{"id":8145,"date":"2026-08-20T23:13:59","date_gmt":"2026-08-20T23:13:59","guid":{"rendered":"https:\/\/lavereda.com.mx\/?p=8145"},"modified":"2026-08-20T23:14:39","modified_gmt":"2026-08-20T23:14:39","slug":"un-largo-adios-que-no-se-acaba-escribir-contra-el-olvido","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/lavereda.com.mx\/index.php\/2026\/08\/20\/un-largo-adios-que-no-se-acaba-escribir-contra-el-olvido\/","title":{"rendered":"Un largo adi\u00f3s que no se acaba: escribir contra el olvido"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading\"><em>Rese\u00f1a<\/em><\/h4>\n\n\n\n<p>A Teresa tambi\u00e9n le dec\u00edan Teresirena.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo pens\u00e9 varias veces mientras le\u00eda <em>Un largo adi\u00f3s que no se acaba<\/em>, de Alfredo Loera. Una mujer llamada Teresa convertida en sirena, y despu\u00e9s sus cenizas entregadas al mar. Hay algo de destino en esa imagen. Como si incluso despu\u00e9s de la muerte hubiera una manera de regresar al agua, de volver a ese sitio donde las cosas no desaparecen del todo, s\u00f3lo cambian de forma.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo conoc\u00ed a Teresa Mu\u00f1oz cuando dirig\u00eda Casa Mud\u00e9jar. No fuimos cercanas, pero la recuerdo. Recuerdo tambi\u00e9n haberla le\u00eddo durante a\u00f1os en las p\u00e1ginas de <em>La Vereda<\/em>. A Alfredo lo conoc\u00ed pr\u00e1cticamente al mismo tiempo. Por eso, al abrir este libro, no encontr\u00e9 \u00fanicamente a dos nombres de la cultura lagunera. Encontr\u00e9 a dos personas que alguna vez coincidieron con mi propia historia de lectora.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay una pregunta que aparece en alg\u00fan momento de estas p\u00e1ginas: \u00bfpuede la poes\u00eda devolvernos a quienes hemos perdido?<\/p>\n\n\n\n<p>La respuesta parece sencilla. No.<\/p>\n\n\n\n<p>Ninguna palabra devuelve una voz. Ning\u00fan poema consigue que alguien vuelva a abrir los ojos, a entrar por una puerta, a sentarse frente a nosotros. Ninguna p\u00e1gina puede negociar con la muerte.<\/p>\n\n\n\n<p>Y, sin embargo, Alfredo escribe.<\/p>\n\n\n\n<p>Quiz\u00e1 porque hay p\u00e9rdidas que no saben quedarse calladas.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Un largo adi\u00f3s que no se acaba<\/em> nace de los \u00faltimos meses de Teresa, de la enfermedad, de los hospitales, de la espera y de esa forma tan extra\u00f1a en que el tiempo comienza a medirse cuando sabemos que alguien puede morir. Hay d\u00edas que parecen interminables y, al mismo tiempo, demasiado breves. Hay momentos en los que todav\u00eda se hacen planes, aunque una parte de nosotros ya sepa que quiz\u00e1 no habr\u00e1 futuro para cumplirlos.<\/p>\n\n\n\n<p>El c\u00e1ncer aparece en estas p\u00e1ginas como una enfermedad del cuerpo, pero tambi\u00e9n como una grieta que alcanza todo lo dem\u00e1s. Cambia las rutinas, las conversaciones, los silencios. Cambia incluso la manera de mirar a la persona que amamos.<\/p>\n\n\n\n<p>Alfredo menciona en el libro los diecisiete a\u00f1os de diferencia entre Teresa y \u00e9l. Y pienso: \u00bfa qui\u00e9n carajos deber\u00eda importarle esa diferencia?<\/p>\n\n\n\n<p>Diecisiete a\u00f1os frente a una vida compartida son apenas una cifra.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que importa est\u00e1 en otra parte.<\/p>\n\n\n\n<p>En las noches. En los libros. En las conversaciones. En el deseo. En las discusiones. En aprender a mirar al otro y descubrir que todav\u00eda puede sorprendernos.