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La estafa de los Logan (Logan Lucky, 2017) es como Ocean’s Eleven, pero sin galanes.

En su regreso a la dirección, luego de cuatro años de ausencia, Steven Soderbergh enseña el pleno dominio del oficio, como uno de los grandes autores cinematográficos contemporáneos. Aunque, en esta ocasión,  apunta de nuevo hacia el tema del gran asalto que ya había presentado con mucho éxito, con el mismo formato narrativo y hasta con peripecias idénticas, en la saga cómica de mafiosos Ocean’s Eleven encabezados por George Cloney y acompañado por Brad Pitt, Matt Damon, Andy García, Casey Affleck y Julia Roberts.

No hay caras bonitas en esta nueva estafa, aunque sí sólidos actores. Chaning Tatum, habitual presencia ornamental, ahora luce calculadamente pasado de peso y desaliñado, para representar a Jimmy, uno de los Logan perdedores que, junto con su hermano Clyde (Adam Driver), planea un gran asalto a la taquilla mientras se celebra una de las mayores carreras de autos en el mundo. Son auxiliados por el demoledor Joe Bang (Daniel Criag) quien, por la magia de la ficción podrá ayudarlos mientras se encuentra cumpliendo condena en prisión.

La pareja de Logans funciona muy bien como tontos socios en el crimen, en una anécdota extremadamente sencilla. No hay complicaciones mayores y las piezas embonan perfectamente porque con Soderbergh, el destino siempre está del lado de los pillos. Los personajes coloridos y patéticos, como despojos urbanos, un día deciden que van a emprender el gran golpe de sus vidas y lo hacen con un esquema criminal tan espectacular como increíble. Estos tipos realmente van a forrarse de dólares de una manera impensablemente sencilla, para los complejos estándares del submundo del hampa.

Pero no importa que la anécdota deje montones de cabos sueltos. Ahí está la mano maestra de Soderbergh para recoger el tiradero. Más de la mitad de la película transcurre en diálogos y planeación, pero la sola presentación de los personajes es una delicia, por sus estilos de vida tan básicos, sus problemas tan ordinarios y sus patéticas existencias, saturadas por complicaciones cotidianas.

Al final queda la sensación de que ocurrieron muy pocas situaciones, en la aventura de los Logan y la pandilla white trash de perdedores. Pero vale la pena observarlos moviéndose seguros en su pequeño mundo, del que saben que emergerán victoriosos… pero sólo si una aguda agente del FBI no se interpone en su camino.

La Estafa de los Logan es una buena cinta, hecha por un estilista del entretenimiento.