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Los amigos

Hace un par de meses hubiera escrito que la vida estaba siendo injusta conmigo, que ya no soportaba muchas cosas y que estaba a punto de aventar la toalla. No por algo en particular, sino porque de pronto se acumulan las cuestiones personales, espirituales y laborales. 

Me tiré al drama, pedí ayuda, leí de todo, platiqué con mucha gente y no veía claro. Incluso tuve algunos ataques de ansiedad que creo, son parte de la crisis rumbo a los cuarenta pero en realidad creo que son momentos en que no sabes para dónde vas.
 
Sin embargo, decidí volver al camino; andaba distraída y pensativa, pero hoy supe que no quería seguir inmersa en esa tristeza. 
Este mes cumplí tres años en Saltillo. Muchas experiencias buenas y muchos aprendizajes que no cabrían en una columna.  Pero de lo que sí quiero escribir, es de los amigos, esos pilares que me sostienen junto a mi familia cuando las cosas se ponen difíciles.
 
Desde luego que conforme uno madura, las prioridades, lo pensamientos, las acciones van cambiando. Y si el mundo se mueve, nosotros también lo hacemos. 
Cambian nuestras percepciones, los acontecimientos van forjando nuestro carácter y nos van mostrando quiénes somos.
Hay muchas personas que se han decidido bajar del barco, otras que no toleraron algún mal comentario mío hecho sin intención o con intención y prefirieron alejarse antes que hablarlo, y otros con los que ya no encajé.  
 
Es natural y quienes vivimos fuera del hogar, sabemos que así es y estamos conscientes de que eso puede pasar.
Yo me siento muy afortunada de tener a mis amigos cerca. Me siento afortunada cuando a pesar de la distancia escucho en el teléfono: "hola guerita como tás" y mi corazón se llena de alegría, o cuando aquel amigo está pendiente de mi en el Whatsapp a diario aunque sea para hacerme renegar. Son quince años de amistad.
 
O cando aquellas amigas de la CDMX, Querétaro, Monterrey y Atlanta, que pasan por un mal momento en su vida pero se toman el tiempo para saber cómo estoy. O aquella mamá de uno de mis mejores amigos me dice que me extrañó en el cumple de su hijo y que me quiere mucho.
O aquella hermana del corazón que todos los días habla conmigo aunqe sea nomás para darme los buenos días y decirme que, como siempre, va tarde al trabajo.
 
O mi buena amiga que me invita siempre a participar a sus proyectos editoriales y aunque me tardo mucho, como sucedió ahora, sé que está ahi y la amistad está intacta. 
O aquel amigo del amigo que me llama para decirme que algún dia volverá a Torreón porque allá están los amigos,  a lo que le digo que definitivamente allá nos encontraremos de nuevo.
 
O aquel cómplice de vida que hablamos poco pero no hay día en que no me de los buenos días y me diga qe soy la españolita más bonita. Así como mi amigo cinéfilo que también me da los buenos días, buenas tardes y noches, aunque yo esté insoportable.
O aquella amiga que tiene los achaques por su embarazo pero sigue preocupándose así como lo hacía desde la universidad. El espacio que tengo es poco para toda la gratitud que tengo con ellos.
 
Hay amigos de pocas palabras pero de gran corazón. Uno de ellos, de los más importantes, se me fue de la ciudad y mi tristeza fue tanta, que tuve la peor de las gripas en lo que llevo en Saltillo. Entendí que su amistad era más importante de lo que creía y se que cuando yo caiga, él estará ahí..
 
En Saltillo he hecho pocas amistades, pero las suficientes como para sentirme acompañada. La mayoría son foráneos, de Veracruz, de Monclova pero también de aquí mismo. 
He aprendido que las acciones importan más que las palabras bonitas, podremos no estar de acuerdo en muchos temas, pero como lo dije antes, si algún día pasa algo, estaremos allí. 
 
Eso me ha hecho replantear y cambiar viejas definiciones de amistad. Me ha hecho valorar a los que siguen conmigo a pesar de la distancia, de los cambios, de las crisis que tiene cada quien, de las ocupaciones en que estamos inmersos..
Pero nunca es tarde para decirles, lo mucho que estoy agradecida con ustedes, lo importante que son para mi, y que hay que continuar en este viaje lleno de aventuras donde hay de todo, pero mientras haya vida, hay que seguir caminando.