{"id":6469,"date":"2024-12-23T18:16:53","date_gmt":"2024-12-23T18:16:53","guid":{"rendered":"http:\/\/lavereda.com.mx\/?p=6469"},"modified":"2024-12-23T18:16:55","modified_gmt":"2024-12-23T18:16:55","slug":"navidades-dispersas-memorias-reunidas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/lavereda.com.mx\/index.php\/2024\/12\/23\/navidades-dispersas-memorias-reunidas\/","title":{"rendered":"Navidades dispersas, memorias reunidas"},"content":{"rendered":"\n<h3 class=\"wp-block-heading\">RELATO PERSONAL<\/h3>\n\n\n\n<p>Era diciembre, y en mi infancia, significaba emprender un viaje hacia el campo. El objetivo era encontrar, entre los \u00e1rboles, una rama que, aunque seca y esquel\u00e9tica, tuviera la forma de un \u00e1rbol peque\u00f1o, con suficientes ramificaciones para imaginarla adornada con luces y decoraciones navide\u00f1as. En esas visitas el aire estaba impregnado de un aroma dulce, una mezcla de ca\u00f1averales, como si el paisaje nos envolviera con las historias del ingenio azucarero. Evoco el crujir del suelo bajo mis pies y c\u00f3mo mis manos recorr\u00edan la corteza rugosa, llena de grietas. No era simplemente una b\u00fasqueda, era un ritual en el que algo tan sencillo cobraba vida gracias a la ilusi\u00f3n y la esperanza.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Es mediod\u00eda. Un parque.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Invierno. Blancas sendas;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>sim\u00e9tricos mont\u00edculos<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>y ramas esquel\u00e9ticas.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Antonio Machado<\/p>\n\n\n\n<p>A veces, at\u00e1bamos aquella rama al techo del coche; otras, con suerte, lograba entrar en el interior, dejando sobresalir por la ventana, los delgados troncos que hab\u00edan sido frondosos. En casa comenzaba la magia: cubr\u00edamos las ramas con algod\u00f3n, imitando la nieve que ve\u00edamos en las faldas del Volc\u00e1n de Colima. Las esferas, las luces y esas tarjetas navide\u00f1as, guardadas a\u00f1o tras a\u00f1o. Hoy, estas tarjetas, son im\u00e1genes ef\u00edmeras en redes sociales o correos electr\u00f3nicos; mucho de su esencia se ha perdido.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>La Navidad era sin\u00f3nimo de largas reuniones familiares en la casa de los abuelos, Fidencio y Camila. Sus muros vibraban con las voces de mis t\u00edos y primos, entre risas y bromas que parec\u00edan no tener fin. Pero la m\u00fasica era lo que realmente cohesionaba. La familia materna compart\u00eda un v\u00ednculo insondable con el canto y la habilidad para tocar instrumentos. Yo, sin embargo, no hered\u00e9 ese don; provengo de una familia distinta.<\/p>\n\n\n\n<p>En estos d\u00edas, los recuerdo a ellos, a Lourdes, nombre que fue el de mi madre, el mismo que me dieron a m\u00ed antes de que adoptara el que hoy llevo. \u00bfDe qui\u00e9n ser\u00e1n estos rasgos? \u00bfDe qui\u00e9n la forma de mi boca, la manera en que, con el paso de los a\u00f1os, cambiar\u00e1 mi rostro y mi cuerpo? \u00bfSer\u00e1n de mi madre, de mi padre, de mis abuelos? \u00bfHay alguien m\u00e1s adem\u00e1s de m\u00ed, hermanas, hermanos? \u00bfCu\u00e1ntos primos tendr\u00eda, cu\u00e1ntos t\u00edos? \u00bfD\u00f3nde vivir\u00edamos? \u00bfMe gustar\u00eda tambi\u00e9n leer y escribir poes\u00eda? \u00bfAmar\u00eda los libros tanto como los amo ahora? Y \u00bflos legados invisibles?: \u00bfde qui\u00e9n habr\u00e9 heredado este dulce exceso, el insomnio, mi pasi\u00f3n por las palabras, esa necesidad constante de escarbar en ellas y en la vida misma? Volvamos a la Navidad. Las melod\u00edas llenaban el aire, con la guitarra marcando el ritmo de los villancicos, y despu\u00e9s, de las canciones de la temporada o de aquellas que evocaban tiempos pasados.