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La mejor manera de desintoxicarse es viajar.

La carretera 45 siempre me trae recuerdos de viajes anteriores por Durango, Zacatecas, Aguascalientes, Guanajuato, Jalisco, etc.

Las personas solemos olvidar el significado de los números y de los símbolos en nuestras vidas. Pero por fortuna nuestras rutinas suelen darnos un tiempo libre y es cuando esos recuerdos vuelven a nuestra vida, pasan por nuestro presente campantes y seguros para demostrarnos nuestra poca capacidad de asombro y nuestra fuerte tendencia al olvido.

Los viajes, por cortos que sean, dan tiempo para pensar. Le damos permiso al recuerdo, a la imaginación, el descanso pone a trabajar otras áreas de nuestro cerebro, nos permite sentir diferente, saborear distinto, dormir de otra forma y abrir los sentidos a nuevos colores, nuevas formas, aunque sean siempre similares a las de todos los días.

Por estos días siempre suelo pasar por una especie de temor. Que la vuelta a la rutina me abrume de nuevo, me otorgue otra vez el gris de la carretera, el tedio de la oficina, el espacio tan diminuto y sin personalidad que tenemos para comer, las sonrisas a medias que muchas personas sin culpa alguna nos otorgan. Porque claro, siempre tendrán algo mejor en que pensar. 

Uno siempre añora la complicidad de compartir con un ser querido el desayuno, observar las plantas del hogar mientras tomamos café. Por la tarde compartir con alguien la comida. Las oficinas no dan tiempo de esto, las relaciones secundarias e institucionales nos han robado nuestro tiempo más íntimo. Nuestros placeres.

Por ahora pienso recordar más la carretera 45, me da la impresión de que es bastante llana, de pocas curvas, de pocos cambios. Pero eso sólo en algunos estados que cruza por todo el centro y norte de México. Sin embargo su amplitud me hace sentir acompañada, me devuelve a la seguridad del hogar y me promete muchos destinos.

Es cierto que nunca estamos conforme con lo que nos ocurre. Porque muchos preferirán recorrer otras carreteras, tomar un crucero, un transatlántico. Pero al menos a mi, la carretera 45 me habla de la proximidad terrenal. De que algo tenemos que ver las personas de uno y otro estado. Y que muchas veces sólo es cuestión de recorrer unos kilómetros para que el paisaje se transforme.

Conviene viajar más a menudo no sólo por las carreteras o por la altura. Conviene viajar entre semana por los libros, por una nueva película, saliendo a tomar café. Porque el gris de las oficinas nunca desaparecerá.