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La primera parte de la séptima temporada del serial terminó el lunes 12 de diciembre en sus transmisiones de Latinoamérica. Aunque para muchos fanáticos y parte de la audiencia la serie terminó desde la quinta o sexta emisión.

Luego de bajar de la cúspide en el último renacimiento de las series de televisión, The Walking Dead se mantiene como favorito a un lado de la eterna favorecida por la crítica y la audiencia Games of Thrones. Ambos seriales comparten una temática sobre la violencia bastante libre y desenfrenada, sin embargo, el ritmo frenético que TWD condujo durante su quinta temporada se fue disminuyendo poco a poco hasta convertirse en un tierno melodrama con algunos muertos vivientes y otros asesinatos perfectamente orquestados para televisión.

Luego de una inspección en los foros de opinión que la serie guarda en su portal de imdb, la atención y la apreciación que antes se le tenía a la serie se ha ido perdiendo hasta ser el típico pasatiempo de un domingo o un lunes por la noche. Nada parece estar sucediendo.

A diferencia de su material original, la novela gráfica editada por Image Comics y escrita por Robert Kirkman pretende crear un impacto visceral a través de sus páginas en blanco y negro, temas como el abandono, el suicidio y el infanticidio son elementos no incluidos en televisión, aunque en esta misma producción se revalorizó el contenido para ajustarse a nuestra actualidad como una sociedad en declive.  

El uso excesivo de armas y el inherente placer de posesión territorial son las métricas con las que se rigen la mayoría de sus personajes. Temáticas como la ciencia ficción o hasta dudas sobre la enfermedad que afecta a los seres humanos han pasado a un segundo plano. A veces es difícil recordar la razón por la que los personajes ahora deambulan o se agrupan en pequeñas civilizaciones para sobrevivir.

Para Andrew Lincoln, el británico que interpreta a Rick Grimes, la segunda parte de la quinta temporada fue como un nuevo piloto de la serie. Después de ella la dinámica entre personajes mutó a convertirse en una trama similar a las películas del viejo oeste. El sheriff, abandonado por la práctica de la ley y trastornado por un sinfín de tragedias, hará todo lo posible por mantener a salvo a los menos capaces de sobrevivir. No hay lugar para los débiles.

De igual forma, la violencia desmedida y las injusticias producidas por el bando rival serán los próximos atractivos que mantendrá con vida a la serie que en un inicio trató sobre una epidemia de muertos vivientes. Poco a poco, como sucedió en Breaking Bad, el protagonista mitigará una serie de problemáticas que pondrán en duda la sanidad mental mostrada en sus acciones.

El atractivo reside ahí: observar a una sociedad que toma las armas y reacciona de la manera violenta que nuestra naturaleza animal llama a través de todo tipo de canales.

Tal vez cuando la serie se deshaga de los capítulos de relleno y los rastros de melodrama que muestra en ocasiones, nos encontremos no con una simple serie de televisión sino ante un mero estudio de conducta humana. Una visión fatalista de nuestro propio futuro.