O Agente Secreto (El Agente Secreto, 2025)
Por segundo año consecutivo, Brasil ha logrado posicionar la película que seleccionó para el Oscar no sólo dentro de la categoría destinada a las cintas internacionales, sino también en la que premia a la mejor del año en general. De la misma forma, vuelve a conseguir que su protagonista opte al premio actoral en su respectiva categoría. Si bien en esta ocasión parece no llegar con las mismas probabilidades de triunfo que el año pasado, O Agente Secreto, del director Kleber Mendonça Filho, ya se hizo acreedora de una enorme cantidad de premios, como los de Dirección y Actor en el pasado Festival de Cannes; Película en Lengua Extranjera y Mejor Actor en Drama en los Golden Globes; Película en Lengua Extranjera en los Critics’ Choice; así como un largo etcétera que incluye asociaciones de críticos como la NYFCC y la LAFCA, que la premiaron en las mismas categorías, culminando su camino con el mencionado Oscar, donde consiguió cuatro nominaciones: Película, Película Internacional, Actor Protagónico y Casting.
Centrando su trama en una historia que puede recordar, por la época en que se sitúa y la problemática social que retrata, a Ainda estou aquí, su representante del año pasado, O Agente Secreto, un relato completamente ficticio —a diferencia de la antes mencionada—, decide con inteligencia dejar de lado el drama político una vez superado su primer acto para orientarse de lleno hacia el thriller, dotando a su historia de una tensión que logra separarla de cualquier comparación.
Así pues, la película tiene lugar en 1977 y nos presenta a Marcelo Alves (Wagner Moura), nombre ficticio que utiliza Armando, un profesor universitario, para poder esconderse de la dictadura militar brasileña encabezada por Ernesto Geisel. Ha viajado desde São Paulo a Recife, donde espera permanecer de incógnito hasta conseguir los documentos falsos que le permitan abandonar el país, todo debido a una disputa que mantiene con el poderoso empresario Henrique Ghirotti (Luciano Chirolli), quien tiene conexiones con altos mandos del régimen y pretende apoderarse de una patente que Armando desarrolló durante su etapa como docente.
Una vez en Recife, Marcelo se hospeda en la pensión de doña Sebastiana (Tânia Maria), una mujer amable y evidentemente revolucionaria que se dedica a dar alojamiento a personas en la misma situación que él. Al mismo tiempo, consigue entrar a trabajar al Instituto de Identificación, ya que desde tiempo atrás busca alguna prueba que le indique qué fue de su madre, quien desapareció años atrás. Mientras Marcelo intenta pasar desapercibido, buscando la forma de abandonar el país, y permanece pendiente de su único hijo —que está bajo el cuidado de sus abuelos—, el peligro comienza a acercarse poco a poco, sin que sospeche que no se encuentra tan seguro como pensaba.
Lo primero que hay que decir, para quienes se dejen llevar por el título, es que esta no es una película sobre espías. Hay un personaje ocultando su identidad, claro, pero no es un espía. Se trata de una cinta política, retratada con esa fotografía arenosa de Evgenia Alexandrova que nos hace viajar al pasado, uno que azotó a aquel país (y a muchos otros en Latinoamérica) y que, con tristeza, vemos que puede llegar a repetirse en la actualidad.
Asimismo, O Agente Secreto no salta directo a la acción; se va cocinando lentamente en su primer acto, a pesar de abrir con una secuencia en una gasolinera que deja claras las intenciones de Mendonça Filho desde el inicio. En este tramo nos presenta a todos los personajes —tal vez demasiados—, pero cada uno tiene una razón de estar y de todos aprenderemos algo sobre sus vidas y motivaciones. Después llegará la mezcla de estilos y géneros, algo que para muchos podrá resultar conflictivo, pero que termina convirtiéndose en una de sus principales virtudes, así como las capas de esta historia que poco a poco se van develando ante el espectador.
Y es que por algo esta producción se acerca a las tres horas de duración, que valen cada minuto que uno pasa contemplándolas, aunque puedan resultar exigentes para el espectador actual, acostumbrado a lo efectista e instantáneo. Aquí hay desarrollo y, sobre todo, múltiples historias que se entrelazan para reconstruir la realidad de una época. Sabemos que algo va a pasar, que algo está sucediendo, y esto se confirma cuando la cinta da un salto al presente y vemos a un par de investigadoras escuchando grabaciones con entrevistas realizadas en la época en la que vivió Marcelo. Antes de saber qué ha ocurrido, el director se encarga de que nos interesemos gracias a ese recurso.
En medio de toda la tensión construida, de los planes contra Armando, el director nos va mostrando ese mundo que ya es pasado, mezclándolo con relatos que podrían parecer inconexos de entrada, pero que logra hilar de tal forma que todo encaja. Un niño —el hijo— que ve en el cine donde trabaja su abuelo una función de Jaws, la cual le provoca pesadillas, porque para su mente infantil eso es lo que da miedo, cuando el verdadero peligro se encuentra en las calles y es dirigido por su gobierno; luego, una pierna encontrada dentro de un tiburón en la vida real, un cuerpo como tantos que eran arrojados al mar después de ser asesinados; para terminar utilizando el más puro estilo de serie B al contarnos, en una secuencia, una leyenda local: la Pierna Peluda, que patea y mata a todo aquel que se porte mal, falte a la moral o no cumpla con las reglas. Historias que bajo otra mirada podrían rozar el absurdo —y lo son—, pero que aquí funcionan.
En el centro de todo esto tenemos al actor que hace posible esta amalgama: Wagner Moura. Y no es que el reparto no esté excelente —lo está—, pero al final es él quien lleva este complejo personaje hasta donde llega. Y digo complejo porque puede no parecerlo a simple vista, pero lo vemos en dos etapas distintas, con personalidades opuestas: el estudiante y maestro, casado, feliz y realizado, convertido después en un manojo de ansiedad, ira y rencor, tras la muerte de su esposa y la obligación de abandonar a su hijo para protegerlo. Por si fuera poco, él mismo interpreta a ese hijo en el presente, quien nunca supo qué ocurrió con su padre y carga con la sombra del abandono. Un triple trabajo que puede parecer discreto, pero que bajo la superficie es enorme. Cada uno de sus premios y nominaciones es merecido, así como sus aplausos.
Aunque no es imposible —ya ha ocurrido antes—, sería muy extraño que Brasil terminara llevándose el premio por segundo año consecutivo, sobre todo cuando compite contra la representante noruega Sentimental Value, que acaba de ganar el BAFTA en la categoría internacional y no sólo eso, sino que además la supera ampliamente en número de nominaciones. Haber quedado fuera en la categoría de Guion tampoco le favorece; aun así, la esperanza para su actor protagonista no ha muerto, aunque hasta ahora figure como tercero en las apuestas.
O Agente Secreto se estrena esta semana en nuestro país y, aunque no es cine para todos los gustos —ya sea por duración o temática—, estamos ante una de las mejores producciones del año pasado, otra muestra de que el mejor cine no necesariamente se está haciendo en Hollywood ni con presupuestos descomunales. Vale mucho la pena y merece una oportunidad. No creo que permanezca mucho tiempo en cartelera, así que, si tienen la ocasión de verla, háganlo y descubran por qué se ha hablado tanto de esta película.










