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El emérito director musical del MET de Nueva York, James Levine, dirige la producción de la pieza maestra de Mozart, que será proyectada en pantalla de alta definición este sábado 14 de octubre a las 12:00 horas en el Teatro Isauro Martínez. Habrá una charla previa a las 11:00 horas con Miguel Ángel García.
 
La flauta mágica —un sublime cuento de hadas que se mueve entre la comedia y el noble misticismo—fue escrita para un teatro ubicado a las afueras de Viena con la clara intención de llamar la atención de cualquier persona. La historia es contada en formato Singspiel, caracterizado por separar los números musicales conectados por diálogos y escenificando una actividad, una excelente estructura para navegar entre diversos humores, yendo de lo solemne a lo alegre de la historia y partitura. El compositor y el libretista eran masones—la orden fraternal, quienes miembros, mantenían y compartían la moral y los ideales metafísicos— y la imaginería masona es usada en todo el trabajo. La historia, sin embargo, es universal como cualquier cuento de hadas.
 
Wolfgang Amadeus Mozart (1756–1791) murió prematuramente tres meses después de la premier de La flauta mágica. Fue su último trabajo producido para un escenario. (La Ópera Imperial La Clemenza di Tito tuvo su premier tres semanas después de La flauta mágica, el 6 de septiembre de 1791, aunque su partitura fue completada después.) El extraordinario Emanuel Schikaneder (1751–1812) fue un actor, cantante, administrador de teatro, y amigo de Mozart. El sugirió la idea de La flauta mágica, escribió el libreto, escenificó el trabajo, cantó en el papel de Papageno en la primera presentación e incluso reclutó a sus tres hijos pequeños a formar parte del personal.

La flauta mágica fue escrita pensando en una audiencia general, pero la variedad de tonos requiere cantantes que puedan especializarse en diferentes géneros musicales. Lo cómico y lo natural están representados por el barítono, Papageno, mientras que el amor verdadero en su forma más noble lo transmite el tenor, Tamino, y la soprano, Pamina. El bajo, Sarastro, expresa la solemnidad y el trascendentalismo. El uso del coro es prescindible pero magníficamente hermoso y los fuegos artificiales los proporciona la coloratura de la Reina de la Noche.

Costo: $150.