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Con ocho obras dancísticas profundamente emotivas, se llevó a cabo el  2 Concurso de Coreografía Contemporánea “Intramuros”, organizado por la Escuela Municipal de Danza Contemporánea (Esdacont) el día de ayer en el Museo Arocena. Los jóvenes estudiantes de la licenciatura en danza, vivieron el reto de llenar el espacio en blanco y de presentar una propuesta escénica demostrando que es mucho lo que se puede decir a través del discurso corporal.

En tiempos en que el presupuesto nunca es suficiente para la cultura y en donde siempre hay vacíos en la difusión de las artes, es un aliciente ver que la creación coreográfica está siendo impulsada por la Esdacont y por el director de la Comañía Mezquite danza contemporánea, Jaime Hinojosa; quien no ha dejado de promover este tipo de encuentros y festivales desde hace varios años.

Anteriormente la compañía Mezquite organizó los Concursos de Coreografía Contemporánea del Noreste, con eliminatorias y finales que viven en la memoria de muchos asiduos a la danza.  Desde el año pasado, este concurso es interno en la escuela de danza, pero deja un buen sabor de boca en todos los asistentes y es de agradecer la permanencia de esta iniciativa. La Laguna podría seguir siendo sede un concurso regional o estatal, las condiciones sí están dadas.

El jurado calificador de “Intramuros” este 2017, estuvo conformado por la directora del Teatro Isauro Martínez, Claudia Maynez; el director de difusión cultural de la UA de C, Juan Noé Fernández y el director de la compañía teatral Hoja en Blanco, Uriel Rangel.

Ellos otorgaron el premio como mejor ejecución masculina a Gustavo García y por ejecución femenina a Victoria Pérez. La mención honorífica fue para la coreografía  de Gilberto Acevedo (Entre plumas), el segundo lugar para la coreografía de Christian Torres (Recuerdos) y el primer lugar para la obra de Victoria Pérez (Suspiros).

Los demás coreógrafos participantes fueron: Ariadna Cigarroa (Tregua), Mariel Soto (Refugio 3), Anahí Galarza (Algarabía), Karen Meza (Los placeres de verano) y Francisco Montoya (Prostimería).

Las creaciones de los participantes este año se distinguieron, en la mayoría de los casos, por un trazo escénico definido y por saber contar una historia, por interpretaciones donde predominó la expresividad. En sí, los jóvenes demostraron estar conectados con sus emociones y con un discurso ligado a los sentimientos  como los recuerdos, los suspiros, la pérdida o la cercanía.