The End of Oak Street (2026)
En un año en el que Anne Hathaway parece haberse contagiado del síndrome de Nicole Kidman, The End of Oak Street es la cuarta de cinco películas en las que la actriz participa este 2026. Después de comenzar el año con el drama musical con tintes sobrenaturales de A24, Mother Mary, recibir buenos comentarios aunque una casi inexistente taquilla, y continuar con la esperada secuela The Devil Wears Prada 2, su primer éxito comercial del año, Hathaway llegó a The Odyssey, convertida en una de las películas más taquilleras y mejor recibidas del año.
Podemos ver que la actriz, dejando de lado la calidad dispar de sus elecciones, buscó variedad entre ellas, y The End of Oak Street confirma esto, ya que no podría ser una película más diferente a las mencionadas. Es, por mucho y aunque no lo parezca, la más peculiar de todas hasta el momento y también la más difícil de catalogar por su ambivalencia.
¿Por qué digo lo anterior? Todo aquel que haya visto la publicidad sabe que un vecindario completo es trasladado al pasado, específicamente a un momento donde todavía existían los dinosaurios (cumpliendo la fantasía de Shakira en su canción Pies Descalzos). Por este motivo, la familia de la protagonista tiene que luchar para sobrevivir en medio del caos en el que se ha convertido su vida. Aunque esto no suene tan diferente a otras ideas hollywoodenses, al ser un proyecto del director David Robert Mitchell, quien saltó a la fama como uno de los representantes del llamado terror elevado con It Follows (2014), y estrenándose ocho años después de su último trabajo, las expectativas sobre su tono y las decisiones que tomaría eran altas.
Habiéndola visto, primero hay que decir que, si bien los tráilers mostraban una historia con mayor seriedad de la que al final resulta tener, la trama que se ve en ellos es exactamente lo que encontramos en pantalla. La historia es esa, tal cual, por lo que no hay que esperar nada más. Sin embargo, esta comedia de acción y aventuras, género en el que debe situarse, cuenta con algunos aspectos interesantes en su desarrollo, aunque también queda corta en otros.
Lo anterior se debe a que, con la historia situada a inicios de la década de los ochenta, el tema dramático central alrededor del que gira la trama son los roles de género en una familia de aquella época, así como la dinámica que se da entre todos los que la conforman. Con un inicio en el que vemos a toda la comunidad de Oak Street convivir durante un fin de semana clásico —un infierno suburbano si me lo preguntan—, con sus barbacoas y parrilladas en el jardín, juegos comunales organizados para todas las familias y esa plástica imagen de felicidad prefabricada del sueño americano, no tarda mucho en descubrirse que no todo es tan perfecto como aparenta en la superficie.
Entonces, en medio de persecuciones y dinosaurios asesinos, tenemos a la familia Platt, conformada por Denise (Anne Hathaway), su esposo Greg (Ewan McGregor) y sus dos hijos adolescentes, Audrey (Maisy Stella) y Brian (Christian Convery), todos cumpliendo con los estereotipos más reconocibles que se podían escribir para ellos. El padre trabajador y ausente, que debe conseguir empleos extras para sacar a su familia adelante; la hija adolescente que quisiera ir a la universidad para cumplir las aspiraciones científicas que la economía familiar no le permite; el hijo que parece no tener un rumbo que seguir y sólo le interesa su perro; y, por último, la ama de casa, que pasa sus días puliendo la vida familiar para hacerla lucir aún más perfecta.
Y debajo de todos ellos, una montaña de mentiras, ya que cada uno tiene algo que oculta a los otros, pero es la madre la que posiblemente se haya desarrollado mejor, puesto que toda la historia gira alrededor de ella. En una época en que los roles sociales comenzaron a cambiar y el papel de la mujer fue tomando cada vez más importancia, la frustración que padece Denise, quien resulta ser en secreto una escritora más que talentosa, refleja a la perfección el momento histórico.
El director nos hace viajar al pasado más lejano (aunque sin muchas explicaciones sobre el fenómeno que provoca el suceso) para mostrarnos cómo es ella quien resulta ser la voz de la razón, la de las ideas inteligentes y las reacciones más acertadas, sobre todo cuando su marido parece no dar una. Aun así, vemos cómo sus hijos siempre le preguntan a él qué hacer, nunca a ella, quien debe demostrar su valor e importancia dentro del núcleo familiar conforme avanza la historia.
Con un enfoque inicial de crítica social, donde incluso la vemos interactuar con una vecina que le dice haber editado los libros de su marido durante décadas sin recibir crédito alguno, es notorio que la idea original de David Robert Mitchell era elevar a la mujer que ha vivido disminuida por el patriarcado durante demasiado tiempo. El problema es que esta idea se diluye conforme avanza la trama y el director parece perder un poco el rumbo, hasta terminar volviéndose de lo más genérico y predecible posible.
Incluso en momentos en los que parece que se ha atrevido a ir más lejos, cuando el tono se mueve hacia áreas más oscuras y nos ofrece un tipo de película más cercana a lo que podríamos esperar de Mitchell, la cinta termina regresando al camino más seguro. Es aquí donde comienza a sentirse la contradicción que define a The End of Oak Street: una película que parece querer combinar la mirada de un director de autor con las necesidades de un blockbuster, pero que no siempre consigue que ambas partes convivan.
Todo esto puede deberse a que esta es la primera ocasión en que el director trabaja con un gran presupuesto, bajo el cobijo de un gran estudio, por lo que resulta una cinta híbrida entre un producto de autor y uno comercial. David Robert Mitchell todavía no cuenta con una carrera que le permita tener la libertad creativa de otros realizadores para dar rienda suelta a sus ideas, por lo que es notorio que tuvo que realizar cambios y adecuaciones a su guion. El resultado es una película que en ocasiones parece contenerse justo cuando podría haber encontrado algo verdaderamente particular.
Aun con estas debilidades en su escritura, si vemos este producto como cine totalmente comercial, cumple con su cometido de entretener, ya que la película resulta por demás divertida, a pesar de que varios de los personajes están escritos y diseñados para ser odiados —y desear su muerte—. Algo que se logra gracias a las interpretaciones de un reparto en el que, si bien Anne Hathaway destaca y por mucho, todos cumplen su función de forma más que decente, aunque sus personajes jueguen en su contra.
The End of Oak Street no ha funcionado como se esperaba y posiblemente se deba a esa división entre quienes esperaban un producto más extremo y quienes querían ver algo más cercano a la saga Jurassic. Pero no por eso podemos decir que sea un fallo total. Con un cierre extraño —sin spoilers para no arruinarlo— que no se puede catalogar como completamente feliz, buenos efectos visuales, un diseño de arte cumplidor y actuaciones solventes, posiblemente estemos ante el blockbuster más arriesgado del año, y eso ya debería contar.
No pasará a la historia como lo mejor del director o de la actriz y, posiblemente, en un tiempo muchos no la recordarán, pero cumple con su función de cerrar un verano que nos ha dado buen entretenimiento funcional. Por parte de Hathaway, tendremos que esperar a Verity, a finales de año, para saber qué tan acertadas fueron sus elecciones laborales este 2026.










