Wuthering Heights (2026)

Cumbres Borrascosas, historia de “romance” gótico, es el nombre de la única novela que escribió Emily Brontë antes de su temprana muerte a los 30 años. Su trabajo ha logrado trascender el tiempo, volviéndose una de las lecturas obligadas de muchas generaciones, así como pilar de su género.

Con una obra de semejante calibre, muchos han querido adaptarla en diferentes medios, por lo que se han realizado infinidad de películas, telefilmes y miniseries. También, como suele suceder con algo tan grande, hasta el momento no se ha realizado la que pueda considerarse la versión definitiva, por lo que cada determinado tiempo se vuelve a intentar. Este puede ser el mismo caso de, por ejemplo, Ana Karenina de León Tolstói; en el caso contrario, aunque tratándose de una novela mucho más reciente, no creo que alguien vaya a atreverse jamás a tocar de nuevo Lo que el viento se llevó de Margaret Mitchell, ya que en este caso la comparación mataría a cualquier otro intento de acercarse al material base.

Lo anterior lo escribo porque este año se acaba de estrenar la nueva versión de Wuthering Heights, bajo la dirección de la polarizante directora Emerald Fennell, que igual logra levantar gran apasionamiento que generar oleadas de odio hacia su trabajo. La cineasta, conocida por no tomarse muy en serio sus propios productos, optar por el camp y manejar un nivel de cultura popular bastante alto, nos prometió que no veríamos una simple adaptación más, sino una versión en cine de lo que ella sintió la primera vez que leyó la novela; su visión de la historia, pues. Esto, una vez vista, queda confirmado, con todo lo bueno y lo malo, dependiendo de los gustos, que tienden a tener sus trabajos.

Para los que no estén familiarizados con la novela, esta trata de dos acaudaladas familias territoriales, los Earnshaw y los Linton, los primeros propietarios de la mansión Cumbres Borrascosas que da nombre a la historia y los segundos de la Granja de los Tordos. La novela está narrada por un personaje de nombre Nelly Dean, quien ha trabajado como ama de llaves en ambas propiedades y que cuenta la tragedia de ambas familias al Sr. Lockwood, inquilino que está pasando una temporada en la segunda. Ella explica cómo cada familia tuvo dos hijos: Hindley y Catherine por parte de los Earnshaw; Edgar e Isabella por el lado de los Linton. Estas familias no tienen interacción alguna hasta ya avanzada la novela. El conflicto de la historia inicia cuando el Sr. Earnshaw, después de un viaje a Londres, regresa a su hogar acompañado de un niño de piel morena que apenas habla su idioma, a quien Catherine, de edad parecida al recién llegado, bautiza con el nombre de Heathcliff, en honor de un hermano menor fallecido. Es gracias a una serie de acontecimientos que van desde celos infantiles, romances imposibles y matrimonios por conveniencia, que ambas familias se verán hundidas en un mar de tragedia, locura, muerte y venganza por parte de un Heathcliff que desaparece tres años, buscando el poder y riqueza suficiente para poder vengarse ya como adulto del trato que recibió por parte de Hindley, así como el aparente rechazo de Catherine para desposarlo debido a su bajo rango social, prefiriendo hacerlo con Edgar. Con esta leve reseña superficial se puede explicar el declive al que estas familias se verán sometidas a lo largo de tres generaciones de sus miembros, enfrentando toda clase de humillaciones, torturas, degradaciones y penas. Una clásica historia romántica con la que todos podemos identificarnos.

El sarcasmo al final del párrafo anterior es debido a que la distribuidora se ha encargado de vendernos la película como “El romance más grande jamás contado”, estrenando la película el 14 de febrero y con un póster que emula casi por completo al de Gone with the Wind; cosa que, para cualquiera que esté al tanto de la historia que acabo de resumir, debería ser, por lo menos, extraño, debido a que sí, claro, todo el asunto gira en torno a un amor imposible, pero para nada estamos ante un drama romántico al uso; esto es toxicidad pura, lo que a muchos puede resultarles normal debido a sus carencias emocionales, pero les puedo asegurar que no lo es, por lo menos psicológicamente hablando.

