese que estoy hablando de sus personajes, ya que los actores, salvo un poco de sobreactuación en el caso del villano, todos hacen lo mejor con lo que se les ha dado; es decir, un cúmulo de clichés y situaciones por demás descabelladas.

Sobre esto no me refiero a la trama en general, sino a ciertas situaciones que provocaron risas e incredulidad en la sala. La cinta maneja buen ritmo, las persecuciones están muy bien realizadas, la tensión se puede sentir (a pesar de saber que los buenos ganarán, porque el director ama eso), pero hay dos casos en particular que dejan mucho que desear.

El primero es uno donde el protagonista se acerca caminando, apenas cubriéndose y haciendo más ruido que un elefante dentro de una cristalería, al lugar donde se encuentra un comando armado, entrenado y que cuenta con todo tipo de tecnología para detectarlo; pero no, el puede acercarse sin ser visto, robar un auto y lograr escapar. El segundo es parecido y ocurre poco después: con apenas unos metros de distancia entre héroes y villanos, los primeros tienen tiempo de sobra para crear una trampa distractora y luego alejarse casi caminando, mientras el comando parece haber olvidado su cerebro en casa. Este tipo de situaciones podría funcionar en el cine infantil, pero no en una producción de un maestro como Spielberg.

Pero volviendo a la trama, se puede entender lo que el director quiso decir, incluso en su tan criticado final, donde estamos tan cerca de escuchar aquello que toda la película nos ha prometido que vamos a oír. Sin embargo, si hay algo que retumbó en mi cabeza durante toda la proyección, fue una sensación de déjà vu, de estar viendo algo que ya se había hecho antes.

Sin serlo como tal, esta cinta podría funcionar sin problemas como una secuela espiritual de Close Encounters of the Third Kind (1977), obra maestra del realizador; pero, sobre todo, no pude quitarme de la cabeza que estaba viendo una versión diluida de una miniserie que Spielberg produjo en 2002, de nombre Taken, donde se nos narran tres generaciones de tres familias relacionadas con el fenómeno FANI (antes OVNI), y en la cual vemos prácticamente todo lo que se nos muestra en los tan buscados y resguardados archivos robados en esta cinta. Nuevamente, como si la creatividad hubiera fallado al momento de definir la trama.

Al final, Disclosure Day no es el evento cinematográfico del año como se nos quiso vender, ya que queda muy por debajo de otros trabajos del género del director, como Minority Report (2002), de la que toma bastante prestado, y sobre todo War of the Worlds (2005), donde ya nos había demostrado sus alcances. Claro que el tono y el mensaje son diferentes en estas comparaciones, pero sirven para dejar en claro que, si bien sólo dentro de la escala Spielberg, este es un trabajo intermedio: nunca malo, pero lejos de sus mejores obras.

Una cinta entretenida, pero que parece batallar para encontrar un tono central, con diversos temas que difuminan un mensaje que, si bien se entiende, trata de reiterarse tanto que termina perdiéndose entre todos los demás. Vale la pena verla en cine, sí, por diversos aspectos, ya sean técnicos o porque este es cine enorme de Hollywood diseñado para ello; pero dudo mucho que dentro de unos años llegue a haber una escena o secuencia que sea recordada como ocurre con otros de sus trabajos.

Aun así, un Spielberg medio tiende a ser mejor que grandes trabajos de otros directores. Esperemos que su próximo viaje al género que lo encumbró lo regrese al lugar que durante tantos años le perteneció como rey de este, porque en esta ocasión ha quedado un poco por debajo.

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