<\/p>\n\n\n\n<p>El amor, cuando ocurre de verdad, pocas veces pregunta por las fechas de nacimiento.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay un poema que me detuvo:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p><em>\u00abC\u00f3mo te amaba<br>\u00bfLo recuerdas?<br>Tra\u00edamos vinos, canciones y muerte<br>Tir\u00e1bamos los dados<br>Ret\u00e1bamos a Dios<br>A que nos partiera con un rayo.\u00bb<\/em><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>Me gusta pensar en esos dos j\u00f3venes que alguna vez fueron ellos. No en los que aparecen al final de la historia, rodeados de hospitales y despedidas, sino en los que beb\u00edan vino, dec\u00edan versos, hablaban de la muerte y se atrev\u00edan a retar a Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Porque antes de la enfermedad estuvo la vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Antes del hospital estuvo el deseo.<\/p>\n\n\n\n<p>Antes de la ausencia estuvo Teresa.<\/p>\n\n\n\n<p>Y antes del duelo estuvo el amor.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay otro fragmento que me persigui\u00f3 durante la lectura:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p><em>\u00abY susurrabas en mi o\u00eddo blasfemias hermosas<br>Y yo las repet\u00eda<br>De poetas muertos en lenguas extra\u00f1as.\u00bb<\/em><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>Quiz\u00e1 aqu\u00ed entend\u00ed por qu\u00e9 esta historia me resulta tan cercana.<\/p>\n\n\n\n<p>Juan me lleva diez a\u00f1os. Y tambi\u00e9n nosotros somos, de alguna manera, musa y poeta. Pero esa palabra, musa, me interesa cada vez menos cuando se utiliza para colocar a una mujer frente al hombre que escribe sobre ella. Porque una mujer puede inspirar, pero tambi\u00e9n puede ense\u00f1ar. Puede ser admirada y, al mismo tiempo, admirar. Puede convertirse en la maestra de quien la ama.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo he aprendido mucho de Juan. De sus lecturas, de sus conversaciones, de su manera de acercarse a la poes\u00eda. Hay aprendizajes literarios que le debo a \u00e9l. Y quiz\u00e1 por eso puedo entender un poco la relaci\u00f3n de Teresa y Alfredo.<\/p>\n\n\n\n<p>Porque enamorarse tambi\u00e9n puede ser eso: encontrar a alguien que ensancha el mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Alguien que nos presta palabras que despu\u00e9s hacemos nuestras.<\/p>\n\n\n\n<p>Alguien cuya manera de mirar termina modificando la nuestra.<\/p>\n\n\n\n<p>Eso hay entre Teresa y Alfredo. Una admiraci\u00f3n que no parece detenerse en la diferencia de edades ni en los papeles que cada uno ocupa. \u00c9l admiraba a la mujer, pero tambi\u00e9n a la escritora. A la mujer que sab\u00eda, que le\u00eda, que pensaba, que pod\u00eda abrirle una puerta hacia otro sitio.<\/p>\n\n\n\n<p>Y hay algo profundamente po\u00e9tico en eso.<\/p>\n\n\n\n<p>Dos personas que se encuentran y, en lugar de reducirse, se expanden.<\/p>\n\n\n\n<p>Antes de ser madre, antes de convertirse en escritora, actriz o promotora cultural, Teresa fue una mujer.<\/p>\n\n\n\n<p>Me importa decirlo.<\/p>\n\n\n\n<p>Porque a las mujeres se nos va borrando poco a poco detr\u00e1s de los nombres que otros nos colocan: madre, esposa, hija, cuidadora, se\u00f1ora. A veces parece que envejecer significa pedir permiso para seguir siendo deseables. Que despu\u00e9s de cierta edad debemos dejar de mirarnos con vanidad, de vestirnos para nosotras mismas, de querer sentirnos atractivas.