{"id":4694,"date":"2023-01-21T22:14:15","date_gmt":"2023-01-21T22:14:15","guid":{"rendered":"http:\/\/lavereda.com.mx\/?p=4694"},"modified":"2023-01-21T22:14:17","modified_gmt":"2023-01-21T22:14:17","slug":"los-riesgos-del-ocio-51","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/lavereda.com.mx\/index.php\/2023\/01\/21\/los-riesgos-del-ocio-51\/","title":{"rendered":"Los riesgos del ocio"},"content":{"rendered":"\n<p>Cada trece de enero me llega el recuerdo lleno de angustia y culpa de la misma fecha, pero del a\u00f1o noventa y cuatro del siglo pasado. Es inevitable. El catorce de enero me tranquilizo, s\u00e9 que todo vali\u00f3 la pena, y la vida se desliza de manera amable nuevamente.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>El trece de enero del noventa y cuatro se me rompi\u00f3 la fuente. Y en mi ignorancia total no supe que estaba poniendo en peligro a mi beb\u00e9. Solamente quer\u00eda ganar tiempo para tener la casa limpia cuando \u00e9l llegara. No se pudo. La vida no era lo que yo quer\u00eda en ese entonces. La vida depend\u00eda de lo que otra persona, del tipo que neg\u00f3 su paternidad cada uno de los ocho meses que dur\u00f3 el embarazo, del que dijo que ese beb\u00e9 no era suyo cuando vio los ojitos grises del peque\u00f1o de dos kilos y doscientos gramos, del que castigaba mi supuesta calentura con golpes en el cuello y piernas para no dejar marcas visibles.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed que el departamento era un caos de libros polvosos y h\u00famedos por todas partes, pertenecientes al \u201cintelectual\u201d del que no pod\u00eda escapar, y a qui\u00e9n de nada le serv\u00edan sus lecturas, ya que desconoc\u00eda las leyes de Mendel y por supuesto, cualquier cuesti\u00f3n relacionada con un embarazo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>En ese lugar, no hab\u00eda espacio para nada m\u00e1s que esos libros a los que llegu\u00e9 a odiar con tantas ganas que la lectura que tanto disfrutaba en la infancia y adolescencia, fue algo con lo que tard\u00e9 a\u00f1os en reconciliarme. Hab\u00eda basura que no se sacaba desde que respirar se me hizo dif\u00edcil por la anemia que me diagnosticaron despu\u00e9s y la muy baja presi\u00f3n que me mantuvo casi todo enero medio durmiendo sentada. Dej\u00e9 de ir a trabajar, me costaba mucho esfuerzo bajar y subir los m\u00e1s de mil escalones de esa favela llamada Xalapa 2000. El dinero se acababa de a poco, la ropita del beb\u00e9 no se secaba ante la interminable lluvia de ese a\u00f1o. Lluvia monz\u00f3nica de casi seis meses. No ten\u00eda maleta para el hospital, no ten\u00eda servicio m\u00e9dico. No sab\u00eda a donde ir a parir.<\/p>\n\n\n\n<p>Ese catorce de enero, me desmay\u00e9 una vez que supervis\u00e9 que la enfermera del Hospital Civil le pusiera correctamente su identificaci\u00f3n a mi beb\u00e9. Despert\u00e9 en una cama de la cual me tuve que levantar pronto para que no nos cobraran un d\u00eda m\u00e1s. Llegar al departamento y ver el estado de este, con trastes, ropa, ba\u00f1o y piso sucio, me hizo llorar, por d\u00edas. Tampoco ten\u00eda informaci\u00f3n sobre la depresi\u00f3n postparto. Parece que todo lo que uno deber\u00eda saber sobre un embarazo, a principios de los noventa, era informaci\u00f3n privilegiada.<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00ed, fueron d\u00edas terribles, sin leche propia, sin \u00e1nimos, sin dinero, sin saber qu\u00e9 segu\u00eda haciendo ah\u00ed. Lo \u00fanico que ten\u00eda muy claro era que deb\u00eda y quer\u00eda proteger a ese peque\u00f1o beb\u00e9 de cualquier cosa que pudiera hacerle ese hombre que lo ignoraba ostentosamente, con un desd\u00e9n hacia los dos, que aumentaba mi miedo de no poder continuar.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, qu\u00e9 clase de columna fatalista ser\u00eda esta si no les hablara de la inteligencia de ese beb\u00e9, no solo para sobrevivir a la adversidad de una madre ignorante, y a la indiferencia del tipo que viv\u00eda con nosotros; sino para adaptarse y crear condiciones que lo convirtieron en un ser luminoso, que de manera natural encantaba a qui\u00e9n se le cruzara en el camino.<\/p>\n\n\n\n<p>Un peque\u00f1o que con su risa de campanitas llenaba el espacio de alegr\u00eda ante las cosas simples, peque\u00f1as, ocultas. Sociable desde siempre. Compartido y protector de los m\u00e1s peque\u00f1os o d\u00e9biles, o menos afortunados que \u00e9l; invent\u00f3 un personaje que ten\u00eda de s\u00faper h\u00e9roe; creaba juegos cada vez m\u00e1s ingeniosos, aventureros y, por ende, divertidos. Comerciante diplom\u00e1tico y natural, amante de los perros y con la hiperactividad suficiente para convertirse en m\u00e9dico, sin dejar de ser poeta, m\u00fasico, y, \u00e9l s\u00ed, un intelectual sin pretensiones de serlo.&nbsp;As\u00ed que este catorce de enero, despu\u00e9s de la t\u00edpica depresi\u00f3n del trece, celebr\u00e9 la vida de quien ya se fue lejos, a seguir el camino que escogi\u00f3 y en donde s\u00e9 que continuar\u00e1 logrando cosas, porque sobrevivir, a una madre, al desamor, al hambre, a la violencia, al narco y a la carrera de medicina, no ha sido&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cada trece de enero me llega el recuerdo lleno de angustia y culpa de la misma fecha, pero del a\u00f1o noventa y cuatro del siglo pasado. Es inevitable. 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