The Strangers: Chapter 3 (2026)
A dos años de haber iniciado, por fin ha llegado a las salas mexicanas la tercera y (gracias al universo) última parte de este experimento fallido que buscaba dar trasfondo y sentido (sin lograrlo) a la historia de los tres misteriosos y sanguinarios enmascarados que tocaban a la puerta de desconocidos, preguntando por una tal Tamara, antes de asesinar a los residentes de dichas viviendas.
Hace dos años escribí sobre la primera entrega de esta debacle cinematográfica, dejando en claro que se trataba de un producto que se tenía que juzgar como un todo y no como entregas independientes, ya que estas contaban una misma historia que había sido dividida. En esa ocasión dejé en claro que la primera parte no había hecho un buen trabajo, por lo que esperaba que, una vez finalizada la saga, todo cobrara sentido y mejorara su calidad. Pues esto es algo que nunca sucedió, ya que parece que cada una se esmeró en ser peor que la anterior.
Pero bueno, hablemos de la historia —o intento de ella— con la que cierra esto. Iniciando exactamente en la parte donde termina la segunda entrega (de la que no hablé porque no valía la pena hacerlo), es decir, con el personaje de Maya (Madelaine Petsch), quien para este punto ha demostrado ser más resistente que Wolverine, escondiéndose en una iglesia después de haber asesinado a Pin-Up Girl/Shelly (Ema Horvath), donde es descubierta por Gregory/Scarecrow (Gabriel Basso), quien no la ataca, pero habla con ella indicándole que está ahí para honrar la memoria de su amiga fallecida, dándole la oportunidad de correr antes de perseguirla. Maya escapa del lugar para ser interceptada por el sheriff Rotter (Richard Brake), a quien le roba la patrulla, ya que percibe un comportamiento extraño en él. A partir de ese momento, como se viene dando en la historia, la protagonista pasa por una serie de situaciones que la ponen cerca de la muerte, logrando salir airosa de cada una de ellas, porque pues es la final girl de este desastre.
A la par de esto, vemos cómo su hermana Debbie (Rachel Shenton) y el esposo de esta, Howard (George Young), han llegado al pueblo de Venus en su búsqueda, acompañados de su chofer/guardaespaldas (quien, spoiler, no es tan eficiente como debería), solo para volverse targets de los asesinos que comienzan a cazarlos también a ellos. Sumado a esto, a manera de flashbacks, se nos cuenta la infancia de Gregory, quien siendo niño asesinó a una compañera de su escuela llamada Tamara (por fin la razón del nombre, pero con un significado que tambalea por todos lados), crimen por el que está siendo juzgado y del que se libra debido a que resulta ser el hijo del sheriff misterioso (en un plot twist que se veía desde el espacio), quien sabe que su hijo no es capaz de dejar de matar, por lo que acuerdan, al más puro estilo Dexter Morgan, asesinar solo a personas que no pertenezcan a la comunidad. Vemos también cómo inició su relación con la igual de perturbada Shelly desde la infancia, quien lo veía realizar sus crímenes con más amor desenfrenado y vehemencia obsesiva que una ARMY en un concierto de BTS, y luego el encuentro más aleatorio y sin sentido posible de ambos con Jasmine/Dollface (Ella Bruccoleri) ya en su adolescencia, lo que termina de crear el grupo de asesinos enmascarados.
Es evidente que este conjunto de cintas (porque sí, no se puede hablar por separado en esta ocasión) no ha funcionado en ningún nivel posible, situación que resulta evidente si vemos cómo la taquilla fue cayendo hasta lo más profundo con cada nuevo estreno. Esto, en otros casos, no quiere decir nada, ya que existen grandes joyas cinematográficas que han fracasado en el aspecto económico tan estrepitosamente como las aspiraciones políticas de Eduardo Verástegui; pero en el cine de terror esto suele significar que el público no conectó con el producto, algo que no debe extrañar, ya que esta saga ha cometido el peor pecado posible para este tipo de cine, a la par de su pésima calidad: ser tan aburrida como ver el pasto crecer.
Si bien en conjunto las películas han recaudado un aproximado de 100 millones de dólares, debido sobre todo a su bajo costo combinado (25 millones) y al éxito medio de la primera parte, Renny Harlin no ha sabido aprovechar la oportunidad que le brindaron, fabricando una de las historias más genéricas y sin alma de las que se tiene memoria reciente. Una historia que ni siquiera el enorme carisma de su protagonista Madelaine Petsch puede salvar, ya que da la sensación de que los guionistas luchaban en una encarnizada competencia por escribirle las escenas y diálogos más deslucidos, así como carentes de tensión (o lógica), que pudieron.
El resultado final conjunto termina sintiéndose tan forzado como lo es para una gran mayoría entrar en la talla chica después de los 30 años, logrando que nos preguntemos si eran necesarias tantas películas (respuesta: no lo eran) para una historia que, si bien tiene una base de fanáticos fieles, nadie pidió y demuestra que estirar demasiado algo siempre jugará en contra. Sé que esperar algo bueno después de haber dado dos oportunidades con los mismos resultados desastrosos es tan tonto como esperar que tu pareja infiel reiterativa deje de serlo después de descubrirlo engañándote y permitirle regresar a tu vida, pero ni siquiera pedíamos un gran final, ya que con uno digno hubiera bastado.
Como ya dije en mi reseña anterior, posiblemente como miniserie de streaming o solo dos películas para cine pudo haber funcionado mejor, ya que los minutos pasan y se siente la necesidad imperante de adelantar esta película esperando que algo en verdad atractivo ocurra, pero esto nunca sucede y termina volviéndose un somnífero audiovisual. Por todo lo anterior es que The Strangers: Chapter 3 no será recordada más que por lo mala que es, haciendo que en esta ocasión les diga que si tienen la oportunidad de verla en cine, no la aprovechen, no se provoquen esta tortura que un servidor se autoimpuso. O, si lo vemos de otra manera, tal vez en realidad esta cinta sí tiene un fin y lo logra: hacernos darnos cuenta de que Scream 7 no era tan mala como lo pensamos en su momento, porque en definitiva esta le gana, y por mucho. Por lo menos ya supimos quién fue la tan mencionada Tamara y hay ocasiones en que escribir de malas películas es más divertido que verlas, este es uno de esos casos.










