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La feligresía de Star Wars celebra: Luke Skywalker está de regreso y lo hace en plan grande.

El mítico personaje interpretado por Mark Hamill, tan anheladamente esperado, se convierte en el vórtice de Star Wars: Los últimos Jedi (Star Wars: The last Jedi, 2017), en el que la franquicia tiene un evidente propósito de jubilar a los viejos héroes. A la pantalla llega una nueva generación de valientes jóvenes, que crecerán junto con nuevos fans de la inagotable y exitosísima serie, que se ha prolongado ya, a lo largo de cuatro décadas.

Disney, dueño de la marca, envía un mensaje claro: aún hay vida después de los Jedi. Los seguidores veteranos, que crecieron con el génesis del universo creado por George Lucas, están condenados a quedarse sólo con su nostalgia, o a adoptar a los nuevos chicos, que son muy atractivos para el público renovado.

Este Episodio VIII, escrito y dirigido por Rian Johnson, retoma el conflicto básico presentado de inicio, donde el bien enfrentaba al mal, con una fuerza de rebeldes entrando conflicto con fuerzas tiranas, que querían someter a la Galaxia.

La presente aventura muestra a los guerreros subversivos tratando de escapar de un mortal asedio de las fuerzas los opresores de la Primera Orden. Finn y Rose (John Boyega y Kelly Marie Tran) buscan infiltrarse en la flota enemiga para desactivar el dispositivo a través del cual pueden darles alcance.

Paralelamente, Rey (Daisy Ridley) está en una isla con el ermitaño Luke, el último Jedi, preparándose para darle continuidad a la orden ya prácticamente extinta. Ella sabe que el venerado maestro es el único poder para disponible para ayudarlos a derrotar al colosal oponente.

Pero aquí nada es lo que parece. Con un astuto manejo del guión, la historia cambia repentinamente de dirección y los propósitos iniciales, y las mismas intenciones se van reencausando, para presentar gratísimos sobresaltos, que alcanzan algunos de los mejores momentos de la serie.

Se rescata el sabor místico de los caballeros Jedi, que tanto han disfrutado los acólitos de SW. Aunque se hace referencia puntual a la Fuerza y se le involucra como una motivación espiritual indispensable en el drama, Luke es presentado como un personaje bastante mortal. Está desilusionado, deprimido y decadente, con una barba que lo muestra físicamente deteriorado. Vive en soledad, consumido por los remordimientos. Alguna vez pudo acabar con Darth Vader, pero falló y las consecuencias fueron terribles.

El tercer acto tiene pasajes sublimes, con electrizantes confrontaciones cuerpo a cuerpo, en momentos de desesperación. El comando rebelde está a punto de sucumbir, mientras los intrépidos combatientes descargan mandobles para mantener viva la esperanza de su universo.

Por ahí la idolatrada Leia, avejentada y convertida en vigorosa generala de la Resistencia, tiene un papel importante y mucha participación, para regocijo de los fundamentalistas de la saga.

Star Wars: Los últimos Jedi es una fuerte prolongación de la leyenda sobre un conjunto de corazones abnegados, que en una Galaxia muy, muy lejana, lleva décadas luchando contra la opresión y la dictadura.

Es acción y ciencia ficción de primer nivel.