<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u2026Como el alma tiene<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>su m\u00fasica oculta,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>parece que el alma<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>llora con la luna!..<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Jaime Torres Bodet<\/p>\n\n\n\n<p>Con los a\u00f1os, las reuniones cambiaron. Crecimos, las familias tomaron caminos distintos y las tradiciones se adaptaron a un ritmo de vida diferente. Durante la adolescencia, la Navidad dej\u00f3 de ser una fiesta bulliciosa para convertirse en algo m\u00e1s cerrado, aunque no necesariamente \u00edntimo. Fue una \u00e9poca dif\u00edcil, oscura, que me caus\u00f3 dolor y frustraci\u00f3n. Viv\u00eda el contraste entre desear m\u00e1s libertad y sentir la presi\u00f3n de cumplir con las expectativas familiares. Otras Navidades las pas\u00e9 con mi t\u00edo Abel y mi t\u00eda Yola, ya fuera en el lugar donde nac\u00ed o en Cuauht\u00e9moc, a donde se mudaron m\u00e1s tarde. All\u00ed ten\u00edan una casa con alberca, aunque no estoy segura de haberme ba\u00f1ado en ella, s\u00ed tengo n\u00edtidas las habitaciones, la sala, el cuarto de televisi\u00f3n, el aroma de la cocina, porque mi t\u00eda elabora manjares exquisitos, adem\u00e1s de pasteles y galletas que son un milagro. Cuando se mudaron a Guadalajara, las celebraciones cambiaron, con reuniones a\u00fan m\u00e1s grandes que inclu\u00edan a la familia extendida.<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u2026aromas gajos dorados<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>y el azafr\u00e1n volador.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00a1Vaya delirio!<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00a1vaya el color!<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Gabriela Mistral<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy las Navidades son diferentes. A\u00fan tenemos un \u00e1rbol, aunque no salgo al campo a buscarlo. Mis padres, ahora mayores, viven conmigo en Torre\u00f3n, y las celebraciones se dividen entre mi familia y la del marido. Nos reunimos con sus hijos y su nieta; otras veces optamos por cenas m\u00e1s privadas. No s\u00e9 c\u00f3mo ser\u00e1 esta Navidad. Hay tantas cosas en mi vida que siento fuera de control, y algo dentro de m\u00ed se ha apagado. Esa energ\u00eda que me hac\u00eda sentir viva y conectada, esa chispa que me elevaba se ha desvanecido. A pesar de todo, debo vestirme, maquillarme, confiar en que, de alguna manera, la Navidad y el A\u00f1o nuevo, traer\u00e1n consigo la m\u00fasica, la calidez y un poco de aquella ligereza infantil. Mientras escribo, miro los libros que me acompa\u00f1ar\u00e1n en estas fiestas. Uno es&nbsp;<em>Las m\u00e1s bellas reflexiones sobre la vida<\/em>, de Andr\u00e9 Comte-Sponville. Este libro me dice que, incluso en los momentos m\u00e1s desafiantes, hay espacio para la esperanza y la gratitud. La luz y la oscuridad pueden coexistir sin da\u00f1arse mutuamente.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Lanz\u00e1ndoos<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>hacia la oscuridad y la luz a la vez<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00e1vidos de sensaciones<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>como si fueseis algo nuevo, deseando<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>expresaros<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>puro brillo, pura vivacidad<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 Louise Gl\u00fcck<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>RELATO PERSONAL Era diciembre, y en mi infancia, significaba emprender un viaje hacia el campo. 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