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La gran ciudad. ¿Quién no ha querido cumplir allá sus sueños? Prácticamente cualquier proyecto, idea o trabajo, podría tener un mayor éxito en la Ciudad de México. Eso lo hemos pensado muchos.

He visto a muchos de mis amigos emigrar a la capital y también a mis ex alumnos. He sabido de los que se han enamorado de esa urbe y nunca piensan volver. He visto visto a los que se mueren de nostalgia y están con un pie allá y con otro aquí.

Las imágenes posteriores al sismo del pasado 19 de septiembre nos han conmovido a todos en el interior de la república, porque hemos conocido algunas de las calles y lugares emblemáticos de la ciudad, porque hemos estado ahí, porque es nuestro país a fin de cuentas.

Una reflexión me vino en estos días de inmensa fraternidad: ¿Cuándo dejará de mudarse tanta gente a la CDMX? He escuchado y visto en las noticias cómo se le pide a las personas ayudar pero no estorbar, si no tienen a que salir mejor quedarse en casa, despejar las calles, dejar que los autos transiten, ya no llevar alimentos a donde no se necesita. Dejar que la energía fluya para lo más indispensable.

No puedo evitar pensar en las calles anchas de Torreón, en nuestros edificios con lugar disponible, nuestra amplitud de suelo, nuestra capacidad de hospitalidad. Dan ganas de llamar a muchos defeños y decirles: vengan a Torreón. Tenemos espacio, casas medianas, grandes, cuartos sin habitar, tenemos a Gómez cerquita y a Lerdo con su aire de Coyoacán también.

Tenemos nuestro Distrito Colón (o Distrito Hípster) con diversión nocturna por si los chilangos extrañan la Condesa, tenemos aun dos mercados populares (Juárez y Alianza), fondas y lugares con mucha calidez. Podemos recibirlos con los brazos abiertos.

Y más allá de esas ganas de recibir, de abrazar, de dar, se cuela otra reflexión. Y es que es algo serio: vivimos en un país aún muy centralizado, la gente seguirá abarrotando los depas del D.F. porque allá hay centros de estudio más calificados, trabajos con mejores expectativas, áreas de oportunidad, de crecer y de conocer a gente de tu medio, que te pueda llenar de grandes experiencias.

Es cierto que la densidad poblacional no tiene que ver con la posibilidad de que ocurra un sismo u otro fenómeno natural. Pero las consecuencias sí son más impactantes.

Necesitamos aldeas como la de la CDMX en muchas partes, necesitamos metrópolis más competitivas, con mayores oportunidades para atraer el crecimiento y tener un país más equilibrado. Necesitamos que los laguneros no se tengan que ir siempre, o que se vayan pero puedan volver, porque aquí hay espacio, trabajo y crecimiento también.

Por ahora, podemos decir: capitalinos, desde Torreón los abrazamos y si quieren los esperamos. Tal vez tenemos más polvo y desierto que atractivos, pero tenemos mucho corazón que dar y un futuro prometedor.