Kiss of the Spider Woman (2025)
El beso de la mujer araña es la novela más famosa del escritor argentino Manuel Puig, misma que fue prohibida en su país, aunque publicada en otros, volviéndose un éxito. El propio autor realizó una adaptación teatral que ha sido puesta en escena en múltiples ocasiones, con diversas modificaciones, desde 1982.
De esta historia también se produjo una adaptación cinematográfica anglosajona, dirigida por el brasileño Héctor Babenco, que logró cuatro nominaciones al Oscar, incluida Mejor Película, y que se llevó el premio a Mejor Actor gracias a William Hurt (actor a quien hoy le resultaría imposible interpretar el papel sin que se hablara de apropiación cultural, lo cual no invalida en absoluto su gran desempeño). Debido al éxito de todas estas versiones, en 1993 se estrenó un musical basado en la misma historia, compuesto por John Kander y Fred Ebb (quienes ya habían probado suerte con temáticas carcelarias en Chicago), estelarizado por Chita Rivera y ganador de seis premios Tony en el camino.
Como era de esperarse —aunque en esta ocasión tardaron bastante, quizá por la naturaleza de la historia—, era sólo cuestión de tiempo para que esta versión musical llegara a la pantalla grande. Eso ocurrió finalmente en 2025 con el estreno de Kiss of the Spider Woman, dirigida por Bill Condon, quien ya ha demostrado sobradamente su maestría dentro del musical cinematográfico.
Para quienes no conozcan la historia, en esta versión en particular la trama es más o menos la siguiente: dos hombres comparten celda en una cárcel argentina en 1981. El primero es Valentín Arreguí (Diego Luna), un preso político revolucionario opositor a la dictadura, encarcelado con la esperanza de que, mediante tortura, el gobierno obtenga información de la resistencia. El segundo es Luis Molina (Tonatiuh Elizarraraz), recluido por supuesta corrupción de menores, delito que se le atribuye únicamente por ser homosexual, algo considerado criminal en aquella época. Las personalidades de ambos no podrían ser más distintas: mientras Valentín es, en apariencia, más intelectual y combativo, dedicado a la lectura, al análisis político y a la lucha social, Molina se refugia en lo superficial —al menos en un inicio—, centrando su mundo en el cine, medio que lo ha acompañado desde la infancia para soportar la realidad. Su gran obsesión es la actriz Ingrid Luna (Jennifer Lopez), de quien ha visto absolutamente todas sus películas.
A pesar de la renuencia inicial de Valentín, con el paso del tiempo accede a que Molina le cuente la trama de su película favorita, Kiss of the Spider Woman, en la que Ingrid Luna interpreta a un personaje llamado Aurora. Conforme avanzan los días, la historia narrada comienza a mezclarse con la realidad, difuminando los límites entre lo que pertenece a la ficción y lo que ha sido transformado por la convivencia entre ambos. Del mismo modo, las personalidades de los dos prisioneros empiezan a mutar, aprendiendo uno del otro y dejando caer las barreras que habían construido como mecanismo de defensa.
Antes de entrar en los detalles de la película, conviene recordar que estamos ante un musical, género donde la fantasía suele imponerse sobre el realismo, sin importar la dureza del contexto. Lo señalo porque, si bien la novela original es una crítica directa al gobierno argentino de su tiempo, los detalles históricos y las fechas han sido modificados de versión en versión, de acuerdo con las necesidades del medio. Aquí se habla de una dictadura en los 80, sí, pero una ya en sus últimos estertores, sin mencionar nombres reales que anclen el relato a un contexto histórico preciso, lo que puede generar ciertas inconsistencias narrativas. A esto se suman algunas contradicciones en el guion, como la petición final de Molina a Valentín, heredada de la novela, pero que aquí no termina de sostenerse, ya que el anhelo de Molina si había ocurrido previamente sin que existiera entonces justificación alguna para reiterarlo.
Ahora bien, entendido que no estamos ante una reconstrucción histórica rigurosa, lo que a la película le falta en precisión le sobra en encanto y fantasía, dos elementos fundamentales dentro del musical. A ello se suma una carga emocional considerable, ya que los personajes masculinos atraviesan un proceso de transformación constante a lo largo de las poco más de dos horas de metraje. Algo que, dicho sea de paso, ya quisieran lograr otras producciones que incluso dividen sus historias en varias partes sin conseguirlo.
