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O de cómo hay Porkys en todos lados

A principios de los noventa apareció una serie para jóvenes que fue pionera en tocar temas reales de los cuales no se hablaba en televisión: Beverly Hills 90210 contaba la historia de un grupo de adolescentes millonarios que dado el status socio económico de sus padres y por vivir precisamente en ese glamuroso código postal californiano, crecieron en admirable opulencia material, pero casi en el total abandono afectivo familiar. Situaciones como el suicidio, drogadicción, aborto y soledad adolescente fueron tratados por vez primera en la televisión, situándola en uno de los programas con más audiencia en la historia. 

El show tuvo tras su desaparición sus no deseados hijos, con menos fortuna y calidad, aunque quizá con la misma o hasta mayor fama: Dawson´s Creek y The OC, que se dirigieron a nuevas generaciones, imitando el contenido crítico-social, pero sin el impacto primario que provocó Beverly Hills en un público acostumbrado en ese momento a ver sólo comedias de situación, series policiacas, de hospital, westerns o de políticos.

Si en 2016 Netflix conmovió a los treintones con una maravillosa nostalgia al realizar la conmemorativa Stranger Things, este año vuelve a posicionar en boca de la mayoría de su clientela un polémico, inteligente y atrevido producto juvenil, la historia de una bella chica preparatoriana que, víctima del constante bulling y de violencia física-verbal, decide quitarse la vida. El excelente título13 Reasons Why nos narra en voz de la suicida, paso a paso, las trece razones, situaciones o personajes que la llevaron a tomar tan dolorosa decisión.

Hay quienes opinan, quizá con razón, que Hannah Baker, personaje principal de la serie, exageró en las causas para quitarse la vida. Los guionistas previeron esto, pues constantemente se reitera y acusa en los diálogos a Hannah de dramatizar todo, de engrandecer su dolor y en una búsqueda constante de llamar la atención. Pero, en una segunda lectura, ¿no es el joven suicida una persona que ha perdido la dimensión real de las cosas, hundido en medio de su desesperación y de su dolor y ciertamente vive y siente con mucha mayor intensidad las cosas que le afectan? El joven suicida no busca ser lógico ni coherente, sino ser escuchado, aceptado y sobretodo, dejar de ser herido.

Vivimos en tiempos de increíble violencia cibernética. La serie no explota este aspecto, creo que hubiera sido muy complicado, pero como la realidad siempre (pero siempre) rebasa la ficción, basta con revisar algunas noticias de fecha cercana y no será difícil encontrar múltiples jóvenes que se han quitado la vida tras sufrir un incesante acoso cibernético. 13 Reasons Why trata de matizar una de tantas historias sin la terrible fuerza de las redes sociales, casi como, valga tan terrible expresión, un “bulling a la antigüita”.     

Pero es que con un “ligero bulling” se puede desencadenar una tragedia, como es el caso: es primerio una devaluación verbal hacia una determinada persona, realizada por toda una comunidad, en este caso estudiantil. Si se devalúa constantemente a alguien, se le insulta, difama, se le hace burla de su cuerpo, su sexualidad y se ataca su “reputación” (tan importante en época preparatoriana y tan banal en edad adulta), los mismos agresores aprenderán a no respetar más y en nada a la víctima y del insulto verbal será fácil pasar a la agresión física y después a la depredación total, que puede ser la violación o el asesinato.

De modo que Hannah Baker nos cuenta cómo el dolor se le fue acumulando. Su muerte no fue porque se rieran de ella por una comprometedora foto suya que circuló por la preparatoria, ese fue apenas el inicio para sentirse erróneamente devaluada como mujer y para que la comunidad le perdiera el respeto y permitir a la larga esa violación que fue, en palabras de ella, “el acto que rompió mi alma”.

Aunque parece que la serie trata sobre las 13 razones que llevaron al suicido a Hannah Baker, creo más bien que trata sobre su compañero Clay Jensen y su experiencia al escuchar las cintas póstumas que dejó su amiga. El impacto y repercusión que la historia tiene en él y cómo en definitiva la narración lo va seriamente transformando: de ser un flacucho tímido geek, a un valiente confrontador de los victimarios y un incesante buscador de la verdad, que a toda costa busca ser escondida.

La serie también critica directamente a las instituciones educativas. La preparatoria de Hannah, lejos de intentar castigar a los responsables y asumir su grado de omisión que en definitiva sí tuvo en la tragedia, intenta a toda costa esconder evidencia y que poco o nada se hable del tema entre su comunidad. Incluso cuando Hannah busca desesperada ayuda con el “consejero”, dando claras pautas de que su tristeza la sobrepasa por haber sido víctima de una violación, el directivo le aconseja no buscar justicia, darle vuelta a la hoja y seguir adelante. Bonita ayuda. Ese día Hannah se quita la vida y la serie termina con la inminente muerte de otro estudiante, porque por supuesto, ante tan monumental tragedia nadie aprendió nada y lejos de intentar salvar a otros posibles estudiantes deprimidos, esta serie nos demuestra algo mucho más poderoso: el egoísmo y cómo cada quién intenta salvarse a sí mismo.

 El personaje de Marcus, por ejemplo, prefiere reiterar la injusticia, inculpar inocentes, que haya incluso más muertes, de ser necesario, antes que perder su intachable reputación como presidente de la junta estudiantil. Con ese personaje se resume la actitud de los otros integrantes de la trama y explica el por qué de la terrible soledad y desesperación que seguramente experimentó la bella Hannah Baker.   

Twitter:@AlexRodriguezSa