Sawt Hind Rajab (La Voz de Hind Rajab, 2025)

En un año en el que una de las categorías más interesantes de la temporada de premios ha sido la de Película Internacional, con cinco nombres que se repitieron una y otra vez, haciéndonos pensar que se trataba del quinteto que terminaría llegando como finalistas a la entrega del Oscar, vimos cómo la cinta surcoreana Eojjeolsuga eobsda terminó cayendo ante otra que, si bien había recibido algunas menciones, no estaba entre las principales apuestas, ya que ocupó un sexto puesto a lo largo de la contienda; la película en cuestión es de la que escribo en esta ocasión, Ṣawt Hind Rajab.

Como dije, la película no es ajena a los aplausos. Desde su estreno en el Festival Internacional de Cine de Venecia en septiembre pasado (donde recibió la ovación de pie más larga de la historia para un evento de este tipo) ha amasado una buena cantidad de galardones, empezando por el Gran Premio del Jurado en dicho certamen, así como las nominaciones a los Golden Globes y los BAFTA en la categoría dedicada a las cintas de habla no inglesa. No obstante, su nominación nunca estuvo asegurada, ya que el resto de las posibles candidatas le daban diez vueltas en cuanto a notoriedad dentro de la temporada.

Para entender la razón del impacto de esta producción, tenemos que situarnos en el cruel y despiadado mundo real y remitirnos al 29 de enero de 2024, día en que Israel emitió una orden de desalojo para la Franja de Gaza. Como muchos otros palestinos, la familia Rajab intentó huir, sólo para ser atacada por un tanque desde el cual les dispararon 355 veces, para ser exactos. Debido a esto, en un intento desesperado por recibir auxilio, Layan Hamadeh, sobreviviente del ataque, junto a su prima Hind, de 6 años, llamó a la Sociedad de la Media Luna Roja Palestina en busca de ayuda. Un instante después, en la llamada que logró grabarse, se escuchan los gritos de dolor de Layan, quien cayó muerta debido a los disparos. Con Hind como única sobreviviente, ahogada por el pánico, se mantuvo en comunicación mientras se coordinaba su rescate por parte de una ambulancia, el cual se complicaba al encontrarse en un área sitiada por el ejército israelí. Conforme las horas pasaban, la niña se hundía más en la desesperación y los intentos por rescatarla tuvieron funestos resultados que luego fueron publicados para que todos supiéramos las atrocidades que están ocurriendo en ese territorio. Los agentes de la Media Luna Roja estuvieron en todo momento acompañándola vía telefónica, aunque esto, al final, no haya servido de mucho.

Pues esto es tal cual lo que vemos en esta película, que más que llamarla así, es una recreación de los hechos tal como sucedieron, ya que se apoya en el audio real que se viralizó a lo largo y ancho del planeta, así como en la mezcla de imágenes de archivo con las interpretaciones de los actores, todo para que nunca olvidemos que lo que estamos viendo es un hecho nauseabundo, tan sólo uno de los tantos miles que han acontecido desde que Israel decidió comenzar el genocidio contra el pueblo palestino.

Sí, es obvio que tengo una postura sobre lo que sucede en aquel lugar, una que, creo yo, deberíamos tener todos los que contamos con un ápice de decencia humana, sin importar si comulgamos o no con la cultura de aquel país, porque al final del día estamos hablando de seres humanos, como nosotros, que están siendo asesinados todos los días por cuestiones o fines que sólo las altas esferas del poder conocen y permiten.

Pero esta es una reseña sobre cine, no una declaración sobre temas políticos, aunque el cine siempre lo ha sido, sea cual sea el tema que toque. En ese sentido, y siendo lo más objetivo posible, es evidente que esta es la cinta más débil en su terna en cuanto a calidad y ejecución; pero al mismo tiempo es la más necesaria de todas si se compara con el resto. Claro que estamos ante una producción que se acerca más al documental, uno de esos donde se recrean con actores los hechos que se nos están contando, pero que lo hace de una manera funcional y más que suficiente.

Ṣawt Hind Rajab no busca encontrar el hilo negro ni utilizar simbolismos para transmitir su mensaje; este está ahí y lo grita, de la misma manera que lo hace la pequeña que pasó horas encerrada en un auto rodeada de los cadáveres de sus familiares. Y en un tema como este no hay otra forma de abordarlo. La directora tunecina Kaouther Ben Hania sabía lo que estaba haciendo: lo suyo era una declaración, una protesta directa a los gobiernos que han permitido esta masacre, y su trabajo es plausible por donde se vea. Algunos han criticado la manera en que abordó el tema, la forma que seleccionó; pero ante mis ojos no había otra manera de hacerlo.

Claro, existen recursos, herramientas y otros métodos que pudo implementar; toda obra se puede mejorar. Pero esa no es la función de esta película: quiere que abramos los ojos, y lo logra. Criticarla sería hundirnos en el cinismo, sobre todo cuando, a pesar de su cruda sencillez, la cinta resulta tan efectiva (y sí, manipuladora, porque es imposible que no lo sea) como debía ser.

En el sentido de que fácilmente podríamos estar ante una obra de teatro grabada, ya que los personajes nunca salen de un mismo escenario, contar con los actores indicados para interpretar a esos héroes de la vida real era tan necesario como vital, tema sobre el que no hay queja alguna. Amer Hlehel, Clara Khoury, pero sobre todo Motaz Malhees y Saja Kilani, nos regalan desgarradoras actuaciones como esos seres que se encuentran limitados para ayudar, prestando únicamente su voz que acompaña a la pequeña, mientras ellos mismos se van derrumbando por la desesperación, viendo cómo la esperanza se pierde con cada hora que avanza. El uso de los videos que se grabaron en el momento de los hechos, mezclados con las actuaciones, demuestra la entrega que cada uno de estos intérpretes puso al momento de desempeñar su papel.

Ṣawt Hind Rajab es una película de la que no hay mucho más que decir: todo es público. Salvo que se haya vivido bajo una piedra o no se tenga interés en el tema, resultaría casi imposible no saber de qué se está hablando. Tampoco es una cinta que utilice grandes despliegues técnicos, porque no los necesita; la realidad es mucho más efectiva que cualquier recurso que se pueda implementar. Y, por último, esta es una de esas producciones que se deben ver, por más doloroso que resulte.

No tengo la menor idea de si el día 12 de febrero, fecha de su estreno en México, vaya a encontrar un hueco entre tantas producciones estadounidenses de la temporada de premios, pero en este caso no importa: es una obra de la que se debe hablar lo más posible. Si se busca algo diferente al cine complaciente al que nos tienen acostumbrados y no le temen a ser tocados y conmovidos hasta las lágrimas, no duden en verla, sea cual sea el medio que tengan para hacerlo.

Y por último, y no menos importante: ¡Liberen a Palestina!

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