The Life of Chuck (2025)
Es un poco complicado definir esta película tomando en cuenta a los involucrados en ella. Primero, hablemos de Stephen King, creador de la novela corta homónima en la que se basa la cinta, incluida en su libro de 2020 If It Bleeds. El escritor nos tiene acostumbrados a historias de terror como It, Carrie y The Shining (todas llevadas a la pantalla grande); pero también a obras más íntimas y sentimentales como The Body, Rita Hayworth and Shawshank Redemption y The Green Mile (todas adaptadas al cine con mejores resultados críticos). En este caso, la historia cae en el segundo grupo.
Luego viene el director, Mike Flanagan, que, si bien ya tenía camino recorrido en cine, su nombre creció en popularidad gracias a sus miniseries The Haunting of Hill House, Midnight Mass y The Fall of the House of Usher. Flanagan ya había dirigido adaptaciones de King, como Gerald’s Game y la esperada secuela tardía de The Shining, Doctor Sleep; además, tiene en proyecto una miniserie de la primera novela del autor, Carrie. Todos trabajos con una calidad superior a la media, siempre en la línea del terror fantástico característico de ambos.
En esta ocasión, el director, apoyado por King, decidió llevar a la pantalla The Life of Chuck, un proyecto distinto a sus colaboraciones habituales. La película recibió comentarios positivos en el Festival Internacional de Cine de Toronto en septiembre pasado, ganando incluso el People’s Choice Award, lo que indicaba que conquistó a buena parte de su público. A raíz de esto, Neon adquirió los derechos de distribución, pero no hizo absolutamente nada con ella hasta junio pasado, dándole un estreno tan limitado que pasó con más pena que gloria por la taquilla estadounidense.
Una vez vista, esta decisión comercial no tiene sentido: la cinta cuenta con lo necesario para haber tenido un éxito medio e incluso infiltrarse en la temporada de premios. Nunca sabremos las razones detrás de su retraso y falta de publicidad, pero lo cierto es que no le resta mérito: la película es entrañable y con muchos puntos a favor.
¿De qué trata la historia? Narrada en tres actos, presentados en orden cronológico inverso, comienza mostrándonos un mundo que poco a poco se hunde en el caos a través de los ojos de Marty (Chiwetel Ejiofor, en su mejor actuación en años), un maestro que intenta mantener la calma mientras todo a su alrededor se derrumba. El internet lleva meses fallando, hay recurrentes desastres naturales, las parejas se separan, otros desaparecen sin motivo alguno y conflictos sociales se desatan por todo el mundo. En paralelo, se nos muestra a Felicia (Karen Gillan, también brillante en su interpretación), enfermera y exesposa de Marty, con quien retoma contacto porque, en el fin del mundo, es mejor estar acompañado de alguien querido. Mientras su relación se reconstruye, comienzan a aparecer en medios y panorámicos anuncios que agradecen a Charles “Chuck” Krantz (Tom Hiddleston) por 39 años de servicio, alguien desconocido para todos, pero cuya omnipresencia resulta ineludible.
El segundo acto nos lleva apenas nueve meses atrás, con un Chuck adulto en un día cualquiera. Una secuencia de baile lo marca: Chuck se detiene ante una baterista callejera (Taylor Gordon), se contagia de su ritmo y baila de forma tan espontánea y espectacular que atrae a una multitud, entre ellos Janice (Annalise Basso), recién salida de una ruptura amorosa, que encuentra un instante de felicidad uniéndose al protagonista en su coreografía. Aquí es donde vemos el primer indicio que conecta a este Chuck con el que vemos en su única escena en el acto anterior. También aquí, antes de que los recién conocidos se despidan, es cuando se reflexiona sobre la vida y la importancia de los instantes espontáneos y otros que parecen insignificantes, sin serlo.
El tercer acto —cronológicamente el primero— muestra la infancia de Chuck (Cody Flanagan), huérfano criado por su pragmático abuelo Alby (Mark Hamill, algo sobreactuado) y su cariñosa abuela Sarah (Mia Sara), quienes le indican que puede deambular por toda la casa, menos en el ático con forma de cúpula, cerrado bajo llave y de ingreso prohibido, sin mayor explicación. Aunque lo adoran, tardan en retomar la vida tras la pérdida de su hijo y nuera, por lo que Chuck, quien resulta virtuoso en este arte, se refugia en un grupo escolar de baile, donde destaca del resto. En este acto es interpretado tanto por Benjamin Pajak (brillante en su papel) como adolescente, como por Jacob Tremblay, quien hace su aparición cuando tiene 17 años y sus abuelos han muerto, heredándole la casa familiar, momento en que por fin se atreve a entrar al ático, descubriendo un secreto que lo marcará, no de forma traumática, sino realista y reveladora.
Si parece que he contado todo, en realidad apenas toqué el argumento, no las capas que King explora en la novela y que aquí Flanagan lleva al cine. The Life of Chuck es de esas películas donde, debajo de la belleza que muestra, laten temas universales que tocan hondo: la vida de un ser tan común como cualquiera de nosotros, convertida en algo extraordinario.
La cinta celebra la vida y lo hermosa que puede ser incluso con sus limitaciones, recordándonos que lo único seguro es la muerte. El mundo no desaparece, lo que muere es la vida de Chuck, demasiado pronto, como sucede tantas veces en la realidad. En su historia aparecen alegrías, dudas, arrepentimientos y reflexiones: ¿qué habría pasado si hubiera seguido su talento para el baile en lugar de un camino más práctico?
Ese dilema no es el centro de la cinta, sino una pieza más de su mensaje: valorar la vida porque es finita. Como decía mi abuelo, según mi madre: “El mundo se acaba para el que se muere”. La película habla precisamente de eso: cuando una vida termina, un universo entero se extingue con ella, afectando a todos los que alguna vez compartieron algo con esa persona.
The Life of Chuck es una película bella y necesaria, aunque no perfecta. Su primer acto es el más logrado en lo narrativo y visual, aun cuando Chuck casi no aparece en él. Los otros dos funcionan como episodios emotivos y entrañables, sobre todo en las escenas de baile, pero quedan un escalón debajo de ese inicio tan poderoso. La resolución del misterio tal vez no tenga toda la fuerza esperada, pero para entonces ya nos hemos sumergido en la vida de Chuck y en la magia que transmite. La caracterización de algunos personajes como Marty y Felicia tampoco ayuda mucho, ya que los vemos en la infancia de Chuck, trabajando en su escuela, para luego lucir idénticos cuando es evidente que han pasado más de 20 años desde esos sucesos. Error o no, es algo que llega a saltar si se busca realismo en esta historia. Sobre las actuaciones, todos son maravillosos, salvo Mark Hamill que, como ya dije, tiende a la sobreactuación y su forma de interpretar el personaje desentona un poco.
Dependerá del cinismo de cada espectador, pero si se busca una cinta que emocione, haga pensar y también divierta, esta es la opción en cartelera. Amigable, mágica y realizada con corazón, representa un muy buen intento de Mike Flanagan por ampliar su registro como director.