Y aquí conviene subrayar un punto: esta producción contó con un presupuesto que se rumora oscila entre los 30 y 45 millones de dólares, una cifra casi simbólica si se compara con los cerca de 300 millones que costaron las dos partes de Wicked. ¿Por qué la comparación? Porque quienes ya la vimos sabemos que ese dinero parece haberse multiplicado por diez en pantalla.
Bill Condon conoce su oficio, y eso se nota en cada decisión. No solo dirige, también produce la película junto a Jennifer Lopez, Ben Affleck y Matt Damon. Y aunque, por una elección consciente, se prioriza la forma sobre el fondo, esto puede pasarse por alto gracias a dos factores clave: el imponente despliegue visual y las actuaciones.
En el apartado visual, Condon opta por filmar como se hacía en la época dorada del musical clásico: pocos cortes, cámara sostenida y confianza plena en el trabajo de los intérpretes. Tobias A. Schliessler fotografía la cinta en un espléndido Technicolor que realza la paleta de colores diseñada para cada número musical. Los sets prefabricados —por decisión estética, no por carencia— van desde la opresiva celda carcelaria hasta los escenarios vibrantes diseñados por Scott Chambliss, acompañados del deslumbrante vestuario de Colleen Atwood y Christine L. Cantella. La dicotomía entre realidad y fantasía nunca se siente forzada, algo que también se logró en, por ejemplo, Chicago (2002), pero que falló en Nine (2009),
En cuanto al reparto, la elección es acertada casi en su totalidad. Y digo “casi” porque Diego Luna resulta el elemento más débil del conjunto. Cumple en las escenas dramáticas dentro de la celda, pero su presencia dentro del mundo fantástico narrado por Molina no termina de convencer, ya sea porque cuesta verlo como el galán arrollador que el relato exige o porque inevitablemente palidece frente a sus coprotagonistas.
Eso nos lleva a los dos grandes aciertos actorales. Jennifer Lopez, en primer lugar, parece haber nacido para este papel. Nunca había lucido mejor y deja claro que es, ante todo, una artista del espectáculo. Resulta legítimo preguntarse por qué no había incursionado antes en el musical. Aunque su personaje es el menos desarrollado —porque así lo dicta la historia—, ella entiende perfectamente las reglas del metacine telenovelesco y las aprovecha al máximo: carisma de superestrella, dominio corporal y, para sorpresa de muchos, una voz que aquí brilla como nunca. El hecho de que los números musicales se hayan grabado en tomas completas (según ha confirmado la propia actriz) y sin dobles (no como otras que al parecer necesitaron 17 para mover una varita) sólo refuerza la autenticidad de su interpretación. Resulta francamente triste verla ignorada en la temporada de premios, sobre todo cuando su trabajo supera al de otras intérpretes mucho más celebradas.
Pero si alguien se adueña de la película, ese es Tonatiuh. Él es el alma y el corazón del filme, el personaje con mayor arco dramático y el responsable de las escenas más conmovedoras. Su transformación es notable, tanto en lo actoral como en lo musical, consolidándose como una de las grandes revelaciones del año, aunque, al igual que Lopez, haya sido convenientemente ignorado por los premios.
Kiss of the Spider Woman no busca reinventar el género, ni lo necesita. Su objetivo es homenajear, no innovar, y en ese sentido cumple con creces, al punto de poder considerarse el mejor musical del año (con la salvedad de no haber visto The Testament of Ann Lee, que juega en otra liga autoral). Es cierto que Bill Condon pudo haber actualizado algunos temas que hoy se sienten ligeramente obsoletos y profundizado más en sus personajes, pero eso dependerá del gusto de cada espectador.
Lamentablemente, la película no ha funcionado en taquilla, algo nada sorprendente cuando se trata de un musical protagonizado por un comunista y un homosexual, y encabezado por una diva pop que no parece gozar del cariño del público masivo (mi adorada JLo tiene fama de carácter complicado y ego descomunal, pero nada de eso debería importar al momento de juzgar una película). No será la más recordada del año, pero eso no le resta valor. Vale mucho la pena darle una oportunidad este fin de semana en salas. Les aseguro que, como a mí, a más de uno puede sorprenderlo… y atraparlo en su telaraña.