Esto nos lleva entonces a la película como tal, la versión Fennell, una que parece haberle importado poco el resto de la historia, para centrarse únicamente en ciertos aspectos, modificar otros y contarnos lo que ella quiso. Esto no es malo como tal; es una adaptación y en estas uno puede hacer lo que se le plazca. Yo conseguí el dinero, el estudio aprobó mi proyecto, los actores se interesaron, manos a la obra. En mi caso particular puedo decir que sí, yo soy fanático de la directora y me han agradado sus dos propuestas anteriores, junto a la segunda temporada de Killing Eve, por lo que no tengo reparo en recomendar la cinta, siempre y cuando vayan sabiendo que estamos ante un blockbuster que busca atraer audiencias, dejando de lado la fidelidad del texto base.

Con esto entendido, ¿de qué trata esta versión en particular? La historia en este caso no utiliza una narradora, por lo que saltamos directo a ver la deteriorada propiedad de Cumbres Borrascosas y sus habitantes: el Sr. Earnshaw (Martin Clunes), que en esta versión amalgama dos personajes, ya que sus acciones son las que en la novela realiza su hijo mayor Hindley, personaje que, sin mucho sentido, no aparece aquí; Nelly (Vy Nguyen en versión infantil y Hong Chau en la adulta), que en esta ocasión no es hija de la niñera familiar, sino una bastarda que, sin mayor explicación, ha quedado al cuidado de la familia para hacer compañía a la rebelde Cathy (Charlotte Mellington interpretando a la niña y Margot Robbie en su versión adulta). Como en la novela, el Sr. Earnshaw llega una noche, después de uno de sus viajes, acompañado de Heathcliff (Owen Cooper y Jacob Elordi en sus respectivas etapas), siendo este el inicio del asunto.

Entonces comienzan las diferencias más notorias entre ambos productos. En este caso, los Linton llegan tiempo después a la zona, comprando la propiedad aledaña, siendo Edgar (Shazad Latif) el único de la familia que la habita, acompañado de su extraña pupila Isabella (Alison Oliver), quien se encuentra bajo su cuidado. Por circunstancias que favorecen al guion, Cathy termina viviendo una temporada ahí, regresando a Cumbres transformada, al más puro estilo Marimar, en una dama y habiendo enamorado a Edgar, con el que termina casándose a pesar de, como todos sabemos, estar enamorada de Heathcliff, quien se va de las Cumbres después de escuchar una conversación, como en la novela, entre Cathy y Nelly, misma en la que parecen minimizarlo, lo que hace que se sienta traicionado por su amada. Entonces, después de cierto tiempo, con boda realizada, se da el tan importante regreso, supuesta venganza incluida, y todo comienza a ir cuesta abajo para los involucrados.

Repitiendo lo dicho anteriormente, con esta descripción tan superficial, podemos decir que ambos materiales tienen puntos en común, nadie lo discute y, como ya dije, esto es una adaptación, por lo que la libertad creativa es válida y tiene grandes puntos a favor, sobre todo en los aspectos técnicos de los que hablaré más adelante. Pero, porque siempre hay un pero, seamos puristas o no con esto de las adaptaciones, Fennell ha optado por romantizar (sin quitar la tragedia de su proyecto) demasiado algunas situaciones, lo que resta muchísima carga emocional y psicológica a los personajes. Entonces, y por primera vez, a partir de este momento realizaré comparaciones entre ambos trabajos, por lo que pueden dejar de leer si así lo desean.

La primera comparación o diferencia viene en la forma de que nunca llegamos a conocer a la tercera generación de las familias, momentos en que Heathcliff demuestra lo más oscuro de su naturaleza, habiendo logrado culminar su venganza, misma que lleva un nivel más adelante con los vástagos de quienes lo hicieron sufrir. Puede que la directora haya decidido esto para en realidad volver el relato en una historia de amor frustrado, pero esto deja mucho que desear al momento de analizar al personaje protagónico masculino. Él regresa, pero su venganza es casi inocente, sin que eso le impida realizar actos reprochables, pero repitiendo vicios que la también guionista ya había demostrado en Promising Young Woman (2020), donde la venganza se tiñe de tonos tan ingenuos que pareciera no estar pasando nada; pero, por lo menos, en dicha película se evidenciaba la cultura de la violación que parece no serlo, cosa que no sucede aquí, ya que este Heathcliff parece haber planeado su venganza a través de un filtro adolescente, uno que nunca llega a crear la catástrofe que sí ocurre en la novela, una para la generación TikTok.