<\/p>\n\n\n\n<p>Teresa no parece haber aceptado ese pacto.<\/p>\n\n\n\n<p>Y eso tambi\u00e9n aparece en el recuerdo que deja.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay algo profundamente vital en una mujer que se niega a desaparecer antes de tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso no quiero recordar a Teresa \u00fanicamente desde la enfermedad. El c\u00e1ncer ocupa buena parte de estas p\u00e1ginas, pero Teresa no es el c\u00e1ncer. Teresa es tambi\u00e9n la mujer que am\u00f3, que dese\u00f3, que escribi\u00f3, que ley\u00f3, que discuti\u00f3, que se rio, que tuvo hijos, que hizo cultura y que quiso seguir siendo ella.<\/p>\n\n\n\n<p>Eso me parece una de las mayores virtudes del libro: Alfredo escribe desde la p\u00e9rdida, pero no permite que la p\u00e9rdida se convierta en la \u00fanica identidad de Teresa.<\/p>\n\n\n\n<p>La memoria, entonces, adquiere otra dimensi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Recordar no es solamente traer de vuelta a quien muri\u00f3. Tambi\u00e9n es devolverle todas las versiones que la muerte podr\u00eda borrar.<\/p>\n\n\n\n<p>La mujer enferma.<\/p>\n\n\n\n<p>La mujer enamorada.<\/p>\n\n\n\n<p>La escritora.<\/p>\n\n\n\n<p>La madre.<\/p>\n\n\n\n<p>La actriz.<\/p>\n\n\n\n<p>La amiga.<\/p>\n\n\n\n<p>La mujer que alguna vez fue llamada Teresirena.<\/p>\n\n\n\n<p>Y la mujer que, para Alfredo, fue casa.<\/p>\n\n\n\n<p>Quiz\u00e1 por eso el duelo que aparece aqu\u00ed no tiene una conclusi\u00f3n. No hay una puerta que se cierra y detr\u00e1s de ella queda el pasado. La ausencia se mete en las cosas peque\u00f1as. En una canci\u00f3n. En una habitaci\u00f3n. En una fecha. En una frase que alguien dijo alguna vez.<\/p>\n\n\n\n<p>La muerte ocurre en un instante.<\/p>\n\n\n\n<p>El amor tarda mucho m\u00e1s en enterarse.<\/p>\n\n\n\n<p>Y tal vez por eso el t\u00edtulo resulta tan preciso: <em>Un largo adi\u00f3s que no se acaba<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras terminaba el libro segu\u00ed pensando en Teresirena.<\/p>\n\n\n\n<p>En esa mujer a la que conoc\u00ed de lejos, a la que le\u00ed en <em>La Vereda<\/em>, con la que alguna vez compart\u00ed un espacio cultural y que hoy regreso a encontrar en las p\u00e1ginas de Alfredo.<\/p>\n\n\n\n<p>Pienso en sus cenizas sobre el mar.<\/p>\n\n\n\n<p>Y entonces el apodo deja de parecer un simple sobrenombre.<\/p>\n\n\n\n<p>Teresirena.<\/p>\n\n\n\n<p>Una mujer que termin\u00f3 convertida en agua.<\/p>\n\n\n\n<p>Una escritora que ahora sobrevive en las palabras de otro.<\/p>\n\n\n\n<p>Una presencia que ya no puede responder, pero que todav\u00eda provoca preguntas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfPuede la poes\u00eda devolvernos a quienes hemos perdido?<\/p>\n\n\n\n<p>No.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero puede llamarlos por su nombre.<\/p>\n\n\n\n<p>Puede reconstruir una escena.<\/p>\n\n\n\n<p>Puede guardar una voz.<\/p>\n\n\n\n<p>Puede decir: aqu\u00ed estuvo.<\/p>\n\n\n\n<p>Puede impedir que el silencio tenga la \u00faltima palabra.<\/p>\n\n\n\n<p>Y eso es lo que Alfredo Loera hace con Teresa.<\/p>\n\n\n\n<p>No intenta devolverla.<\/p>\n\n\n\n<p>La nombra.<\/p>\n\n\n\n<p>Una y otra vez.<\/p>\n\n\n\n<p>Hasta que el largo adi\u00f3s deja de parecer una despedida y se convierte en otra forma de compa\u00f1\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Rese\u00f1a A Teresa tambi\u00e9n le dec\u00edan Teresirena. 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