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RESEÑA

Un jefe en pañales (The Boss Baby, 2017) podría pasar como otra aventura sobre la vida secreta de los bebés. Sin embargo, la nueva producción de DreamWorks es una inteligente y abstracta representación del poder que ejercen los recién nacidos sobre toda la creación.

La condición humana, que hace que los hijos, al nacer, sean totalmente dependientes, genera una atadura tan estrecha con los papás, que puede ser tan gozosa como sufrida, tierna y cruel. Cuando llegan al mundo, los chicos se convierten, sin saberlo, en el centro del universo. ¿Qué pasaría si un bebé sabe el dominio que ejerce sobre sus progenitores?

El director Tom McGrath, basado en la novela de Marla Frazee, crea una colorida odisea de niños que viven en un mundo secreto, desconocido para los mayores, en los que tienen sus propias reglas, tan solemnes como las leyes que rigen la sociedad.

La casa productora de Steve Spielberg, opta, una vez más, por crear su propio modelo de animación y lo hace con una acertada representación gráfica de un mundo perfecto de los adultos, mezclándolo con la mirada a ras de piso, lleno de detalles inadvertidos, que tienen los bebés.

El relato es extenuante. Llena de movimiento, de inicio, muestra el mundo perfecto en el que vive el pequeño Tim. La típica familia estadounidense crea un edén de amor, en un entorno de consumo y confort, en el que los padres profesionistas arropan de afecto a su pequeño.

Ocupado únicamente en ser querido, emplea su tiempo en ensoñar, vivir aventuras, cultivar el delicioso sabor de la vida. Hasta que en su vida aparece un extraño bebé, que viste traje con corbata y carga un portafolio. Su aspecto inquietante es el de un gánster. El niño es extremadamente necio y demandante, y provoca un agotamiento extremo a los papás. Pero sólo el hermano mayor sabe que se comporta como un señor y que habla, y que le hace la vida imposible.

A diferencia de todos que ven en el chiquitín un bebé adorable, Tim sabe que nació con mentalidad de adulto, nunca tuvo infancia y que tiene un una insospechada labor encomendada por fuerzas desconocidas.

En sus manos pequeñas manos se encuentra el futuro de la humanidad.

Divertida por completo para el público adulto, y en ocasiones de humor inaccesible para los niños, Un jefe en pañales presenta un divertido duelo del bebé vándalo y abusivo con un niño tierno de 7 años que, sin embargo, aprende a lidiar con las artimañas de su hermanito, hasta que consigue mimetizarse en su triquiñuelas.

El arco de los personajes, perfecto, desdibuja las diferencias y acerca a los rivales. Con agudos apuntes verbales la historia muestra un mundo terrenal regido por el afecto y la buena voluntad. Pero también exhibe una supraindustria, ubicada en algún lugar del Cielo, del cual vienen los bebés. No hay cigüeñas. La burocracia para los alumbramientos es presentada con un funcionamiento novedoso, aunque mecanizada y eficiente.

McGrath elude la trama de un chiste largo y se esfuerza por dar progresión al drama. Aunque la atención se concentra en las travesuras que puede hacer un bebé que es, en secreto, un hombre de espíritu viejo, hace que todos se involucren en una odisea, para resolver un propósito más elevado aún, que la simple disputa de dos hermanos que se repelen.

Un jefe en pañales es una divertida comedia para chicos y grandes.