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RESEÑA

En un futuro relativamente cercano, la humanidad necesitará otros destinos para sobrevivir. Con todos los avances tecnológicos, que permiten el desplazamiento de colonias enteras en distancias interestelares, los científicos pueden elegir, de entre toda la galaxia, el planeta perfecto donde puede continuar la vida.

Cuando se hacen cálculos perfectos, la única falla posible radica en el factor humano. Y ocurre.

Alien: Covenant (Alien: Covenant, 2017), la sexta entrega de la franquicia fundada a partir de las creaturas indestructibles creadas por Dan O’Bannon es una digna continuación de la terrorífica aventura del espacio iniciada en 1979. Con la dirección del maestro Ridley Scott, que capitanea esta precuela, que es, a su vez, continuación de Prometeo (Prometheus, 2012), el nuevo episodio confirma que toda la saga está cimentada en decisiones tontas de los viajeros imprudentes e irresponsables.

La acción está un siglo adelante de la era presente. Un crucero que lleva a un nuevo planeta a miles de personas encapsuladas y atrapadas en el hiper sueño, es conducido por una decena de tripulantes, que son comandados por un titubeante e inseguro líder.

En el trayecto que dura años, encuentran el que puede ser un mundo paradisíaco. Si desembarcan ahí pueden evitar el fastidio de viajar mucho tiempo, hasta encontrar la tierra prometida.

Como es de esperarse, la tragedia se cierne sobre la improvisación.

Scott, como estandarte de la franquicia, se apega fielmente al universo Alien, en una atmósfera de ciencia ficción de finísima hechura, dentro de un escenario irresistiblemente misterioso, enigmático y asombroso. Aunque el formato narrativo es el mismo, con las persecuciones ya conocidas, prevalece la noción constante del horror.

Las locaciones nórdicas de Nueva Zelanda son perfectas para representar el territorio idealizado por el líder de la nave Covenant (Billy Crudup), un espacio donde puede renacer la raza, en un ambiente de naturaleza especial para el amor. Es en ese lugar, aparentemente inhabitado donde, insospechadamente, surge el horror.

Paradójicamente, son los seres humanos los invasores. Los extraños depredadores son los agredidos. La xenofobia, el extranjerismo, el miedo a los desconocidos, establecen, de inmediato, un intercambio de mensajes hostiles que provocan espantosas bajas en los dos bandos.

Al ser humano le resta emprender la retirada. Pero lo interesante es encontrar la salida, ante el agobio de los seres inexorables.

Junto con las magníficas secuencias de acción, Scott consigue hacer un trabajo histriónico de primer nivel. Una vez más, la mujer toma el mando. La herencia de Ripley (Sigourney Weaver), pasó a Elizabeth Shaw (Noomi Rapace), quien ahora entrega el poder y las armas a Daniels (Katherine Waterston), una especie de nueva Demi Moore en su modelo de chica de acción, bella y temeraria.

Demian Bichir aparece en un significativo papel, como un militar valeroso que le da un toque de diversidad y colorido a la historia.

Sin embargo, el show es, por completo, de Michael Fassbender. Con el doble personaje de los androides gemelos, David y Walter, proporciona las mejores escenas, con bellísimas líneas sobre la filosofía del ser. Los robots tienen características completamente opuestas. Aunque son hechos para el servicio y la perfección, sus personalidades toman vertientes diferentes. Uno es generoso, noble y protector, y el otro, soberbio, reflexivo y hasta cruel, más cerca a la naturaleza humana.

Alien: Covenant es una ingeniosa mezcla de ciencia, aventura, terror y drama en el insondable espacio exterior. En sus episodios 3 y 4 los creadores le habían perdido respeto a la franquicia. Afortunadamente Ridley Scott ya regresó a poner orden.