Pero dentro del caos que representa este guion hay ciertos cambios que vuelven interesantes a personajes que únicamente resultaban víctimas, como Isabella (aplausos para su actriz), quien pasa aquí de simple herramienta de venganza a mostrar rasgos de algo más, tiene un lado oscuro que se permite exhibir cuando está Heathcliff; Nelly (más aplausos para quien la interpreta) es otra que, si bien tiene una personalidad ambigua por momentos en el papel, aquí deja ver una envidia descarada hacia Cathy, sobre todo después de haber sido sustituida por Heathcliff como objeto del afecto de su amiga durante la infancia; o la misma Cathy, que en esta ocasión muestra rasgos de villanía telenovelesca provocada por los celos, volviéndose antagonista de otros personajes en ciertas secuencias. Todo esto es una adición que funciona para el tono melodramático y exagerado que la cineasta buscó para su último trabajo, lo cual es algo que debemos tener en mente: ella realizó tal cual la versión que quiso nos haya gustado esta o no.

Dejando en claro que la narrativa de la película es su punto más endeble, minimizada a un amor imposible, la producción se apoya en un enorme trabajo técnico del que no hay queja ni desperdicio alguno. En esta Wuthering Heights todo luce y resplandece como la gran producción de estudio que es, pero lo hace desde un imaginario que tampoco es fiel a la época en que se desarrolla, anacrónico, digamos. Esto no es nuevo: Baz Luhrmann ya lo hizo con Romeo + Julieta (1996), con Moulin Rouge! (2001) y hasta cierto punto con su versión de The Great Gatsby (2013); por lo que criticar este aspecto en esta ocasión sería meramente seguir atacando la película.

Para lograr que todo luzca como lo hace, Fennell tuvo el buen tino de rodearse de profesionales que llevaran su visión a tierra y lo han conseguido de manera sorprendente. Iniciando con el deslumbrante vestuario diseñado por Jacqueline Durran, que mezcla épocas y materiales para crear los fastuosos atuendos de Cathy o los coloridos, aunque infantiles, de Isabella; si la cinta se hubiera estrenado en diciembre, Frankenstein tendría una verdadera competencia en esta categoría en el Oscar. De igual manera, la banda sonora clásica electrónica escrita por Anthony Willis, acompañada por las canciones que Charli XCX compuso para la cinta, dota a la producción de ese aire multiepocal que se buscaba. El diseño de producción y arte no se queda atrás, ya que es, por mucho, uno de los puntos más fuertes, resaltando la diferencia entre la decrepitud de Cumbres Borrascosas y la majestuosa extravagancia y derroche de la Granja de los Tordos; es un trabajo titánico al más puro estilo del Hollywood antiguo. Y en ese mismo tenor, la fotografía impresionista de Linus Sandgren, que incluso llega a homenajear (o copiar) cierta secuencia de Gone with the Wind, es el encuadre perfecto para esta producción que sin problema pudo haber entrado en competencia en todas estas categorías, cosa que posiblemente no suceda el próximo año debido a su temprana fecha de estreno.

Lo dije al inicio y lo reitero, Wuthering Heights es un producto muy disfrutable si se ve como lo que es: una película visualmente deslumbrante que nos queda debiendo en el plano narrativo. Una historia de amor como muchas, con tragedia incluida, muy bien actuada, sobre todo por los secundarios, con un par de protagonistas que, a pesar de que una vez adultos pareciera que no les importó la evidente diferencia de edad entre varios de ellos, muestran una química envidiable que ya quisieran obras más logradas. En definitiva, seguiremos esperando la adaptación definitiva de esta gran novela, porque esta no lo fue, ya que parece haberle quedado grande el proyecto a una directora que funciona mejor en otros géneros, pero que tampoco es un desperdicio total. Vayan a verla; esta es una de esas ocasiones divisorias en que cada uno debe tomar su propio partido.

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