La infinita aproximación, libro de ensayos breves de Nadia Contreras

Reseña

Hay libros que se sienten tan capaces de ser, tan ajustados al influjo de la voz propia, que asombran. Es el caso de La infinita aproximación, de Nadia Contreras (2024), libro constituido por 37 ensayos en un tomo de Bitácora de vuelos ediciones, 2024.

La autora nos advierte en la introducción que La infinita aproximación “cubre una década de reflexión filosófica, literaria y exploración del universo”. Una década se dice fácil, pero dentro de las aulas es educación primaria y secundaria juntas, y en aulas universitarias serían incluso dos carreras distintas. En una década ocurren muchas cosas en el cuerpo humano, y mucho más en el espacio que muta por excelencia, que es la mente o el área claridosa del alma inmortal, por decirlo así.

Nadia Contreras nos dice que “la búsqueda del libro es la verdad y el conocimiento”, misma que siempre se encuentra en continua evolución. Y entonces, ¿qué es lo que buscamos, si estamos al tanto de que ese objeto del conocimiento es sumamente elusivo, además de mutante? Quizá su destino esté en el continuo movimiento, en ese acercarse a ratos, algo que la autora sabe bien y de lo cual dice que “en esta búsqueda infinita encontramos nuestro verdadero propósito”.

Escribe Eréndira Santillana, en su comentario para el Latino Book Review, que los ensayos de Nadia Contreras son “Intimate conversations with ourselves”. Sí que lo son, y por lo mismo, gozan de la enorme capacidad de empatía en esa autopista de ida y vuelta que es la escritura y la lectura. El lector parece decir que le cree al escritor en su autoría porque logra ponerlo en su exacto lugar del universo por algunos instantes, o quizá algunas horas o días, y después, en el continuo regreso de la memoria. Vaya que le creemos al escritor, porque seguimos recordando algunas de las escenas memorables de tal libro, como cuando quien escribe está tirada en los bordes de la piscina, mientras su cuerpo se encuentra bajo los efectos de la recuperación de una sepsis, con la que sus lectores podemos identificarnos gracias a su capacidad de narrarnos la verdad cabal. Y es que los momentos reflexivos de estos ensayos no son solamente reflexivos, sino que llevan en sí la capacidad de clavarse horizontalmente en el vértice del tiempo. Y es aquí donde los ensayos ganan una dimensión que pertenece al ámbito poético.

Carlos Álvarez Orozco, en su reseña “Entre el dolor y la memoria”, dice que Nadia Contreras escribe ensayos reflexivos, o narrativas personales, o murmuraciones poéticas. Todo ello forma parte de un acucioso archivo de una memoria privilegiada para recoger de la vida sus instantes más significativos. Habla de pertenencia, de su actuar en ciertos ámbitos. Habla del padre y de la madre, de su vida en pareja, de la salud y los límites de la existencia, de lo tecnológico y de la contemplación, de las cosas artesanales y del clima, de ese calor y de ese polvo sin el que a veces sentimos que no logramos decir nada los que somos del Norte, de aquellos momentos de contemplación, ni modo, cómo más decirlo, que realmente nos acercan a la esfera más alta del instante.

En este libro se despliega una gran agilidad y profundidad al mismo tiempo, virtudes que subraya, de ese otro título de Nadia Contreras, Otras claridades, Víctor Lorman. Esa agilidad y aquella profundidad no parecen costarle trabajo a esta autora, pues de lo que habla y la manera en que lo enuncia son dos cosas que son una y la misma.

*DANA GELINAS (Monclova, 23 de marzo de 1962) es una poeta, editora y traductora mexicana. Autora de títulos como Poliéster (2004) y Boxers (2006), por los que obtuvo el VIII Premio Nacional de Tijuana y el Premio Nacional de Poesía de Aguascalientes, respectivamente.

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