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Quitzé Fernádez, periodista y escritor lagunero, ha dado luz al libro La mujer que encontró dinosaurios en su casa, una gran narración periodística sobre mujeres y hombres que han encontrado y descubierto restos de dinosaurios en Coahuila movidos por la curiosidad y la aventura. El libro, con ilustraciones de Daniel Galindo ya está a la venta por Editorial Chamuco.

En entrevista, Quitzé platicó a La Vereda el origen de esta publicación cuyo texto fue merecedor del Premio Nacional de Periodismo Científico del CONACYT.

¿Cuál es el tema central del libro?

Es lo fortuito y la tenacidad de hombres y mujeres que han aportado conocimiento a la historia de la ciencia a través de descubrimientos de restos fósiles del periodo cretácico. Lo fortuito porque algunos sin quererlo, o saberlo, encontraron restos en las circunstancias menos pensadas: en su casa, caminando por el desierto, en una expedición improvisada. La tenacidad de otros que por alguna circunstancia de su vida, decidieron buscar y buscar, acumulando horas de sol en despoblado, en soledad. Además, el tema me maravilló desde que escuché que había dinosaurios debajo de la tierra.

¿Se trata de un trabajo de periodismo científico, o combina realidad con fantasía?

En una primera versión, el texto ganó el Premio Nacional de Periodismo Científico del CONACYT, pero sinceramente no sabía siquiera que existía ese premio y nunca he reporteado por ganar premios. Sólo escribo lo que me gusta porque me parece una de las formas más simples de la libertad, el hecho de que puedas recrear escenas apoyado de un “lápiz y papel”. Yo era reportero y editor general de El Guardián, periódico policiaco de Vanguardia, y desde varios años atrás me ponía como objetivo escribir dos o tres textos de largo aliento que escaparan de lo cotidiano que se ha vuelto la violencia que vivimos en México, pensaba (y pienso) que era una válvula de escape para mi, para descansar, para decirle a los dos o tres lectores: No todo es violencia, hay un mundo distinto dentro de cada persona. en la misma sociedad. Y cuando Kowanin Silva, editora y amiga, me contó que había una mujer que tenía un dinosaurio en su casa y quería venderlo, la historia me maravilló.

Finalmente escribí y gané el premio, pero seguían contándome historias…Ya con un material terminado, marqué a Patricio (monero), buen amigo y socio de El Chamuco para proponerle el libro, llegamos a un acuerdo y ahí está el libro, el cual es pura realidad, pura narración periodística, pero a veces parece fantasía por lo maravilloso del tema, de los diálogos, de las escenas y las circunstancias. Imagina que un día te diga: “Ahorita vengo, voy a buscar un dinosaurio”.

¿Cómo surgió tu inquietud por tocar este tema?

Surgió por lo maravilloso. A cuántos de nosotros de niños (y adultos) no nos impresionó un dinosaurio. La sola palabra es fantástica, es casi como un Ángel una Hada o un Duende, pero a los dinosaurios los podemos ver, saber qué existieron, entender qué fueron, qué comían. Son un Algo, un reptil fantástico.

Eso fue lo primero, lo segundo fue hacer un homenaje a aquellos que han trabajado para poder tener una idea de cómo fueron estos reptiles.

¿Cuánto tiempo te llevó la investigación?

No lo sé, en el periodo de investigación hubo pausas y dudas. Tal vez un año de investigación y un par de meses intercalados de escritura. A veces pienso que soy irresponsable al investigar o escribir, pero si no fuera irresponsable no publicaría nada.

A este trabajo, sumé a Daniel Galindo, buen amigo, para que ilustrara mis textos y cuyo arte de portada es él, me parece una persona que ve el mundo con los mismos ojos con los que yo lo veo.

¿Hacia quien va dirigida su lectura?

Va dirigido a personas que aún sueñan mundos mejores, que ven mares y playas donde ahora hay un desierto y cuando suben a las montañas lo pueden imaginar.